El fenómeno de la ‘cosmeticorexia’, una preocupación desmedida por la apariencia dérmica en edades tempranas, está consolidándose como una grave problemática global, exacerbada por la ubicuidad de las redes sociales. Lo que comenzó como un pasatiempo inocente para jóvenes como Ellie-May, quien desde los ocho años promocionaba rutinas de cuidado de la piel en plataformas digitales, ha escalado hasta convertirse en un lucrativo negocio y, simultáneamente, en un vector de riesgos considerables para la salud física y mental de miles de menores. Estos jóvenes, algunos con apenas tres o cuatro años, se ven inmersos en un ciclo de consumo y exposición que replica las presiones estéticas tradicionalmente dirigidas a poblaciones adultas.
La ‘cosmeticorexia infantil’, término acuñado por dermatólogos y académicos, describe una obsesión insalubre por alcanzar una piel ‘perfecta’ a una edad precoz, lo que impulsa el uso compulsivo de una miríada de productos cosméticos. Este comportamiento se ve fuertemente influenciado por los videos de ‘Get Ready With Me’ (GRWM) y ‘rutinas de cuidado de la piel’ que proliferan en TikTok y otras plataformas, donde niños y adolescentes exhiben complejos regímenes que a menudo incluyen hasta diez productos diarios. El estudio del dermatólogo Giovanni Damiani de la Universidad de Milán, que involucró a 55 pacientes entre 8 y 14 años, reveló que la mayoría presentaba una dependencia excesiva del teléfono móvil y una marcada incapacidad para socializar sin maquillaje, evidenciando la profundidad de esta compulsión.
Desde una perspectiva dermatológica, los riesgos asociados a esta tendencia son alarmantes. La piel infantil, intrínsecamente delicada y en pleno desarrollo, posee una barrera cutánea perfectamente funcional que no requiere la intervención de productos formulados para contrarrestar el envejecimiento. Sin embargo, el uso indiscriminado de ingredientes activos potentes, como el retinol o los ácidos exfoliantes, puede acelerar la renovación celular de manera perjudicial, provocando lo que se conoce como ‘quemadura por retinol’, dermatitis de contacto, acné inducido y una sensibilidad a largo plazo. Dermatólogos como Jean Ayer reportan un incremento en consultas por reacciones adversas severas, subrayando cómo estos productos, diseñados para el mercado antienvejecimiento, no solo son innecesarios sino potencialmente dañinos para la piel joven e inmadura.
Más allá de las afecciones cutáneas, la ‘cosmeticorexia’ proyecta sombras sobre el desarrollo psicológico de los menores. Expertos como Alberto Stefana, psicólogo italiano, establecen paralelismos entre esta obsesión y el trastorno dismórfico corporal (TDC), una condición mental caracterizada por una preocupación intensa y persistente por defectos físicos percibidos. La constante comparación con ideales de belleza inalcanzables, a menudo distorsionados por filtros y algoritmos de inteligencia artificial en redes sociales, socava la autoestima de los niños y genera altos niveles de ansiedad y vergüenza. Este fenómeno puede llevar a que los menores eviten la escuela y el contacto social, lo que impacta negativamente su desarrollo identitario y su capacidad para aceptar su imagen real.
La dimensión económica de esta tendencia es considerable. Un estudio reveló que el costo promedio de las rutinas de cuidado de la piel exhibidas por menores de 18 años en TikTok asciende a unos 167 dólares, con la necesidad de reposición constante. Este mercado multimillonario ha captado la atención de las autoridades reguladoras. La Autoridad Italiana de la Competencia (AGCM) ha abierto investigaciones sobre empresas como LVMH (propietaria de Sephora y Benefit) por presuntas estrategias de marketing encubierto dirigidas a jóvenes microinfluencers. Aunque las marcas niegan dirigir campañas a menores y aseguran trabajar solo con influencers mayores de 18 años, la Asociación Británica de Cosméticos, Artículos de Tocador y Perfumería (CTPA) ha emitido guías para padres, reconociendo la necesidad de educación sobre el uso apropiado de productos según la edad.
Este panorama global exige una reflexión profunda sobre la responsabilidad compartida entre padres, empresas de cosméticos y plataformas digitales. La madre de Ellie-May, Sophie, ejemplifica la compleja vigilancia que muchos progenitores deben ejercer, revisando ingredientes y monitoreando la exposición de sus hijos al contenido online. No obstante, la omnipresencia del entorno digital y la aspiración a ideales de belleza fabricados plantean un reto sin precedentes para la salud mental y física de la juventud. Urge una mayor conciencia y educación para fomentar un pensamiento crítico en los niños y proteger su bienestar frente a las presiones de una ‘piel perfecta’ que, en realidad, ya poseen de forma natural.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.




