El pasado 10 de agosto de 2026, Colombia fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.4, el más intenso en una década, que causó estragos considerables, especialmente en la región occidental. En el corazón de esta tragedia, el Hospital Universitario del Valle (HUV) en Cali emergió como un epicentro de ‘heroísmo en Cali’ y resiliencia humana. Las imágenes de personal médico evacuando a pacientes, incluidos recién nacidos, bajo condiciones extremas se viralizaron, capturando la atención global y demostrando la fortaleza del espíritu humano frente a la adversidad más implacable.
La enfermera Lady Gallego, coordinadora de pediatría, ejemplificó esta dedicación inquebrantable. Con 105 pacientes pediátricos bajo su cuidado, incluyendo 36 recién nacidos, su prioridad fue la evacuación ordenada y segura, un testimonio de la ética profesional que trasciende el pánico generalizado. La rápida respuesta y la coordinación espontánea del personal del HUV fueron cruciales para mitigar una catástrofe aún mayor, salvaguardando la vida de los más vulnerables en un entorno que se desmoronaba literalmente a su alrededor.
La situación en el Hospital Universitario del Valle, uno de los centros médicos más importantes del suroccidente colombiano, puso de manifiesto la crítica vulnerabilidad de la infraestructura hospitalaria ante desastres naturales de esta magnitud. El colapso parcial de una de sus torres y las grietas generalizadas en la edificación no solo cobraron vidas, sino que también comprometieron severamente la capacidad operativa del hospital, exacerbando la emergencia sanitaria y revelando la necesidad imperante de estructuras más resilientes en zonas de alto riesgo sísmico.
En otro punto crítico del hospital, la anestesióloga Claudia Komaromi enfrentó un dilema desgarrador en un quirófano, protegiendo a una paciente sedada con un tumor cerebral. Su decisión de permanecer junto a la paciente, a pesar del riesgo inminente, subraya la profunda responsabilidad que los profesionales de la salud asumen ante sus pacientes. Este tipo de actos, donde el deber y la humanidad se fusionan en segundos de vida o muerte, definen la verdadera esencia del compromiso médico en momentos de crisis sin precedentes.
Geológicamente, Colombia se sitúa en una de las regiones más sísmicamente activas del mundo, en el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde convergen las placas tectónicas de Nazca, Caribe y Sudamericana. Esta condición geográfica impone un desafío constante en términos de preparación y respuesta ante terremotos. Eventos como el de Tumaco en 1979, que la Dra. Komaromi recordó, sirven como recordatorios sombríos de la potencia de estas fuerzas naturales y la necesidad continua de fortalecer los códigos de construcción y los protocolos de emergencia.
La respuesta colectiva al desastre fue notable, no solo por la profesionalidad del personal del HUV sino también por la solidaridad espontánea de la comunidad. Lorena León, jefa de comunicaciones, fue testigo de cómo el personal administrativo se unió a las labores de evacuación, y cómo ciudadanos y brigadas de emergencia ofrecieron apoyo. Esta unidad en la adversidad resalta la capacidad de las sociedades para movilizarse y apoyarse mutuamente, un pilar fundamental en la fase de auxilio y recuperación post-desastre.
El funcionamiento del hospital se vio transformado en un campamento de contingencia improvisado, con atención médica al aire libre y jornadas laborales extenuantes. La visión de enfermeras y médicos cuidando a recién nacidos bajo el cielo abierto, alimentándolos y brindándoles consuelo, se convirtió en un símbolo global de esperanza y dedicación. A pesar de las secuelas físicas y psicológicas que inevitablemente persisten entre el personal, su vocación permaneció inquebrantable, demostrando que la atención a la vida es una prioridad absoluta.
Los desafíos futuros para el HUV incluyen la reconstrucción y la reestructuración de servicios, un proceso que llevará meses, si no años. Sin embargo, la experiencia del 10 de agosto ha dejado una lección imborrable sobre la importancia de la capacitación en desastres, la resiliencia institucional y el valor incalculable de cada miembro del equipo de salud. El compromiso expresado por Lady Gallego de repetir sus acciones ante otra emergencia es un potente recordatorio del espíritu altruista que guía a estos profesionales.
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