Un juez federal de Luisiana ha dictaminado un hecho de notable trascendencia jurídica al declarar en desacato a Vernon Liggins, exdirector interino de la oficina de ICE en Baltimore. La decisión se deriva de la orden de Liggins, emitida el 28 de julio, para la detención de Ibrahim Mohammed, un ciudadano etíope de 44 años, contraviniendo dos órdenes previas del mismo tribunal que exigían su liberación. Este pronunciamiento subraya la autoridad judicial frente a las acciones de las agencias ejecutivas y las graves consecuencias de ignorar resoluciones judiciales, marcando un hito en la supervisión de la **desacato a exoficial** de inmigración.
El magistrado John W. deGravelles, del Distrito Medio de Luisiana, intervino con celeridad el mismo día del arresto. Durante una audiencia urgente, los representantes legales del Gobierno admitieron que la nueva detención infringía las directrices del tribunal, lo que llevó al juez a reiterar la demanda de liberación inmediata. Este incidente pone de manifiesto el principio de ‘habeas corpus’ y el papel irrenunciable del poder judicial en la salvaguarda de los derechos individuales, incluso cuando se enfrentan a decisiones de agencias encargadas de la seguridad y el control migratorio.
El caso de Mohammed se distingue por un historial migratorio singularmente complejo y por la inviabilidad de ejecutar su deportación a Etiopía. Aunque una resolución de expulsión fue emitida en 2023, la misma determinación judicial protegió a Mohammed de ser enviado a su país de origen, bajo el argumento de que podría ser objeto de tortura. Esta protección se fundamenta en su origen étnico amhara y su participación en protestas políticas, evocando los principios de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CAT), de la cual Estados Unidos es signatario.
La incapacidad de ICE para localizar un tercer país dispuesto a recibir a Mohammed ilustra las profundas dificultades inherentes a la gestión de casos de extranjeros ‘inremovibles’. Tras 23 meses de detención migratoria, la agencia lo liberó bajo supervisión en noviembre de 2024, habiendo concluido previamente que no representaba un peligro para la sociedad. Esta situación es un reflejo de los desafíos globales que enfrentan las naciones al equilibrar la seguridad nacional con las obligaciones humanitarias y el derecho internacional.
A pesar de su liberación inicial, Mohammed fue objeto de múltiples detenciones posteriores. Su libertad supervisada fue revocada en julio de 2025, trasladándolo a Camp 57, un módulo migratorio dentro de la penitenciaría estatal de Luisiana. Tras otra orden de liberación de DeGravelles en febrero, fue nuevamente arrestado y llevado a una prisión en Maryland por presunto incumplimiento de su libertad vigilada. Incluso se consideró su deportación a Esuatini, pero un juez la bloqueó, cuestionando la opacidad de ICE en el manejo de su expediente.
Este veredicto de desacato adquiere una relevancia particular al reafirmar los límites del poder ejecutivo y la obligatoriedad de cumplir con las órdenes judiciales. El caso Mohammed no solo subraya las complejidades legales y operativas de la política migratoria estadounidense, sino que también sienta un precedente crucial sobre la rendición de cuentas de los funcionarios de inmigración, reforzando la independencia judicial como pilar de un Estado de derecho. **Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.**





