Fitch Ratings ha emitido una contundente advertencia sobre la salud financiera de México, señalando que el sostenido respaldo estatal a Petróleos Mexicanos (Pemex) constituye un impedimento directo para una mejora en su calificación crediticia soberana. Shelly Shetty, directora de soberanos en América Latina para Fitch, afirmó que el balance presupuestario mexicano está ‘contaminado’ por la asistencia financiera otorgada y anticipada a la petrolera estatal. Este apoyo resta un escalón completo a la evaluación del país, manteniéndola en ‘BBB-‘, el nivel más bajo dentro del grado de inversión con perspectiva Estable desde abril de 2020.
La implicación de una ‘Calificación México’ en el límite inferior del grado de inversión es significativa para los mercados internacionales, reflejando un riesgo moderado de incumplimiento. Esto se traduce en mayores costos de endeudamiento para el gobierno y las empresas nacionales, además de potenciales restricciones en el acceso a capital. La metodología de Fitch subraya que, a pesar de otras fortalezas económicas, la carga de Pemex proyecta una sombra sobre la percepción de riesgo soberano, limitando la capacidad del país para ascender en la credibilidad financiera global. La expectativa de asistencia continua a la petrolera es un factor clave en esta proyección.
Más allá de Pemex, la perspectiva de la calificación soberana se ve modulada por el bajo crecimiento económico y la imperante necesidad de una consolidación fiscal robusta. La incertidumbre generada por la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) también influye en las decisiones de inversión a largo plazo, aunque Fitch aclara que el proceso no tiene un impacto directo específico en la calificación. No obstante, la confianza de los inversionistas es fundamental para el dinamismo económico, y cualquier elemento que la merme, aunque sea indirectamente, merece una profunda consideración.
Un punto favorable en el análisis de Fitch es la composición de la deuda pública. Con un estimado del 55% del Producto Interno Bruto, la deuda soberana se mantiene por debajo del 60% que exhiben sus pares con calificaciones similares. Crucialmente, una proporción considerablemente alta de esta deuda está denominada en moneda local, lo que la expone menos a los riesgos asociados a las fluctuaciones cambiarias. Este factor contrasta fuertemente con la mediana de los países pares, donde entre el 30% y el 35% de la deuda suele estar en divisa extranjera, mientras que en México esta proporción es inferior al 20%, ofreciendo una sólida ventaja estructural y reduciendo vulnerabilidades externas frente a choques financieros.
La imperiosa necesidad de avanzar en la consolidación de las finanzas públicas se perfila como un eje central para la mejora de la calificación. Fitch observa dos vías: acelerar el crecimiento económico para incrementar la recaudación fiscal, o implementar una reforma fiscal estructural que amplíe la base gravable. Aunque México ha logrado mejorar sus ingresos tributarios sin una reforma profunda gracias a una gestión más eficiente y mayor fiscalización, esta estrategia muestra signos de posible agotamiento a mediano plazo. Por ello, la conversación sobre una futura reforma fiscal estructural es ineludible, pues permitiría atender las crecientes demandas de gasto público de manera sostenible, generar ‘buffers’ fiscales y proporcionar mayor claridad a los inversionistas, fortaleciendo la resiliencia macroeconómica del país.
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