Los recientes y alarmantes incidentes en las refinerías de Petróleos Mexicanos (Pemex) han puesto de manifiesto profundos ‘desafíos operacionales’ y han elevado el escrutinio sobre la seguridad y eficiencia de su infraestructura energética. Lo que ha sido calificado como un ‘mes horribilis’ para la paraestatal mexicana, incluyó la trágica pérdida de cinco vidas en la refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco, a mediados de marzo, a causa de un incendio provocado por un desborde de aguas aceitosas. A este evento se sumaron otro incendio en el área de coque de la misma refinería, un derrame de diésel en Deer Park, Texas, y un incidente con una columna de humo en Tula, Hidalgo, evidenciando una preocupante recurrencia de fallas.
Estos acontecimientos no solo subrayan la vulnerabilidad de las operaciones de Pemex, sino que también reavivan el debate sobre la estrategia energética de México, particularmente el ambicioso objetivo de la autosuficiencia en combustibles. El gobierno ha inyectado miles de millones de dólares en la adquisición de la refinería Deer Park y en la construcción de Dos Bocas, además de significativos recursos para rehabilitar otras seis refinerías históricas. A pesar de esta inversión colosal, que supera los 25.000 millones de dólares, el Sistema Nacional de Refinación opera por debajo de su capacidad y México sigue dependiendo de la importación de gasolinas, lo que cuestiona la efectividad de las políticas implementadas.
Una de las causas fundamentales señaladas por expertos es la inadecuación del diseño original de la mayoría de las refinerías mexicanas frente al tipo de crudo que procesan actualmente. Construidas hace más de medio siglo para manejar crudo ligero, estas instalaciones ahora se ven forzadas a procesar crudos más pesados y con mayor contenido de azufre, como el crudo Maya y sus variantes Maloob, Zaap y Ayatsil. Esta disparidad química provoca una inestabilidad operativa, lo que se traduce en paros no programados, una reducción drástica de la productividad y un aumento significativo en los costos de mantenimiento y reparación, generando un ciclo de ineficiencia.
Más allá de las limitaciones de infraestructura, el factor humano emerge como un componente crítico en esta ecuación. Analistas de la industria petrolera, incluyendo a consultores con experiencia directa en Pemex, han destacado una ‘brecha en las habilidades operativas’ del personal. La adquisición y construcción de complejos de alta tecnología, como Dos Bocas y Deer Park, contrasta con la aparente falta de capacitación especializada para su manejo. La analogía de operar un ‘Ferrari último modelo’ con la experiencia de conducir un ‘Volkswagen escarabajo’ ilustra vívidamente la desconexión entre la tecnología de punta y las capacidades del personal encargado de su operación y mantenimiento.
La recurrencia de accidentes en las instalaciones de Pemex ha sido una constante histórica, superando frecuentemente la media internacional en seguridad industrial. Si bien hubo un período de mejora, alcanzando un mínimo de 0.23 accidentes por millón de horas-persona trabajadas en 2018, los datos más recientes de 2022 y 2025 muestran un repunte preocupante. A pesar de las multimillonarias inversiones en infraestructura y seguridad, el número de incidentes significativos reportados a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos ha permanecido relativamente estable desde 2010, sugiriendo que las causas raíz persisten sin una solución integral.
El caso de la refinería Deer Park, en Estados Unidos, es particularmente revelador. Tras la adquisición total por parte de Pemex en 2022, la salida del personal de Shell y la consecuente transferencia de responsabilidades operativas a la estatal mexicana coincidieron con un aumento de incidentes mayores. Un informe de la Junta de Investigación de Seguridad Química y Riesgos (CSB) sobre una fuga de gas ácido en octubre de 2024 que cobró dos vidas, apuntó a la ‘falta de identificación adecuada de las tuberías’ como causa principal. El informe destacó que Pemex no mantuvo las rigurosas prácticas de etiquetado y seguridad de Shell, lo que llevó a errores fatales por parte de los trabajadores.
Estos eventos, si bien localizados, proyectan una sombra sobre la gobernanza corporativa y las prácticas de gestión de riesgos de Pemex a nivel global. La persistencia de incidentes, la ineficiencia en el procesamiento de crudos y la aparente falta de inversión en capital humano capacitado, no solo tienen implicaciones económicas y ambientales significativas, sino que también erosionan la confianza pública y la reputación internacional de una de las mayores empresas petroleras de América Latina. Urge una reevaluación profunda de las estrategias operativas, de seguridad y de desarrollo de personal para garantizar la viabilidad y sostenibilidad a largo plazo de Pemex.
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