El estado de Jalisco, históricamente epicentro de la influencia del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha experimentado una notable disminución en los índices de violencia, reflejo de una renovada estrategia de seguridad implementada por el Gobierno federal. Datos oficiales presentados recientemente por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, revelan que los homicidios dolosos se han reducido a la mitad entre septiembre de 2024 y mayo de este año. Este viraje representa un cambio sustancial en la aproximación gubernamental, distanciándose del controvertido paradigma de ‘abrazos, no balazos’ y apostando por una coordinación interinstitucional basada en inteligencia y operativos de precisión para desmantelar estructuras criminales.
Este éxito inicial se atribuye directamente a golpes estratégicos dirigidos contra la cúpula del CJNG, una de las organizaciones criminales transnacionales más poderosas y violentas del hemisferio. La eliminación de Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’, su fundador, hace apenas unos meses, marcó un punto de inflexión. Contrario a las expectativas de una escalada de violencia por una posible guerra interna por la sucesión, la región observó una inesperada estabilización e incluso una posterior reducción de los asesinatos diarios, lo que sugiere la efectividad de la inteligencia operativa para mitigar las represalias y desarticular la capacidad de respuesta del cartel.
La ofensiva no se ha limitado al líder histórico. En una serie de acciones coordinadas de alta complejidad, las fuerzas armadas mexicanas han neutralizado a otros mandos cruciales. La detención de Audias Flores Silva, ‘El Jardinero’, en Nayarit, tras 19 meses de meticulosa vigilancia, es un ejemplo fehaciente del esfuerzo. ‘El Jardinero’, considerado un potencial sucesor y por quien Estados Unidos ofrecía una recompensa multimillonaria, era fundamental en las operaciones de tráfico de drogas sintéticas. Paralelamente, la captura de César Alejandro Villaseñor Olivares, ‘El Güero Conta’, el principal operador financiero del cartel, ha asestado un golpe demoledor a su capacidad de blanqueo de activos y sustentación económica, afectando sus vastas inversiones en aeronaves, embarcaciones y empresas fachada.
Adicionalmente, se han desarticulado células operativas clave que sustentaban la brutalidad del CJNG. La aprehensión y posterior extradición de Armando Gómez Núñez, ‘Delta 1’, líder de una organización de sicarios y socio cercano del hijastro de ‘El Mencho’, interrumpió una de las principales fuentes de violencia directa. Asimismo, la captura de José Gregorio Lastra Hermida, ‘El Lastra’, responsable del reclutamiento forzado, expuso la barbarie de las prácticas del cartel, como el adiestramiento y tortura en ranchos clandestinos. Estas detenciones colectivas no solo reducen la capacidad operativa, sino que también envían un mensaje claro sobre la vulnerabilidad de las redes criminales ante una acción concertada del Estado.
El alcance de la estrategia se extiende más allá de los cabecillas y sicarios, incursionando en el terreno de la narcopolítica, una dimensión crítica para la supervivencia de cualquier estructura criminal de gran escala. La detención del alcalde de Tequila, Diego Rivera, junto con miembros de su gabinete, bajo acusaciones de extorsión, delincuencia organizada y secuestro, subraya el compromiso de combatir la corrupción sistémica que históricamente ha blindado a estos grupos. Este enfoque en la ‘cero impunidad’ para funcionarios y exfuncionarios públicos, sin importar su afiliación política, es fundamental para restaurar la confianza institucional y cerrar los espacios de complicidad que permiten la operación y expansión del crimen organizado.
Si bien los logros recientes en Jalisco son innegables y representan un hito importante en la lucha contra el crimen organizado en México, la consolidación de la seguridad requerirá un esfuerzo sostenido y adaptativo. La fragmentación de los carteles puede generar nuevos desafíos, como la emergencia de grupos más pequeños pero igualmente violentos, o la diversificación de sus actividades ilícitas. La clave residirá en mantener la coordinación interinstitucional, fortalecer la inteligencia, invertir en el desarrollo social para desmantelar las bases de reclutamiento y, crucialmente, erradicar la impunidad en todos los niveles del Estado. Solo así se podrá transitar de una reducción coyuntural de la violencia a una paz duradera y estructural en la nación.
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