El 7 de octubre de 2023, la festividad de Sucot se transformó en una tragedia inimaginable en el sur de Israel. Mazal Tazazo, arquitecta y trabajadora social de 36 años, con raíces etíopes y residente de Netivot, se encontraba en el festival Nova. Su testimonio, tres años después, es un crudo recordatorio de la brutalidad experimentada. Acostumbrada a las alarmas de Gaza, comprendió la magnitud sin precedentes de la amenaza, viéndose obligada a fingir su propia muerte para sobrevivir al caos del ‘7 de Octubre’.
La naturaleza de los festivales electrónicos, con ubicaciones reveladas horas antes, generó una falsa sensación de seguridad. Mazal y sus amigos anticipaban alegría, pero este mecanismo fue burlado por terroristas de Hamás, que se infiltraron por tierra y aire. A solo cinco kilómetros de Gaza, encontraron una multitud desprevenida. El amanecer, momento culmen de la fiesta, se tornó el inicio de una masacre, con misiles surcando el cielo y la música silenciada por órdenes de evacuación que presagiaban lo inimaginable.
La huida inicial de los asistentes se topó con un embotellamiento caótico. La evacuación ordenada degeneró en terror, con vehículos atacados indiscriminadamente y agentes de seguridad respondiendo a disparos. Mazal y sus amigos buscaron refugio entre los matorrales ante la visión de hombres armados. Mazal, golpeada en la cabeza y atada, tomó la desgarradora decisión de hacerse la muerta, un acto extremo que subraya la inhumanidad del asalto perpetrado.
Al despertar, Mazal se enfrentó a la devastadora realidad: sus amigos, Danielle y Yohai, yacían sin vida, desfigurados por la violencia. Los atacantes incluso incendiaron la vegetación para forzar a los ocultos a salir. Ardiendo, Mazal logró escapar corriendo y refugiarse en un vehículo abandonado, donde encontró ayuda inesperada de Itai Aaroni y otra mujer. Juntos, un pequeño grupo de cinco, lograron huir, dejando atrás un paisaje de muerte y desolación.
Tres años después, las secuelas persisten con intensidad desgarradora. Mazal ha tenido que sepultar los restos de su amiga Danielle en múltiples ocasiones, prolongando el duelo y la incomprensión. Su discurso se carga de preguntas sin respuesta sobre la barbarie y la percibida indiferencia internacional. Menciona incidentes como el del copiloto de Flydubai como eco de una sociedad global expuesta a violencia irracional, alimentando su desconfianza en las instituciones.
La lucha por el derecho a existir, expresada por Mazal Tazazo, encapsula un sentimiento de profunda vulnerabilidad. Su crítica hacia quienes, en posiciones de poder, ‘no distinguen el bien del mal’, señala una crisis ética y humanitaria. Para Mazal, y para innumerables víctimas, la superación de estos traumas no es una posibilidad clara. La cicatriz del 7 de octubre permanece abierta, un recordatorio constante de la fragilidad de la paz y la persistencia de la amenaza terrorista.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.




