La reciente y discreta reunión en Santiago entre el presidente chileno José Antonio Kast y el magnate Peter Thiel, cofundador de PayPal y figura central en Palantir Technologies, ha encendido alarmas significativas en el panorama político global. Thiel, conocido por su visión cínica de la democracia y su influencia en el sector de la inteligencia artificial y el ‘big data’, representa una corriente de pensamiento que no oculta su desapego por las libertades democráticas. Este encuentro, dada la controvertida filosofía de Thiel, quien ha declarado que ‘la libertad y la democracia ya no son compatibles’ y ha protagonizado desencuentros incluso con el Vaticano por sus ideas, proyecta una sombra inquietante sobre una posible inclinación hacia el ‘iliberalismo’ en la política chilena y plantea serias interrogantes sobre la dirección del gobierno.
La preocupación por esta potencial deriva iliberal se ve acentuada al considerar la trayectoria de José Antonio Kast en la esfera de la derecha internacional más radical. Su rol como presidente de la ‘Political Network for Values’, una de las plataformas conservadoras globales más influyentes, y su participación recurrente en los festivales ‘Viva Europa’ organizados por el partido español VOX, lo posicionan firmemente dentro de un ecosistema que promueve visiones antiliberales. Este entramado global conecta las extremas derechas con ciertos sectores de Silicon Valley, donde, según expertos, se ha gestado un ‘golpe de Estado tecnológico’ tan eficiente como invisible, redefiniendo las dinámicas de poder y la misma concepción de la gobernanza democrática.
La retórica de Kast en diversas ‘guerras culturales’ añade otra capa a estas sospechas. Desde su desdén por la ciencia como motor de empleo hasta sus denuncias de un supuesto ‘monopolio progresista’ en medios y universidades, sus posturas resuenan con elementos de la ‘ilustración oscura’. Aunque el presidente chileno pudiera no estar familiarizado directamente con teóricos como Curtis Yarvin o Nick Land, su participación en este ecosistema ideológico lo expone a ideas ‘infecciosas’ que critican ferozmente las instituciones liberales tradicionales, percibidas como ‘la catedral’ dominada por la izquierda. Esto es particularmente intrigante para un líder que se profesa fervorosamente católico, dada la naturaleza blasfema que algunos atribuyen a ciertos aspectos del pensamiento de Thiel.
Un antecedente clave en esta secuencia de eventos fue la visita de Kast a Viktor Orbán en Hungría, pocas semanas antes de asumir la presidencia de Chile. Orbán ha sido el principal exponente de las ‘democracias iliberales’, un modelo que él mismo reivindicó explícitamente en 2014, cimentando un sistema donde las reglas y arreglos institucionales se asemejan a filosofías de ‘amarre’ propias de regímenes autoritarios, evocando ecos de la dictadura de Pinochet en Chile. La inalterada postura ‘pinochetista’ de Kast, sin autocríticas ni negaciones, hace que este encuentro con Orbán no sea una sorpresa, sino una coherente manifestación de sus afinidades ideológicas, incluso si el líder húngaro enfrentaba en ese momento un declive político.
Finalmente, la propuesta del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de reformar el sistema tributario mediante ‘gestión y decretos’ si su ‘megarreforma’ fuera rechazada en el Congreso, ha profundizado la inquietud. Esta declaración reavivó los recuerdos de la campaña presidencial de Kast, cuando ya había sugerido gobernar por decretos, provocando una avalancha de críticas incluso desde la derecha democrática. La meditación pública de Quiroz, sin sopesar las implicaciones políticas, desató una ola de rechazo por parte de la propia derecha tecnocrática, que señaló la inviabilidad de tal estrategia, dado que las reformas tributarias están reguladas por leyes que no pueden ser modificadas por simples decretos, reafirmando los límites del poder ejecutivo.
Estos múltiples elementos, desde alianzas internacionales hasta retóricas internas y propuestas de gobernanza, convergen para trazar una ruta preocupante hacia el iliberalismo en Chile. Aunque existe una ‘derecha democrática’ que históricamente ha asumido las reglas del juego representativo y sigue siendo un contrapeso esencial, la proliferación de corrientes abiertamente antiliberales y antipluralistas plantea un desafío constante. Este escenario local se inserta en un contexto global de ascenso de las derechas radicales, como lo demuestra el reciente éxito del partido Reform UK en las elecciones locales británicas, que avanza con promesas iliberales y reduce el optimismo que generó la derrota de Orbán en Hungría.
El futuro político no está preescrito, pero las consecuencias del iliberalismo sí. Hemos transitado un cuarto de siglo en este dilema entre la democracia liberal y sus antagonistas. Es imperativo tomar conciencia y, como clamaba ‘La Pasionaria’, ‘¡No pasarán!’. Sin embargo, observamos que, de diversas formas, siguen avanzando. Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.




