La bióloga y destacada difusora científica María Teresa Barbato, figura central en la neurobiología del amor y el emparejamiento humano, ofrece una perspectiva crucial sobre las dinámicas afectivas contemporáneas. Su investigación, que integra biología y economía conductual, desafía visiones convencionales. Revela que el amor, fundamental para la reproducción y el cuidado de la descendencia, no es una panacea para todos los desafíos sociales. Autora del próximo libro ‘La biología del match’, Barbato insiste en un análisis desprovisto de antropocentrismo para comprender plenamente las complejidades afectivas modernas.
El estudio biológico del amor requiere superar el sesgo de considerarlo una experiencia exclusivamente humana, buscando mecanismos comunes en el reino animal. La doctora Barbato identifica tres etapas fundamentales en el amor romántico: el impulso sexual, la atracción romántica obsesiva y el apego. Esta última fase, única por su elevado costo energético, impulsa la selección de pareja. El ‘amor millennial’, por ejemplo, se distingue por una aproximación más pausada y experimental al compromiso, malinterpretada como desinterés, pero que en realidad refleja mayor selectividad y exploración profunda de la compatibilidad antes de formalizar un vínculo.
La fase de ‘obsesión narcótica’ en la atracción romántica se manifiesta por una intensa activación de sistemas de recompensa cerebrales, con liberación de dopamina y oxitocina, y reducción de serotonina, asemejándose a estados de hipomanía. Este mecanismo, vital para la procreación, se altera por la interacción digital constante, pudiendo generar ciclos adictivos. Históricamente, la mujer ha sido compelida al emparejamiento; no obstante, su creciente libertad impulsó una reevaluación de roles, permitiendo mayor autonomía en sus elecciones afectivas.
El apego, la tercera y más duradera etapa del amor, se forja desde la niñez y se extiende a múltiples vínculos vitales. Garantiza la cooperación necesaria para el cuidado de la descendencia y el sostenimiento emocional a largo plazo. A diferencia del amor romántico, que puede ser transitorio, el apego representa una conexión vincular que puede perdurar indefinidamente. La ruptura de una relación impacta profundamente esta red, creando un ‘vacío’ emocional, comparable a la inversión irrecuperable de la teoría económica del ‘niño malcriado’.
La elección de pareja, universal en criterios como amabilidad, inteligencia, atractivo físico y prosocialidad, se modula por prioridades temporales y aprendizaje emocional. Factores externos, como conflictos bélicos o crisis económicas, alteran las tendencias de emparejamiento. En épocas de incertidumbre, se observa un aumento en el impulso sexual y una disminución del compromiso a largo plazo. Esta conducta obedece a que la actividad sexual reduce el estrés y el cortisol, ilustrando cómo el ambiente moldea profundamente nuestra biología y decisiones afectivas.
La tecnología digital, mediante aplicaciones de citas, ha expandido la percepción de un ‘mercado’ de parejas virtualmente ilimitado. Esto, paradójicamente, puede inhibir el compromiso al fomentar la búsqueda constante de una ‘mejor’ opción. Sin embargo, la transformación más radical en los patrones de emparejamiento ha sido la masiva incorporación de la mujer al ámbito laboral. Este cambio ha conferido a las mujeres una independencia sin precedentes, otorgándoles mayor selectividad y libertad para explorar aspiraciones más allá de las relaciones tradicionales. Esto, según Barbato, revela una expresión auténtica de la selectividad femenina, antes reprimida por presiones sociales. Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.





