La premisa de que el kilometraje es un indicador directo de la fiabilidad y el valor residual de un vehículo está siendo reexaminada, especialmente en el contexto de los automóviles eléctricos. Un extenso análisis, basado en 47,4 millones de inspecciones MOT –el equivalente británico de la ITV–, ha puesto en perspectiva la durabilidad de coches eléctricos y de gasolina a medida que acumulan kilómetros. Llevado a cabo por New AutoMotive para la British Vehicle Rental and Leasing Association (BVRLA), el estudio revela que las diferencias iniciales en fiabilidad son mínimas. No obstante, la situación cambia drásticamente cuando los vehículos entran en la categoría de alto kilometraje, desafiando las percepciones tradicionales del mercado de segunda mano.
Los resultados son contundentes: entre los 145.000 y los 193.000 kilómetros, los vehículos eléctricos registraron una tasa de fallos del 16,5% en la inspección, significativamente inferior al 22,1% de los automóviles de gasolina. Esto significa que los eléctricos fueron un 25% menos propensos a suspender. La disparidad se acentúa aún más allá de los 193.000 kilómetros, donde el 16% de los eléctricos suspendió frente al 23,5% de los de gasolina. Ben Nelmes, consejero delegado de New AutoMotive, atribuye esta ventaja a la simplicidad mecánica de la transmisión eléctrica, que reduce la complejidad y, por ende, los puntos de falla a medida que el vehículo envejece, a diferencia de los intrincados motores de combustión interna.
Si bien los eléctricos demuestran una robustez general superior, no están exentos de debilidades específicas. El estudio detectó casi el doble de defectos en los neumáticos de los vehículos eléctricos en comparación con los de combustión, un factor influenciado por su mayor peso y el par motor instantáneo. Asimismo, se observó una mayor incidencia de problemas en los frenos de fricción en eléctricos antiguos con bajo kilometraje, lo que se atribuye a la corrosión por el menor uso de estos componentes, dado que el sistema de frenado regenerativo maneja gran parte de la deceleración cotidiana. Estas particularidades requieren una atención especializada durante el mantenimiento.
Es crucial destacar una limitación inherente a las inspecciones MOT: su enfoque en la seguridad vial (frenos, neumáticos, suspensión, etc.) no incluye la evaluación del estado de la batería, el componente más costoso y vital de un coche eléctrico. Por tanto, la degradación, capacidad útil o rendimiento de carga de la batería no se reflejan en estos resultados. Toby Poston, consejero delegado de la BVRLA, enfatiza que esta ausencia de información exige a los compradores de vehículos eléctricos usados realizar ‘sus deberes’, investigando a fondo el historial, las condiciones generales, y, de manera crítica, la ‘salud’ de la batería, de forma similar a como se examinaría el motor y la transmisión de un coche convencional.
En conclusión, este análisis redefine la asociación automática entre un kilometraje elevado y una menor fiabilidad en el mercado de vehículos usados, particularmente para los eléctricos. Los datos sugieren que el kilometraje por sí solo ya no debería ser un factor disuasorio determinante para los consumidores interesados en coches eléctricos. Un eléctrico bien mantenido, incluso con un acumulado considerable de kilómetros, emerge como una opción duradera y fiable, marcando un cambio paradigmático en la valoración de los vehículos de ocasión y en el avance hacia la movilidad sostenible.
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