La cineasta costarricense Valentina Maurel, una figura emergente en el panorama cinematográfico global, se alista para el estreno de su segundo largometraje, ‘Soy tu animal materno’, en la prestigiosa sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes. Su obra representa una de las escasas propuestas latinoamericanas, y la única centroamericana, en este certamen. Sin embargo, su incursión subraya una crítica persistente sobre la percepción eurocéntrica que impera en los grandes festivales, donde el cine centroamericano a menudo se ve encasillado en narrativas preestablecidas, limitando la diversidad temática y la autonomía creativa de sus realizadores.
Maurel, reconocida por un estilo que explora las complejidades emocionales y las dinámicas familiares crudas, se desmarca de los estereotipos que Europa parece esperar de la región. Su cine es un reflejo de realidades íntimas y personales, un contrapunto a la demanda implícita de historias centradas exclusivamente en el tráfico de drogas o conflictos armados. Esta disonancia no solo expone un prejuicio arraigado en la industria cinematográfica occidental, sino que también revela la lucha de los cineastas centroamericanos por definir su propia identidad narrativa y superar las etiquetas que les son impuestas desde fuera.
El éxito de Maurel, que incluye un premio en Cinéfondation en 2017 y galardones en Locarno y San Sebastián, es parte de una nueva ola de talentos femeninos en Costa Rica. Junto a figuras como Antonella Sudassasi y Sofía Quirós, estas directoras están redefiniendo el cine ‘tico’, que históricamente ha tenido una producción limitada. Su emergencia colectiva demuestra la vitalidad de una generación que se apoya mutuamente y que, a través de obras diversas, desafía la noción de que el arte de la región debe ser unidimensional o meramente testimonial de crisis sociales.
La directora ha expresado su preocupación por la expectativa europea de que las producciones de Centroamérica sirvan como una ‘explicación’ de una región desconocida, a menudo simplificando personajes a arquetipos de ‘luchadores’ o ‘víctimas’. Este fenómeno no solo restringe la libertad creativa, sino que también perpetúa una mirada paternalista que despoja al cine local de su capacidad de explorar temas universales desde una perspectiva propia. La insistencia en narrativas específicas por parte de los mercados y audiencias europeas crea un techo de cristal para la verdadera internacionalización y el reconocimiento de la riqueza cultural centroamericana.
Además de la presión externa, el ecosistema cinematográfico de Costa Rica enfrenta desafíos internos considerables. La financiación, que depende en gran medida de fondos estatales concursables, es burocrática e inestable. La propia Maurel experimentó esta fragilidad al no obtener fondos para ‘Soy tu animal materno’, lo que casi llevó la producción fuera del país. Este ‘desfase’ entre el surgimiento de nuevos talentos y una institucionalidad poco flexible amenaza la consolidación de una industria local que, pese a su incipiente desarrollo, ha logrado proyección internacional notable.
Para superar estas barreras, es imperativo que Costa Rica implemente mecanismos de financiamiento más estables y diversificados, como un impuesto al cable y a las plataformas digitales, una práctica común en otras latitudes para fortalecer las industrias culturales. La visibilidad que cineastas como Maurel aportan al país debería ser un catalizador para que la administración entrante apoye decididamente al sector, asegurando que los productores europeos no se desalienten y que el cine costarricense pueda seguir filmando en su propia tierra, construyendo una narrativa auténtica y plural.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.




