El 17 de septiembre de 2026, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución A/RES/81/1, que validó la participación de Palestina en su octogésimo primer período de sesiones, a pesar de la negación de visa al presidente Mahmoud Abbas por Estados Unidos. Esta votación (152 a favor, 3 en contra, 4 abstenciones) evidenció una divergencia en la diplomacia peruana. La abstención de Perú ha desatado un debate sobre el ‘Interés Nacional’, rompiendo con casi ocho décadas de apoyo a la causa palestina y al derecho internacional.
Durante 79 años, la política exterior peruana, bajo diversas administraciones —democráticas o de facto—, mantuvo una postura coherente. Se caracterizó por el respaldo al principio de libre determinación palestina y a la solución de dos Estados con fronteras seguras. Gobiernos como los de Bustamante y Fujimori votaron a favor de resoluciones clave (A/RES/54/42, A/RES/52/250, A/RES/67/19) que defendieron los derechos palestinos y ampliaron su participación en la ONU, elevando su estatus a Estado observador no miembro. Esta histórica continuidad es ahora puesta en entredicho.
La abstención peruana no es un acto aislado. Se enmarca en un contexto geopolítico de alta tensión, marcado por el proceso contencioso que la Corte Internacional de Justicia adelanta contra Israel por acusaciones de genocidio. Además, se produce en un escenario de masivas violaciones a los derechos humanos en Gaza y tras un informe de la UNCTAD que describe la crisis económica regional como ‘la más grave jamás registrada’. Esta coyuntura global, de extrema fragilidad, amplifica el impacto de decisiones diplomáticas, revelando posibles desalineaciones éticas.
Esta desviación drástica de la política exterior histórica del Perú genera interrogantes fundamentales. La negativa estadounidense a una visa para un jefe de Estado observador en la ONU contraviene el Acuerdo de Sede (secciones 11, 12 y 13). La abstención peruana, en vez de defender la primacía del derecho internacional y el multilateralismo, avala implícitamente una prerrogativa unilateral. Para un Estado de poder relativo medio como Perú, la defensa de reglas internacionales robustas y la limitación de acciones arbitrarias de potencias hegemónicas es una garantía esencial para su propia soberanía e integridad futura.
El verdadero ‘interés nacional’ de Perú no se reduce a alinearse con una potencia en un conflicto polarizado. Reside en la preservación de principios inmutables del orden internacional: vigencia del derecho, respeto a la Carta de la ONU, fortalecimiento del multilateralismo y solución pacífica de controversias. Abandonar estos pilares en momentos críticos expone al país a una inconsistencia diplomática que erosiona su credibilidad y capacidad de influencia global, debilitando la arquitectura que protege a todos los Estados, especialmente a los de menor envergadura.
Mantener la autonomía y continuidad de la política exterior es un activo estratégico invaluable. La coherencia de Perú sobre Palestina ha construido una reputación de apego al derecho internacional y ha permitido conservar relaciones constructivas con todas las partes, incluida Israel. Renunciar a este capital diplomático por una abstención sin justificación en principios sólidos, que parece responder a presiones externas, constituye un extravío del camino y un detrimento palpable para la estabilidad y proyección internacional del Estado peruano. Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.





