Una investigación del diario ‘The New York Times’ ha sacudido los cimientos de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) al revelar que el organismo asumió el pago de ‘impuestos cubiertos’ millonarios para su presidente, Gianni Infantino, en territorio estadounidense. Esta medida se concretó después de que el máximo dirigente del fútbol mundial fijara su residencia en Estados Unidos para supervisar los preparativos del Mundial 2026, tras su partida de Suiza. La controvertida autorización fue emitida en mayo de 2024 por el comité encargado de definir los ingresos de la cúpula ejecutiva, durante una reunión oficial celebrada en Bangkok, lo que levanta serios interrogantes sobre la transparencia y la gobernanza interna de la institución.
El arreglo fiscal, que según las fuentes consultadas por el rotativo, representará un desembolso estimado de 4 millones de dólares para la FIFA durante un periodo de tres años, se suma a la ya considerable remuneración anual de Infantino, calculada en aproximadamente 6 millones de dólares. Este beneficio fiscal, no consignado en los informes oficiales presentados por la entidad, plantea una grave cuestión ética sobre la financiación de gastos personales de un alto ejecutivo por parte de una organización sin fines de lucro de alcance global. Tal práctica contrasta con los principios de buena gobernanza corporativa y la rendición de cuentas que se exigen a entidades de esta envergadura, especialmente ante el escrutinio público internacional.
La divulgación de este reporte emerge en un momento delicado para el presidente Infantino, quien ha manifestado su intención de buscar la reelección para un cuarto período al frente de la institución, en los comicios programados para el 18 de marzo de 2027 en Rabat. Este nuevo escándalo fiscal podría erosionar significativamente el respaldo que el dirigente afirma poseer dentro del sector futbolístico, complejizando su camino hacia la continuidad. Sus previas defensas de gestión y el desestimar solicitudes de dimisión ante controversias anteriores ahora se ven desafiadas por la sombra de opacidad financiera, intensificando el debate sobre la idoneidad de su liderazgo.
La tensión en torno a la administración de la FIFA no es nueva, y este episodio se suma a disputas preexistentes, notablemente con la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA). El descontento europeo se había intensificado a raíz del plan ‘FIFA Forward Enterprise’ (FFE), una iniciativa que buscaba integrar inversores privados en la comercialización de torneos globales y que fue archivada tras filtraciones. La UEFA respondió presentando una demanda en tribunales estadounidenses y exigiendo a la FIFA un cuestionario de 42 puntos sobre su gobernanza, evaluando paralelamente la posibilidad de presentar una candidatura alternativa para la presidencia, lo que subraya una crisis de confianza institucional profunda.
Paradójicamente, la FIFA proyecta un éxito financiero sin precedentes para el Mundial de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá. Según informes, la venta de boletería y servicios corporativos para este megaevento ha generado ingresos cercanos a los 4.500 millones de euros, una cifra que representa un incremento sustancial en comparación con los 834 millones de euros obtenidos en Qatar 2022. Este volumen de ingresos masivo contrasta agudamente con las revelaciones de gastos fiscales personales cubiertos de manera discrecional, planteando la pregunta de si los recursos generados por el deporte están siendo gestionados con la máxima probidad y transparencia.
En el plano global, la FIFA ha señalado que los ingentes recursos obtenidos del torneo de 2026 permitirán robustecer la financiación del fútbol a nivel mundial, con una previsión de distribuir aproximadamente 5.700 millones de euros entre sus 211 federaciones afiliadas a través de programas de desarrollo durante el ciclo 2027-2030. Sin embargo, la persistencia de controversias sobre la gestión interna y la falta de transparencia en beneficios ejecutivos puede socavar la confianza de las federaciones miembro y del público en la integridad de la distribución de estos fondos vitales, afectando la percepción de un organismo que debería liderar con el ejemplo en la promoción de un deporte limpio y equitativo para todos.
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