El Banco de México (Banxico) ha ajustado al alza su proyección de crecimiento económico para el año 2026, estableciéndola en un 1,5 %, lo que representa una mejora significativa respecto al 1,1 % estimado previamente. Esta revisión surge tras un rendimiento superior al anticipado en el segundo trimestre del año, donde la economía mexicana mostró una recuperación vigorosa. Sin embargo, este optimismo se ve matizado por la advertencia persistente de la institución sobre los ‘riesgos comerciales’ que emanan de la política exterior de Estados Unidos y la incertidumbre inherente al futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
La relación comercial bilateral entre México y Estados Unidos constituye un pilar fundamental para la economía mexicana, representando la mayor proporción de sus exportaciones y un motor clave para la inversión extranjera directa. La activación del mecanismo de revisión anual del T-MEC por parte de Washington, en lugar de la ratificación por un período extendido, introduce una variable de inestabilidad que puede erosionar la confianza de los inversores. Este escenario contrasta con la estabilidad que en su momento ofreció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y que el T-MEC buscaba consolidar, generando un ambiente de cautela en las decisiones de capital.
El informe trimestral de Banxico subraya que, si bien las exportaciones mexicanas mantienen por ahora su trato preferencial, la prolongación de la incertidumbre sobre el acuerdo comercial podría tener un impacto desfavorable en la inversión a largo plazo. Históricamente, la inversión directa en México ha sido sensible a la previsibilidad del marco regulatorio y comercial con su principal socio, por lo que cualquier señal de inestabilidad tiende a frenar los flujos de capital esenciales para la modernización de la infraestructura productiva y la creación de empleo.
A pesar de la desaceleración proyectada para el tercer trimestre, la economía mexicana ha demostrado una resiliencia notable, impulsada en parte por factores internos que lograron compensar el desempeño contractivo del primer trimestre. Este equilibrio entre el dinamismo interno y las presiones externas pone de manifiesto la complejidad de la gestión económica en un entorno global volátil. La capacidad del sector manufacturero y de servicios para adaptarse a las cambiantes condiciones del mercado será crucial para mantener la trayectoria de crecimiento, independientemente de las fluctuaciones en el escenario comercial internacional.
En el ámbito de la política monetaria, Banxico ha mantenido su tasa de interés de referencia en 6,5 % desde mayo, dando por concluido un ciclo de recortes que se inició en 2024. Esta postura, orientada a anclar las expectativas inflacionarias, se enmarca en un contexto global donde los bancos centrales equilibran el apoyo al crecimiento con la contención de los precios. Aunque la inflación general anual ha mostrado una tendencia a la baja, se prevé que su convergencia hacia la meta del 3 % sea más gradual de lo anticipado, lo que sugiere una vigilancia continua por parte del organismo emisor ante posibles choques que puedan alterar la estabilidad de precios.
Finalmente, el balance de riesgos para el crecimiento económico de México se mantiene ‘sesgado a la baja’, no solo por las políticas comerciales de EE.UU. y el T-MEC, sino también por una potencial desaceleración económica en el propio Estados Unidos y el agravamiento de conflictos geopolíticos a escala global. Estos factores externos, que trascienden la influencia directa de la política interna mexicana, exigen una estrategia de diversificación económica y de fortalecimiento de los fundamentos macroeconómicos para mitigar su impacto y asegurar un desarrollo sostenible en el mediano y largo plazo.
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