Podemos decir que el lanzamiento de ChatGPT al público de manera gratuita fue el inicio de la “Era de la Inteligencia Artificial”, ya que fue la primera vez que esta nueva tecnología llegó a las manos de todo el mundo y se comenzó a entender qué era. Estos años ha logrado que nadie dude de las capacidades de la IA y de todo lo que puede hacer y, prácticamente, todo el mundo está de acuerdo en que una de las áreas donde más impacto va a tener es en el trabajo.
Esto es porque es la primera tecnología que tiene y puede replicar las capacidades humanas para realizar las tareas que tenemos que hacer en nuestro día a día. Sin embargo, la adopción de la IA en las empresas no está siendo un camino de rosas, por los problemas que hay a la hora de introducirla en los flujos de trabajo.
Según el informe The GenAI Divide, publicado por el MIT, las empresas han invertido entre 30.000 y 40.000 millones de dólares en estas innovaciones, sin embargo, siete de los nueve grandes sectores económicos analizados por los expertos no muestran cambios estructurales.
El problema, según señalan los investigadores, “no es la tecnología, que ya está lista para ser útil, sino la forma que tienen de implementarla las organizaciones” debido a la capacidad de aprendizaje y de adaptación de la tecnología en las empresas.
La mayor fuerza laboral, pero del futuro
Pero este no es el único reto que tiene esta tecnología para hacerse un hueco en el mercado, y es que, aunque pueda estar capacitada para realizar una labor, esta no es completamente fiable. El estudio realizado por Cloudera resalta esta idea, afirmando que el 96% de los responsables IT a nivel global aseguran que la IA está integrada en sus organizaciones, no obstante, solo el 9% reconoce que sus datos están preparados y son accesibles para tareas con esta tecnología.
La falta de regulación y vacíos legales también contribuyen a que las organizaciones pueden tardar más tiempo en adoptar soluciones IA. Esto se debe a que las organizaciones deben evaluar riesgos, adaptar procesos y superar barreras regulatorias internas como los procedimientos del cumplimiento normativo, sin olvidar que la Unión Europea es muy estricta en estas materias.
Aun así, no se puede negar (aunque se trate de esconder) que los empleados utilizan la IA en sus trabajos de diversas maneras. Pero el uso de esta tecnología no es lo que genera inquietud, sino que al no poder usar los servicios que las empresas están integrando porque no están preparadas, los trabajadores usan chatbots de IA generativa comunes como ChatGPT, Gemini o Microsoft Copilot.
A esto se le conoce como Shadow IA, una práctica que el 45% de los empleados de grandes empresas practica y que tiene como consecuencia que el 40 % de los documentos subidos a sitios de IA generativa contengan información sensible, según Layer X.
Esta práctica, que como decimos es cada vez más común, resulta en que estas plataformas de IA generativa son las responsables de, aproximadamente, el 14% de todas las fugas de datos de las empresas.
Esto supone un serio peligro para las organizaciones, sobre todo aquellas que tratan con datos sensibles y que pueden ser objetivo de ciberataques, además de que los informes señalan que más de la mitad de estas aplicaciones pueden ser manipuladas para ofrecer respuestas erróneas o problemáticas. “Esta situación subraya la necesidad de establecer marcos éticos y técnicos más sólidos en el diseño y despliegue de modelos generativos”, señalan desde PaloAlto Networks.
“El hecho de que la gente las use de forma individual revela que aporta valor de verdad”, defiende Nacho Mateo, CEO del foro de innovación y emprendimiento South Summit. “Solo falta que esta tecnología se incorpore de forma segura en las empresas. Pero las corporaciones van a ser siempre muy cautas con eso, así que será un proceso lento”.
Él mismo defiende que esta situación no significa para nada que la aplicación en estos primeros años haya sido un fracaso, sino que se trata de un proceso natural que ha ocurrido con numerosos avances tecnológicos en el pasado como con el blockchain o la realidad aumentada. “Al principio, todo el mundo invierte entusiasmado, luego la tecnología se va puliendo y se ve dónde es realmente útil”.
Por otro lado, una de las primeras ideas y puntos a favor de la integración de la IA en el trabajo era que supondría la eliminación del “error humano”, aunque no hay que olvidar que las máquinas también fallan.
