El reciente informe de Pantera Capital subraya que la **tokenización** de activos reales (RWA) se encuentra en una fase incipiente, equiparable a los primeros estadios de internet, donde los periódicos simplemente ‘copiaban y pegaban artículos en sitios web’. Esta analogía resalta una observación crítica: a pesar del avance tecnológico, la esencia operativa de muchos activos tokenizados aún reproduce fielmente las estructuras financieras tradicionales, sin explotar plenamente el potencial innovador de las redes descentralizadas. La firma de inversiones analizó 542 activos tokenizados, valuados en USD 320.600 millones, concluyendo que la mayor parte del ecosistema carece de instrumentos verdaderamente nativos.
Este estudio revela que el 77.6% de los productos analizados se clasifican como ‘envueltos’ o ‘wrapped’, una tipología donde el token digital actúa meramente como un comprobante de un activo subyacente que sigue dependiendo de custodios, registros externos e intermediarios financieros tradicionales. Un ejemplo ilustrativo de esta mecánica es el fondo BUIDL de BlackRock, un bono del Tesoro estadounidense tokenizado, cuyo funcionamiento real permanece anclado a infraestructuras convencionales. Aunque estos activos envueltos mejoran la velocidad y el acceso, su funcionalidad no altera sustancialmente cómo opera el activo base, lo que denota una limitación en la profundidad de la innovación tecnológica.
Para evaluar la verdadera madurez del mercado, Pantera Capital desarrolló el Tokenization Progress Index (TPI), un baremo que mide el grado de autonomía y la integración de los activos tokenizados en el ecosistema digital. El promedio general del TPI obtenido por los activos evaluados fue de 2.04 sobre 5, un indicador de que el mercado aún está lejos de una descentralización y composición óptimas. Este bajo puntaje enfatiza la dependencia persistente de mecanismos centralizados para la emisión y el rescate de la mayoría de los activos, limitando su capacidad de operar de forma autónoma dentro de protocolos basados en contratos inteligentes.
El TPI se estructura en tres dimensiones críticas: emisión y rescate, transferibilidad y liquidación, y complejidad y componibilidad, es decir, la facilidad con la que un RWA puede interactuar y ser utilizado por otros protocolos financieros digitales. Las stablecoins emergen como la categoría más avanzada, alcanzando los puntajes combinados más altos en este índice, lo que refleja su utilidad y escala económica dentro de las finanzas descentralizadas. Por el contrario, sectores como el inmobiliario (‘real estate’) y el capital de inversión privada (‘private equity’) muestran una madurez operativa considerablemente baja, evidenciando las barreras inherentes a la tokenización de activos ilíquidos y complejos.
A pesar de que el mercado de activos tokenizados experimentó un crecimiento significativo, con 168 nuevos lanzamientos en 2025, un aumento del 115% respecto a 2024, este progreso es ‘más amplio, no más profundo’, según Pantera. La expansión cuantitativa no se ha traducido en una mayor sofisticación tecnológica, pues la mayoría de los nuevos productos replican modelos de baja complejidad. Además, el mercado exhibe una marcada concentración: las stablecoins dominan con USD 293.000 millones, representando el 91.6% del valor total rastreado, lo que subraya una utilidad focalizada más que una diversificación profunda en clases de activos.
La distinción entre activos ‘envueltos’ y verdaderamente ‘nativos’ es fundamental para comprender el futuro de la tokenización. Los activos nativos, como USDS de MakerDAO y GHO de Aave, están diseñados para operar íntegramente sobre infraestructura descentralizada, con emisión y colateralización gestionadas por contratos inteligentes sin intervención externa. Esta aproximación contrasta con los modelos ‘envueltos’, cuya validación y procesos centrales permanecen atados a la infraestructura financiera tradicional, limitando la integración fluida en el ecosistema digital y la creación de instrumentos financieros innovadores.
Mientras grandes instituciones como BlackRock, Franklin Templeton y JPMorgan incursionan activamente en la tokenización, principalmente a través de bonos del Tesoro estadounidense, Pantera Capital advierte que gran parte de estos desarrollos institucionales aún se adhieren al modelo de activos ‘envueltos’. Aunque Franklin Templeton proyecta una expansión masiva del mercado, superando los USD 16 billones para 2030 y pronosticando una infraestructura común entre finanzas tradicionales y digitales, Pantera insiste en la necesidad de superar la fase de réplica para construir instrumentos imposibles de replicar en la finanza convencional, como aquellos con liquidación continua, gestión automática de colateral y flujos de caja programables.
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