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El J-35 chino: Vértice de la proyección naval estratégica y el despegue electromagnético

El emergente caza Shenyang J-35 se posiciona como el segundo avión de combate de quinta generación desarrollado por la República Popular China, tras el ya conocido J-20. Este logro de la ingeniería militar, atribuido a Shenyang Aircraft, una subsidiaria del conglomerado de defensa AVIC, representa un hito crucial en la modernización de las Fuerzas Armadas chinas. Su incorporación al Ejército de Liberación Popular en 2025 y su posterior debut en eventos de alta visibilidad subrayan la ambición de Pekín de consolidar su dominio tecnológico en la aviación militar y la proyección de poder. Un elemento diferenciador y de particular interés estratégico es su avanzado sistema de despegue electromagnético para operaciones navales, una tecnología que redefine la capacidad operativa de los portaaviones.

El J-35 se presenta en dos variantes distintas, cada una diseñada para cumplir roles específicos dentro de la doctrina militar china. La versión J-35A está concebida para operar desde bases terrestres, integrándose en la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación y reforzando las capacidades de defensa aérea y ataque terrestre desde tierra firme. Por otro lado, la versión naval, designada simplemente como J-35, ha sido meticulosamente adaptada para operar desde la exigente cubierta de los portaaviones. Esta adaptación incluye modificaciones estructurales significativas como alas plegables para optimizar el espacio, un tren de aterrizaje reforzado capaz de soportar los rigores de los aterrizajes y despegues en alta mar, un gancho de apontaje, y crucialmente, una barra de lanzamiento compatible con catapultas electromagnéticas, lo que le permite integrarse plenamente con los portaaviones más modernos de China, como el Fujian.

El diseño exterior del J-35 se adhiere a los principios de la baja observabilidad o ‘stealth’, caracterizado por sus superficies angulares y limpias que buscan minimizar la sección transversal del radar. Incorpora dos estabilizadores verticales, alas en trapecio y tomas de aire sin desviador, configuraciones que, junto con conductos de motores en forma de serpentina y el uso de materiales absorbentes de ondas de radar, trabajan sinérgicamente para reducir su firma electromagnética. Esta sofisticada arquitectura aerodinámica y de materiales lo posiciona en una liga de élite dentro de la aviación de combate global, compitiendo en términos de discreción radar con los cazas más avanzados de occidente.

En el ámbito de la propulsión, el J-35 es un caza monoplaza y bimotor de tamaño medio, lo que le confiere una significativa ventaja operativa, especialmente en misiones sobre el mar. Inicialmente equipado con turbofanes WS-13, se espera una transición progresiva hacia el modelo más avanzado WS-19, lo que incrementará su potencia y eficiencia. La configuración bimotor no solo asegura una mayor capacidad de empuje, sino que también ofrece un nivel superior de seguridad en vuelo sobre entornos marítimos extensos, un atributo crítico que lo distingue de cazas monomotor como el F-35 estadounidense, para el cual una falla en un único motor en alta mar podría tener consecuencias más severas.

Aunque las especificaciones exactas del J-35 permanecen bajo estricta clasificación, las estimaciones de expertos y análisis de inteligencia apuntan a un rendimiento excepcional. Se proyecta que el aparato es capaz de alcanzar velocidades superiores a Mach 1,8, operar con un radio de combate cercano a los 1.200 kilómetros y ascender a un techo operativo que excede los 16.000 metros. Para preservar su característica furtiva, el J-35 transporta su armamento principal en bodegas internas, lo que le permite mantener una configuración aerodinámica óptima. Su arsenal incluye misiles aire-aire PL-10 de corto alcance y PL-15 de largo alcance, y se anticipa la integración del PL-17, con un alcance aún mayor, consolidando su capacidad para establecer superioridad aérea en amplios teatros de operaciones.

Cuando la discreción radar no constituye la prioridad principal de la misión, el J-35 dispone de seis puntos de anclaje externos que pueden albergar armamento adicional, incluyendo una variedad de misiles guiados y bombas de precisión para misiones aire-tierra. Su avanzada suite de aviónica incluye un radar AESA (Active Electronically Scanned Array), sistemas de búsqueda y seguimiento infrarrojo (IRST), equipos electroópticos, un casco con visor integrado y capacidades robustas de guerra electrónica. El concepto de combate del J-35 se fundamenta en la fusión de sensores, una filosofía que integra datos de radar, infrarrojos, inteligencia de otros aviones, vehículos aéreos no tripulados (drones) y plataformas de mando, para generar una imagen táctica integral y en tiempo real para el piloto, optimizando así la toma de decisiones en escenarios complejos.

El sistema de despegue electromagnético, conocido como CATOBAR (Catapult Assisted Take-Off But Arrested Recovery), opera mediante un motor eléctrico lineal. Este sistema consiste en una serie de bobinas dispuestas bajo la cubierta del portaaviones que, al ser energizadas secuencialmente, generan campos magnéticos pulsantes. Estos campos interactúan con una pieza metálica, generalmente de aluminio, conectada al tren de aterrizaje del caza a través de una lanzadera. La interacción de fuerzas magnéticas, similar al principio de los trenes maglev pero con un enfoque en el arrastre horizontal, impulsa la aeronave a altas velocidades en un lapso de tiempo muy corto, permitiendo un despegue eficiente y con menor estrés estructural para el avión en comparación con las catapultas de vapor. La energía eléctrica necesaria se almacena y libera con precisión en cuestión de segundos.

La integración del J-35 y su capacidad de despegue electromagnético en los portaaviones más modernos de China tiene profundas implicaciones geopolíticas. Este avance tecnológico no solo fortalece las capacidades defensivas de Pekín, sino que también expande significativamente su capacidad para proyectar poder naval más allá de sus costas inmediatas. La posibilidad de desplegar una fuerza aérea de quinta generación desde plataformas flotantes en cualquier parte del mundo subraya la creciente ambición de China de consolidarse como una potencia naval de ‘aguas azules’, alterando potencialmente el equilibrio estratégico en el Indo-Pacífico y el escenario global. Este desarrollo es, sin duda, un factor clave en la dinámica de poder internacional contemporánea.

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Belkis Batista
Belkis Batista
Analista de seguridad y estratega con una formación sólida en Contabilidad y una Maestría en Seguridad Gubernamental y Estrategia Geopolítica. La Licda. Batista aporta una visión analítica única sobre los eventos globales, combinando el rigor financiero con el análisis profundo de las estructuras de poder y la seguridad internacional. Su columna en El Diario Urbano es el referente para entender la actualidad política y social desde una perspectiva técnica y estratégica.

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