Y a diferencia de las personas, la IA siempre cree que tiene razón y no duda de lo que dice o hace hasta que un humano le señala su fallo, por lo que la supervisión humana es más que necesaria, sobre todo en esta primera etapa de introducción en las empresas.
Por último, otro bache al que se están enfrentando las organizaciones con la IA es la huella medioambiental que tiene. Desde la ONU señalan que “a nivel mundial, la infraestructura relacionada con la IA pronto podría consumir seis veces más agua que Dinamarca, un país de 6 millones de habitantes”. Un ejemplo que llama mucho la atención es que generar una imagen con IA tiene el coste energético comparable a cargar un smartphone en algunos modelos y el gasto de agua de entre 0,5 y 5 litros por imagen.
A parte del consumo de agua y el energético, el diseño y construcción de la infraestructura y los chips necesarios para impulsar la IA requieren el uso de elementos de tierras raras, que a menudo se extraen de formas destructivas para el medio ambiente. Lo que choca con los esfuerzos medioambientales que cada vez más empresas están llevando a cabo.
Pero lo cierto es que solo el 12% de los ejecutivos que utilizan IA generativa reconoce que su organización mide la huella medioambiental de su uso y, de hecho, únicamente el 38% afirma ser consciente de ese impacto medioambiental, que a medida que la adopción de esta tecnología crezca, va a ser cada vez más alto.
Esta situación choca con los esfuerzos medioambientales que cada vez más empresas están llevando a cabo, y se va a acabar convirtiendo en un caballo de Troya para estas mientras no se busquen soluciones más sostenibles.
El futuro es prometedor
Pese a todo lo que se ha avanzado, la IA todavía se encuentra en una etapa muy temprana de adopción en las empresas, y en general en el mundo, ya que para la mayoría de las personas sigue siendo una tecnología desconocida que ven como lejana.
Pero las ganas de introducirla en el día a día de las empresas lo antes posible, a pesar de que todavía no está dando resultados, señala la clara apuesta por la IA y la confianza en que va a ser el motor de las economías de cara al futuro.
Las inversiones en IA por parte de las empresas no dejan de crecer, el informe publicado por Capgemini señala que, en los últimos 12 meses, nueve de cada 10 organizaciones han aumentado la inversión en Gen AI y de esas un 79% está satisfecha con los resultados obtenidos hasta el momento.
Este mismo estudio ha descubierto a su vez que seis de cada 10 organizaciones esperan que la IA sea un miembro activo del equipo o supervise a otras IA en los próximos 12 meses a medida que los trabajadores reciban la formación y herramientas necesarias para hacerlo, al mismo tiempo que la IA se desarrolle y esté mejor adaptada a las necesidades de esto.
Y todavía queda el plato fuerte por venir, ya que cada vez estamos más cerca de las IA General (AGI), que supone un paso más hacia delante al ser una IA que tendría la capacidad de comprender, aprender y aplicar conocimientos en una amplia variedad de tareas a un nivel comparable al de un ser humano, es decir, que pudiera razonar, resolver problemas e incluso transferir conocimientos, lo que elevaría todavía más las capacidades y potencial de esta tecnología.
Cada vez más investigaciones señalan que estamos más cerca de alcanzarla, como la prueba que OpenAI, empresa creadora de ChatGPT, elaboró llamada GPDval, un test que evalúa lo cerca que está la IA actual de convertirse en AGI.
Este examen hace el cálculo en base a la cantidad de trabajos en los que la IA ya supera a los humanos. Durante este, se pusieron a prueba hasta 44 profesiones de nueve sectores diferentes como farmacéuticos, periodistas, abogados, programadores, asistentes sociales y vendedores, entre otros.
Según los resultados publicados por la compañía, la IA ya nos iguala o supera en el 49% de las 44 profesiones estudiadas. En los casos en los que la máquina saca una puntuación de 50% o superior, quiere decir que la IA realiza un trabajo igual o mejor que el humano en la mayoría de las tareas a las que se le expuso, pero lo cierto es que solo tres labores (gestión de proyectos, desarrollo de software y producción y dirección de contenidos audiovisuales) superaron este umbral.






