En un avance trascendental para la exploración espacial, un investigador de la Universidad de Stuttgart, en Alemania, ha presentado un innovador **motor de plasma** diseñado para operar únicamente con el aire enrarecido de la alta atmósfera. Esta tecnología, detallada en una tesis doctoral por Francesco Romano, aborda uno de los desafíos más persistentes en las misiones de satélites en órbitas terrestres muy bajas (LEO): la constante pérdida de altitud debido a la resistencia atmosférica, que exige correcciones orbitales continuas y el consecuente agotamiento de combustibles convencionales como el xenón, limitando significativamente la vida útil de estas misiones vitales para la observación terrestre y las telecomunicaciones.
La propuesta se inscribe en el ámbito de la propulsión eléctrica que respira atmósfera (ABEP, por sus siglas en inglés), un concepto que redefine la autonomía operativa de los satélites. A diferencia de los sistemas tradicionales que dependen de grandes cantidades de propelente transportado desde la Tierra, este motor emplea una toma frontal estratégicamente diseñada para capturar las escasas moléculas presentes entre los 100 y 450 kilómetros de altitud. Una vez dentro, este gas se ioniza para formar plasma y es expulsado a alta velocidad, generando el empuje necesario. Este ingenioso planteamiento transforma el mismo fenómeno que degrada la órbita, la resistencia atmosférica, en la fuente inagotable de propulsión del satélite.
El entorno de la alta atmósfera, caracterizado por la presencia de oxígeno atómico generado por la radiación ultravioleta, presenta un desafío considerable debido a su elevada capacidad oxidante, que puede degradar rápidamente componentes críticos de los motores convencionales como electrodos, rejillas y cátodos. Para mitigar esta problemática, Romano concibió un propulsor helicón de radiofrecuencia sin contacto y sin neutralizador. Esta arquitectura evita la exposición directa de elementos sensibles, adaptándose a las variaciones de densidad atmosférica que fluctúan con la latitud, el ciclo día-noche y la actividad solar, garantizando una mayor durabilidad y fiabilidad operacional.
La eficiencia en la captación del gas disperso fue una prioridad en el diseño. El equipo de investigación probó diversas configuraciones, logrando los mejores resultados con una toma especular de geometría parabólica, recubierta de grafito o dióxido de silicio. Este sistema demostró una impresionante eficiencia de captación cercana al 94,3% en ensayos con oxígeno atómico, argón y nitrógeno. Es más, su rendimiento apenas se vio comprometido, cayendo solo ocho puntos porcentuales, cuando el dispositivo se inclinó 15 grados respecto al flujo, un margen de tolerancia crucial para la estabilidad orbital de un satélite.
El diseño del propio motor evoca principios tecnológicos avanzados, inspirándose en equipos médicos de resonancia magnética. Una antena de tipo jaula de pájaro es la encargada de transferir la energía de radiofrecuencia al plasma, mientras que un solenoide adyacente genera el campo magnético necesario para guiar el chorro de plasma hacia la salida. Las pruebas de laboratorio, realizadas en cámaras de vacío, revelaron que aproximadamente el 99% de la potencia eléctrica suministrada se transfería efectivamente al propulsor, logrando mantener corrientes estables de plasma con una potencia de radiofrecuencia sorprendentemente baja, de apenas 50-60 vatios.
Los cálculos proyectan que esta avanzada arquitectura podría sostener un satélite de forma continua entre 190 y 250 kilómetros sobre la Tierra consumiendo menos de 1,6 kilovatios de potencia, una cantidad fácilmente generable por paneles solares convencionales. El modelo se ha aplicado incluso a escenarios pasados, como la misión del satélite GOCE, que concluyó al agotar su propelente de xenón, y se ha explorado su potencial en Marte, donde podría aprovechar la atmósfera rica en dióxido de carbono a alturas de entre 120 y 160 kilómetros. Si bien los ensayos de laboratorio validan el principio de funcionamiento, la verificación de su capacidad para mantener una nave real en órbita durante una misión prolongada constituye el próximo hito crucial en el desarrollo de esta prometedora tecnología.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.





