Un hallazgo científico de proporciones significativas ha emergido de las profundidades del lago Memphremagog, situado entre Canadá y Estados Unidos, revelando el primer ‘cáncer contagioso’ conocido en peces de agua dulce. Lo que comenzó como la observación de misteriosas manchas negras en ejemplares de pez gato marrón (Ameiurus nebulosus) por parte de pescadores y biólogos, ha evolucionado hacia una comprensión sin precedentes de la capacidad de las células tumorales para sobrevivir y propagarse más allá de su organismo huésped original. Este descubrimiento, documentado en la prestigiosa revista Nature, plantea interrogantes fundamentales sobre la dinámica de las enfermedades oncológicas y su interacción con los ecosistemas acuáticos.
Los primeros indicios de esta anomalía se remontan a 2012, cuando se comenzaron a registrar peces con lesiones cutáneas ennegrecidas, incrementando su prevalencia hasta afectar aproximadamente a un tercio de la población analizada dos años después. Inicialmente, las hipótesis de los investigadores oscilaban entre la exposición a agentes virales o contaminantes ambientales. Sin embargo, un meticuloso análisis histopatológico de los tejidos reveló que estas marcas no eran simples lesiones, sino melanomas, un tipo de tumor. La profundidad de la investigación se intensificó al comparar genéticamente estos tumores con tejidos sanos de los mismos peces y con individuos no afectados, desvelando una sorprendente divergencia genética.
La secuenciación completa del genoma de estos tumores demostró que eran genéticamente distintos de los peces que los albergaban. Cientos de miles de variantes genéticas compartidas entre los diferentes tumores no se encontraban ni en los hospedadores ni en otros peces gato no afectados. Este patrón es radicalmente opuesto al de los cánceres no transmisibles, donde las variantes genéticas tienden a ser aleatorias y menos compartidas entre tumores distintos. La conclusión es clara: un linaje de células cancerosas ha logrado trascender a su huésped original, comportándose como un parásito que se transmite entre individuos, una capacidad hasta ahora documentada en especies como perros, demonios de Tasmania y diversas especies de moluscos bivalvos, pero nunca antes en un vertebrado de agua dulce.
Aunque las investigaciones iniciales consideraron la contaminación ambiental, como la de vertederos cercanos, los estudios de calidad del agua no revelaron anomalías significativas que explicaran la distribución de los peces afectados. Más aún, este mismo tipo de cáncer se ha identificado en otras poblaciones de pez gato en estanques y lagos de Nueva Inglaterra, incluso en áreas con baja exposición a fuentes humanas de polución. No obstante, la presencia de niveles elevados de arsénico en los tumores sugiere que factores ambientales específicos podrían, si bien no originar la patología, sí favorecer su desarrollo o la eficiencia de su transmisión, complejizando la comprensión de su etiología.
Las implicaciones a largo plazo para las poblaciones de pez gato marrón y para la ecología de los sistemas de agua dulce aún son inciertas. Los científicos continúan investigando los mecanismos exactos de contagio, planteando hipótesis que incluyen la transmisión durante la reproducción, dado que los casos se observan en peces sexualmente maduros, o la supervivencia de las células tumorales en el lecho lacustre. Un área crítica de estudio es cómo estas células cancerosas logran evadir el sistema inmunitario de los peces, una pregunta cuya respuesta podría ofrecer valiosos conocimientos no solo para la salud acuática, sino también para desentrañar los intrincados mecanismos de evasión inmunológica en los cánceres humanos, abriendo nuevas fronteras en la investigación oncológica global.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.






