La International Football Association Board (IFAB), organismo garante de las reglas del fútbol, ha emitido una circular que sacude el panorama arbitral post-Mundial 2026. En un hecho inusual, la entidad confirmó, de manera indirecta, que la ‘expulsión’ del delantero suizo Breel Embolo durante el partido de cuartos de final contra Argentina fue resultado de una aplicación errónea del protocolo del Video Assistant Referee (VAR). Este reconocimiento oficial reaviva el persistente debate sobre la implementación de la tecnología en el fútbol de élite y sus límites éticos y reglamentarios.
El incidente en cuestión se produjo en el minuto 72, con el marcador empatado 1-1, un momento de máxima tensión competitiva. Inicialmente, el árbitro principal había amonestado al jugador argentino Leandro Paredes. Sin embargo, tras la intervención del VAR, la decisión fue drásticamente revertida, sancionando a Embolo por una supuesta simulación con una segunda tarjeta amarilla, lo que conllevó su automática tarjeta roja. La circular de la IFAB subraya que el VAR no estaba facultado para intervenir en la naturaleza de la falta o la sanción de una primera o segunda tarjeta amarilla, salvo para identificar al infractor, lo que constituyó una clara extralimitación de sus competencias definidas, haciendo de la ‘expulsión’ de Breel Embolo un caso paradigmático.
La génesis del VAR, introducido con el objetivo de eliminar ‘errores claros y obvios’ en jugadas decisivas, ha sido un camino jalonado por la controversia. Desde su adopción en torneos de magnitud, su aplicación ha generado interpretaciones dispares y, en ocasiones, ha profundizado la percepción de inconsistencia arbitral. Este caso se inscribe en una serie de eventos que ponen de manifiesto la necesidad de una formación más rigurosa y una adhesión más estricta a los protocolos establecidos, para evitar que la tecnología, concebida para la justicia, se convierta en fuente de nuevas injusticias y erosione la credibilidad arbitral.
Las implicaciones de este tipo de admisiones van más allá del resultado inmediato de un partido. Afectan directamente la credibilidad del arbitraje internacional y la confianza de los aficionados y los propios protagonistas en la equidad del juego. La memoria colectiva del fútbol está repleta de decisiones arbitrales polémicas que han alterado el curso de competiciones, y el VAR fue presentado como la panacea. No obstante, incidentes como el de Embolo demuestran que la intervención humana, incluso asistida por la tecnología, sigue siendo falible y puede distorsionar el espíritu deportivo, alimentando narrativas de favoritismo que son difíciles de disipar, por más que figuras como Lionel Scaloni nieguen su existencia.
A pesar del reconocimiento del error por parte de la IFAB, la normativa actual establece que los resultados de los partidos son inalterables una vez finalizados. Así, la victoria de Argentina por 3-1 en la prórroga y su consiguiente avance a semifinales del Mundial 2026 permanecen inamovibles. Esta paradoja, donde la verdad arbitral se descubre post-facto sin afectar la consecuencia deportiva, plantea un dilema ético y estructural para el fútbol moderno. Subraya la tensión inherente entre la búsqueda de la justicia perfecta y la necesidad de la finalización definitiva de un encuentro, un aspecto que la comunidad futbolística global deberá seguir abordando para garantizar la máxima transparencia y equidad en el deporte más popular del planeta.
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