Citi alerta sobre ‘menos catalizadores’ para el crecimiento económico de México, proyectando un panorama más moderado hacia 2027. La principal preocupación reside en la prolongación de las negociaciones sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un factor que mantiene en suspenso decisiones clave de inversión y eleva la incertidumbre en el entorno empresarial. Esta advertencia subraya la fragilidad del ecosistema económico nacional frente a la volatilidad política y comercial regional.
El T-MEC, que reemplazó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), incluye una cláusula de revisión sexenal que, en su reciente conclusión, no resultó en una extensión automática por otros dieciséis años. Este hecho ha desencadenado una serie de negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, con una cuarta ronda programada para septiembre, generando un clima de ‘esperar y ver’ entre los inversionistas, quienes necesitan certidumbre sobre las reglas del juego a largo plazo.
La expectativa de Citi para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se sitúa en 1.1% para este año y 2% para 2027, cifras que se encuentran por debajo del 1.8% promedio pronosticado por otros 35 analistas. Esta divergencia resalta la percepción de riesgos a la baja que la institución financiera asocia directamente con un posible retraso prolongado en la resolución del estatus del T-MEC, una situación que el mercado aún no ha descontado completamente en sus proyecciones.
Más allá de las cifras macroeconómicas, la incertidumbre del T-MEC afecta directamente la estrategia de ‘nearshoring’, donde empresas multinacionales buscan relocalizar sus cadenas de suministro más cerca de sus mercados finales, aprovechando la proximidad geográfica de México con Estados Unidos. Si bien el país ofrece ventajas logísticas y de costos, la ausencia de un marco comercial estable puede disuadir la materialización de estas inversiones, frenando así un potencial motor de crecimiento significativo.
A la situación del T-MEC se suman otros factores que inciden en las perspectivas. La implementación de nuevos aranceles estadounidenses a importaciones de diversos países, incluido México, aunque con exenciones para productos que cumplen con el T-MEC, añade otra capa de complejidad. Asimismo, la ejecución del plan de infraestructura del gobierno mexicano se presenta como un posible catalizador, pero su impacto real depende de señales concretas de avance, por lo que Citi mantiene cautela en incorporarlo a sus previsiones.
El economista en jefe para México de Citi, Julio Ruiz, enfatizó que, aunque el interés de las empresas extranjeras en México persiste, la falta de claridad normativa frena la materialización de sus planes de expansión. El tercer trimestre actual se perfila como un período crucial para observar si las negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos arrojan resultados que puedan reducir la incertidumbre, incluso si no se llega a una extensión formal inmediata del tratado.
Una definición clara y oportuna del futuro del T-MEC es fundamental no solo para la atracción de capitales, sino para consolidar la posición de México en las cadenas productivas de Norteamérica. La prolongación indefinida de este proceso no solo pondría en riesgo las proyecciones de crecimiento a la baja, sino que también mermaría la confianza a largo plazo de los inversionistas, afectando la competitividad y el desarrollo sostenible del país en un entorno global cada vez más desafiante.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.




