Un video que muestra una calle con vehículos durante un movimiento sísmico ha circulado masivamente en plataformas digitales, siendo falsamente presentado como evidencia del reciente terremoto de magnitud 6.7 que sacudió el sur de Perú el 20 de agosto de 2026. Esta desinformación sísmica, ampliamente compartida en redes sociales, ha generado confusión y alarma entre la población, desviando la atención del evento real que tuvo su epicentro en Parinacochas, Ayacucho, dejando lesionados y daños materiales significativos en localidades como Puquio y Coracora. La rápida propagación de contenido no verificado durante una emergencia real subraya un desafío crítico en la comunicación pública.
La verificación de este material revela que la secuencia viral no guarda relación alguna con el sismo peruano de 2026. Una investigación rigurosa, que incluyó búsquedas inversas de fotogramas clave, ha determinado que el metraje fue grabado durante el devastador terremoto de magnitud 7.8 que asoló Nepal el 25 de abril de 2015. Específicamente, el video corresponde a la calle Durbar Marg en Katmandú, un hecho corroborado por la presencia de un letrero del ‘Investment Bank Durbarmary’ y un preciso sello de fecha y hora —’2015-04-25 11:53:35’— visible en la grabación original. Este incidente no es aislado; el mismo video ha sido previamente utilizado para falsear otros eventos sísmicos, evidenciando un patrón de reutilización de contenido descontextualizado.
La persistente reaparición de este video descontextualizado pone de manifiesto no solo la vulnerabilidad de las audiencias a la desinformación en momentos de crisis, sino también la necesidad urgente de una mayor alfabetización mediática. Durante un sismo, la información precisa es vital para la seguridad y la gestión de la emergencia. La difusión de imágenes falsas corre el riesgo de generar pánico innecesario, desviar recursos de verificación o, peor aún, sembrar desconfianza en las fuentes oficiales y en los medios de comunicación que sí cumplen con su labor de informar con veracidad. Este fenómeno es especialmente pernicioso en el contexto de desastres naturales.
La geografía tanto de Perú como de Nepal los sitúa en zonas de alta actividad sísmica. Perú se encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico, mientras que Nepal se ubica en la convergencia de las placas tectónicas India y Euroasiática, responsable de la formación de los Himalayas y de potentes movimientos telúricos. Esta constante amenaza geológica hace que la población esté particularmente sensible a noticias de sismos. Es precisamente esta sensibilidad la que los hace un blanco fácil para la propagación de imágenes impactantes, sin importar su origen temporal o geográfico, en la búsqueda de sensacionalismo o por simple descuido en la verificación.
Este episodio se inscribe en una tendencia global preocupante, donde la velocidad de la información en la era digital a menudo sacrifica la precisión. La difusión de noticias falsas o descontextualizadas durante catástrofes naturales se ha convertido en un desafío recurrente, no solo en América Latina, con los recientes terremotos en Colombia y Venezuela, sino en todo el mundo. Las plataformas de redes sociales, aunque son herramientas poderosas para la conectividad, también actúan como amplificadores involuntarios de contenido no verificado, lo que exige una responsabilidad compartida entre los usuarios y las propias compañías tecnológicas para garantizar la integridad de la información.
En este escenario, la labor del periodismo de investigación y la verificación de hechos adquieren una relevancia fundamental. Desmontar estas narrativas falsas no es solo un ejercicio de rigor periodístico, sino un servicio público esencial para proteger a la ciudadanía de la manipulación y el pánico. La capacidad de discernir entre lo real y lo fabricado se ha convertido en una habilidad crucial para todos los ciudadanos. Es imperativo que tanto los individuos como las instituciones promuevan activamente la verificación de fuentes antes de compartir cualquier contenido, especialmente en momentos de vulnerabilidad colectiva. Solo así se podrá construir una esfera informativa más resiliente y confiable.
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