Ante el temor de que el aparato de la dictadura chavista encuentre la forma de sobrevivir, reciclarse o incluso eludir el bloqueo bajo el mando provisional de Delcy RodrĂguez, el presidente Donald Trump ha decidido reforzar el papel de Marco Rubio como garante … absoluto del dinero de la reconstrucciĂłn de Venezuela. La prioridad inmediata es evitar que la caĂda de Nicolás Maduro desemboque en una transiciĂłn controlada por los mismos engranajes que sostuvieron el rĂ©gimen durante años.
El movimiento quedó plasmado en un decreto ejecutivo firmado sin anunciarse o firma pública que blinda los fondos derivados de la venta de recursos venezolanos y los coloca bajo custodia de Estados Unidos. El texto, datado el 9 de enero, declara una emergencia nacional para impedir que ese dinero sea embargado, transferido o sometido a procesos judiciales, y establece que solo podrá utilizarse bajo instrucciones determinadas por el secretario de Estado.
En la práctica, Rubio se convierte en el Ăşnico árbitro sobre cĂłmo se gastará cada dĂłlar destinado a la transiciĂłn. Es algo que deja a RodrĂguez y el rĂ©gimen sin control efectivo de las inversiones. El secretario de Estado acude al Capitolio el dĂa 28 a explicar en el Senado su polĂtica hacia Venezuela, y se enfrentará a preguntas de ambos partidos.
La mencionada orden ejecutiva tiene un propĂłsito doble. Por un lado, proteger esos fondos del asedio de acreedores internacionales que durante años han acumulado reclamaciones contra Venezuela. Por otro, impedir que el dinero termine absorbido por el mismo sistema de corrupciĂłn que definiĂł al chavismo. La Casa Blanca insiste en que Delcy no tendrá ninguna capacidad de decisiĂłn sobre esos recursos. «En ningĂşn caso», repiten funcionarios consultados. La frase funciona como garantĂa polĂtica en Washington, a los republicanos, y como advertencia hacia Caracas.
Este decreto deja a Delcy RodrĂguez y el rĂ©gimen sin control efectivo de las inversiones
El decreto describe esos fondos como «propiedad soberana» de Venezuela, pero bajo una custodia estrictamente externa, de Rubio. No se trata de una operaciĂłn comercial, sino de una herramienta de polĂtica exterior para control remoto de la dictadura. El Tesoro deberá designar las cuentas de forma que quede claro que el dinero no pertenece a Estados Unidos, pero tampoco puede ser usado sin autorizaciĂłn. La AdministraciĂłn lo presenta como una barrera tĂ©cnica contra el desvĂo, una forma de mantener el control desde Washington mientras se administra una transiciĂłn que sigue siendo frágil.
La decisiĂłn llega en un momento en que Trump intenta sostener un equilibrio incĂłmodo. En el plano de lo visible, mantiene una relaciĂłn de trabajo con Delcy para gestionar expedientes urgentes: coordinaciĂłn migratoria, liberaciĂłn de presos, marco mĂnimo para operaciones energĂ©ticas. En el carril interno, secreto, trata de blindar cada paso para que esa cooperaciĂłn no se interprete como indulgencia. El dinero de crudo, en ese contexto, es la lĂnea roja.
Escepticimo de los republicanos
En el Capitolio, la presiĂłn ha sido casi inmediata. Los republicanos de Florida —la delegaciĂłn más influyente en la polĂtica hacia Venezuela y la más conectada con el exilio— han expresado un escepticismo abierto sobre el plan de vender petrĂłleo venezolano mientras Delcy siga en el poder. Trump contempla vender hasta 50 millones de barriles de crudo. La primera operaciĂłn, segĂşn fuentes citadas este mismo lunes por el medio Semafor, habrĂa generado 500 millones de dĂłlares, y Reuters informĂł de que una parte sustancial fue inyectada de vuelta en la economĂa venezolana.
Para los diputados de Florida, esa cifra no es un alivio: es una alarma. Mario DĂaz-Balart lo resumiĂł Ă©l mismo con crudeza, argumentando que RodrĂguez no es solo una figura provisional, sino alguien con «un historial extensĂsimo de corrupciĂłn». «Ha hecho cosas horribles», añadiĂł. La frase condensa el temor de una delegaciĂłn que domina el ala dura republicana sobre Venezuela y que está estrechamente alineada con MarĂa Corina Machado.
MarĂa Elvira Salazar reclamĂł supervisiĂłn permanente. «Eso tiene que caer en manos americanas», dijo. «Sabemos lo que esa gente hace con el dinero. No lo van a dar a los hospitales de Caracas». Carlos GimĂ©nez lo planteĂł en tĂ©rminos directos: quizá haya que pagar salarios o comprar suministros para la poblaciĂłn, pero «no es para meterlo en el bolsillo del rĂ©gimen».
Detrás de esas advertencias hay una sospecha estructural: que el chavismo, incluso descabezado tras la captura de Maduro, conserve el control de la burocracia, de los puertos, de la cadena de mando y de los circuitos financieros informales. El temor no es solo que el dinero se pierda, sino que se convierta en combustible para una continuidad encubierta e indeseada. Es decir, un sistema que cambia de rostro, pero no de naturaleza.
El decreto ejecutivo que blinda los fondos petroleros contiene pasajes que explicitan el enfoque legal y práctico de la Casa Blanca. Define esos ingresos como propiedad de Venezuela que «será retenida en custodia por el gobierno de Estados Unidos… pendiente de disposición soberana para fines públicos, gubernamentales o diplomáticos determinados por el secretario de Estado».
Control institucional
Ese lenguaje procesal y tĂ©cnico contrasta con la retĂłrica de Trump, que en varios encuentros con ejecutivos petroleros y en declaraciones pĂşblicas ha afirmado que su AdministraciĂłn está «entregando» o gestionando el crudo venezolano para abrir el paĂs a las compañĂas estadounidenses y recuperar inversiĂłn nacional. En realidad, el decreto no remite a una cesiĂłn a un individuo, sino a un control institucional que busca evitar, segĂşn la Casa Blanca, que el dinero sea usado por acreedores o por redes vinculadas al antiguo rĂ©gimen.
Trump ha defendido pĂşblicamente su estrategia energĂ©tica como una forma de atraer a las grandes petroleras de Estados Unidos para invertir en la reconstrucciĂłn de Venezuela, ofreciendo seguridad y garantĂas de gobierno para que compañĂas como Chevron, Exxon o Conoco gastaran miles de millones de dĂłlares en infraestructura petrolera. El objetivo, segĂşn la administraciĂłn, es generar estabilidad polĂtica y econĂłmica que haga posible negocios sostenibles para esas empresas en un paĂs con las mayores reservas de crudo del mundo, pese a los riesgos e incertidumbres iniciales del entorno.





