La reciente desaparición de la emblemática Editorial Era ha catalizado una respuesta estatal largamente esperada en México. Tras una década de inactividad gubernamental, la Secretaría de Cultura y el Fondo de Cultura Económica (FCE) han anunciado un programa de adquisición de libros valorado en 50 millones de pesos, destinado a revitalizar las bibliotecas públicas del país. Esta iniciativa, que se percibe como un ‘salvavidas’ para un sector en precariedad, marca el resurgimiento de las ‘Ayudas públicas’ directas que buscan inyectar liquidez y reactivar la cadena de valor del libro, evidenciando cómo la crisis de una entidad clave puede precipitar la acción política.
Este significativo desembolso busca subsanar un vacío que ha impedido la actualización de los acervos bibliotecarios durante quince años, según declaraciones de Paco Ignacio Taibo, director del FCE. La ausencia de compras gubernamentales ha significado que obras literarias fundamentales de la última década, como ‘Temporada de huracanes’ de Fernanda Melchor (2017), ‘Casas vacías’ de Brenda Navarro (2019) o ‘El invencible verano de Liliana’ de Cristina Rivera Garza (2021), no hayan llegado a estos espacios esenciales para el fomento de la lectura. Esta desconexión entre la producción literaria contemporánea y el acceso público ha contribuido al estancamiento cultural y educativo en vastas regiones del país.
La red de bibliotecas públicas en México, que asciende a 7.600 centros, enfrenta una desintegración nacional significativa. Para la presente convocatoria, se han seleccionado inicialmente 200 bibliotecas que, según Taibo, poseen la capacidad de ‘arrastre’ para expandir el impacto de los nuevos títulos. Un requisito clave es que las editoriales dispongan de al menos 200 ejemplares de cada título propuesto, asegurando así una distribución mínima en los recintos elegidos. Este modelo busca optimizar los recursos, aunque también genera un desafío logístico para las editoriales que deben asegurar inventarios adecuados en un contexto de incertidumbre económica.
La suspensión de compras públicas ha generado un deterioro progresivo en la industria. Datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) revelan que en 2024 la publicación de nuevos títulos disminuyó un 15%, y el valor de producción se redujo en un 8% hasta los 2.386 millones de pesos. Simultáneamente, las ediciones importadas han duplicado su presencia, pasando del 7% al 14% del mercado desde 2020, mientras que las nacionales han retrocedido. Aunque la facturación global creció un 4.8% debido al aumento promedio de 11 pesos por ejemplar, estos incrementos no compensan la contracción estructural ni la ausencia de ventas a programas estatales.
La Secretaria de Cultura, Claudia Curiel, ha contextualizado esta acción como parte de una ruta estratégica que prioriza la ‘sostenibilidad del sector’. A la par de esta convocatoria, se ha anunciado la implementación de la ‘tasa 0’ para librerías, una medida esperada que dejará aproximadamente 200 millones de pesos en los comercios para 2027, corrigiendo una asimetría fiscal que ya beneficiaba a las editoriales desde el año 2000. Mirando al futuro, la Secretaría planea modernizar los sistemas de catalogación y fortalecer las ferias estatales y municipales, buscando descentralizar el acceso a la oferta editorial y hacerla más accesible al público general.
Si bien la convocatoria está abierta a editoriales de todos los tamaños, su impacto se prevé particularmente significativo para las casas independientes, muchas de las cuales operan con márgenes estrechos. Emiliano Becerril, de Elefanta, describe la situación como ‘una moneda al aire’, pero reconoce que la adquisición de un número considerable de ejemplares, incluso de un solo título, representaría ‘un respiro’ crucial. Las instituciones públicas como el Colegio de México (Colmex), a pesar de contar con valiosos catálogos, no participan en esta iniciativa, dada su estabilidad financiera comparativa y su enfoque principal en la academia y la investigación.
Gabriela Said, directora de Publicaciones del Colmex, explica que la principal vía para que las editoriales públicas lleguen a las bibliotecas ha sido la donación, un método que considera ‘virtuoso’. Aunque valora la iniciativa por su potencial para conectar a los lectores con las editoriales, señala que los desafíos de las instituciones académicas difieren, incluyendo la crisis de suministro de papel, exacerbada por ‘las guerras del otro lado del mundo’, y las dificultades en la distribución de contenido especializado. La caída de Era ha abierto un ‘debate profundo y diverso’ sobre el ecosistema del libro en México, trascendiendo la mera liquidez para interrogar el rol de cada actor.
La conversación actual se centra no solo en la disponibilidad de libros, sino en ‘cuánto y cómo se lee’, y cómo atraer a la ciudadanía a las bibliotecas. Becerril concluye con cautela que, aunque celebra la ‘voluntad y reacción rápida’ tras la desaparición de Era y la consecuente convocatoria, ‘una golondrina no hace verano’. Este primer paso, aunque vital, debe ser el inicio de una política pública sostenida y multifacética que permita al sector editorial mexicano ’emprender vuelo de nuevo’ y garantizar un acceso equitativo a la cultura escrita. Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.





