El cierre de campaña del candidato Abelardo de la Espriella en Barranquilla, Colombia, se configuró como un notorio despliegue de espectáculo y retórica populista. Lejos de la austeridad que a menudo caracteriza los finales de contienda, el evento se distinguió por el uso de drones que dibujaron un tigre en el cielo, una embarcación monumental en el río Magdalena con la imagen del aspirante, y un derroche de fuegos artificiales. Este despliegue, acompañado por una banda sonora ecléctica que incluyó desde cumbia hasta hip-hop y música cristiana, subraya una estrategia que privilegia la imagen y el entretenimiento, buscando movilizar a las masas más allá de las estructuras políticas tradicionales.
Abelardo de la Espriella ha cultivado deliberadamente la imagen de un ‘outsider’, presentándose como el portavoz de ‘los nunca’, una clara alusión a la retórica de ‘los nadie’ empleada por figuras de la izquierda colombiana. Su discurso en Barranquilla no escatimó en ataques directos a sus oponentes, tildando sus campañas de estar ancladas en prácticas clientelistas y lazos con clanes políticos cuestionados, como los Torres o figuras como Pulgar y Name. Esta polarización busca diferenciarlo radicalmente de la derecha establecida, intentando capturar el descontento hacia todo el espectro político tradicional, al que acusa de perpetuar las mismas dinámicas de poder.
Sin embargo, la narrativa del ‘outsider’ se ve matizada por alianzas estratégicas que revelan una conexión con el establecimiento. Pese a sus críticas, De la Espriella ha recibido el apoyo explícito de influyentes grupos políticos, como el poderoso clan Char en Barranquilla, una fuerza dominante en la región Caribe. Además, su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, cuenta con una trayectoria como ministro de Comercio y Hacienda en el gobierno de Iván Duque, lo que contradice la imagen de una campaña completamente ajena a las élites políticas y económicas que han gobernado el país en el pasado.
El eje central de su propuesta se articula en una férrea crítica al gobierno de turno de Gustavo Petro. Abelardo de la Espriella lo acusó de transformar el país en una ‘potencia de la muerte’, haciendo especial énfasis en la escalada de la inseguridad y la crisis del sistema de salud. Este discurso resuena en regiones donde el malestar social es palpable, y donde la promesa de un ‘cambio que no llegó’ ha generado desencanto, incluso en ciudades que, como Barranquilla, mostraron un respaldo significativo a la izquierda en comicios anteriores. La estrategia es clara: capitalizar la frustración con la gestión actual.
La preocupación por la seguridad ciudadana se manifestó como un pilar fundamental en su mensaje, particularmente relevante en el contexto de Barranquilla, donde la extorsión ha paralizado a pequeños y medianos comerciantes. La postura de ‘mano dura’ del candidato, contrastada con una supuesta laxitud hacia el crimen, atrae a un segmento del electorado que busca soluciones drásticas. A pesar de su pasado como abogado defensor de figuras polémicas, sus seguidores interpretan esta labor como una obligación profesional, desvinculándola de su propuesta política, y elogiando su ‘perrenque’ o determinación para enfrentar la criminalidad.
El recurso a símbolos y referencias culturales también ha sido una constante en su campaña. De la Espriella evocó a Gabriel García Márquez y la emblemática novela ‘Cien años de soledad’, tanto para criticar el centralismo bogotano y el histórico aislamiento del Caribe colombiano, como para proyectar una ‘patria milagro’ y el retorno de las ‘mariposas amarillas’. Este sincretismo entre la cultura popular, la fe y el discurso político, busca construir una identidad colectiva y un sentido de pertenencia en torno a su figura, apelando a un arraigo regional y a la esperanza de un futuro diferente, prometiendo el fin de un ciclo político.
El cierre de campaña de Abelardo de la Espriella simboliza la evolución de la comunicación política en la era digital, donde el espectáculo y la emoción a menudo eclipsan el debate programático. Su habilidad para movilizar bases con una mezcla de nacionalismo, crítica al ‘establishment’ y un fuerte mensaje de seguridad, posiciona su candidatura como un fenómeno a observar en el panorama político colombiano, más allá de lo que las encuestas puedan reflejar en un momento dado. **Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.**




