Desde su ascenso al poder en 2016, Donald Trump es el jefe del Partido Republicano. De hecho, mantiene el nombre por pura formalidad. Es el partido de Trump, como quedĂł claro, más que nunca, tras el asalto al Capitolio de enero de 2021 y … tras sus imputaciones penales de 2023. Sus bases le fueron leales, y sus lĂderes no tuvieron más remedio que ir detrás.
Ese liderazgo viviĂł la mayor prueba de los Ăşltimos años esta semana con la tramitaciĂłn de su gran apuesta legislativa, su enorme ley fiscal y presupuestaria, la llamada ‘One, Big, Beautiful Bill’ (ley ‘Una, grande y bella’), el armazĂłn presupuestario de su agenda polĂtica.
Trump echĂł un pulso al partido y saliĂł victorioso. ExigiĂł cosas muy difĂciles de aceptar para los dos extremos del partido: estimaciones de aumento del dĂ©ficit de 3,3 billones de dĂłlares en una dĂ©cada, a lo que se oponen los ‘halcones’ fiscales; y recortes en programas asistenciales como Medicaid -la cobertura sanitaria pĂşblica para personas de bajos recursos-, con difĂcil venta en los distritos moderados o con mucha poblaciĂłn pobre. Y, para rematar, exigiĂł con capricho que todo estuviera hecho para este viernes 4 de julio, festivo nacional, para bañar el DĂa de la Independencia con su propio logro. SacĂł mĂşsculo y se lo dieron todo.
Trump lo consiguiĂł desplegando su rango amplio de diplomacia con los republicanos que tenĂan que votar: desde el halago empalagoso hasta la amenaza de destrozar su carrera, desde los mensajes a millones en redes sociales al compadreo durante una partida de golf.
Cerca de 1.400 millones acumulados
El presidente de EE.UU. dio un anticipo de ello desde el pasado fin de semana, durante la negociaciĂłn del texto que saldrĂa del Senado. InvitĂł a jugar a golf a su club en Virginia a varios senadores. Entre ellos, Lindsay Graham, un gran aliado. Pero tambiĂ©n a Rand Paul, uno de los pocos dĂscolos, de esos conservadores que se toman en serio las proclama de combatir el dĂ©ficit. Le agasajĂł poco despuĂ©s de atizarle en redes sociales. Más duro fue con otro senador que se plantĂł, Thom Tillis. Le amenazĂł con apoyar a un candidato en primarias para evitar su reelecciĂłn el año pasado. No hizo falta. Tillis anunciĂł que no se presentará, lo que refuerza el actual estado del Partido Republicano: o con Trump, o fuera del partido. Y no es solo por su ascendencia sobre los votantes. SegĂşn ‘Fox News’, Trump ha acumulado cerca de 1.400 millones de dĂłlares entre donaciones y compromisos para las arcas del partido, que utilizará contra cualquier republicano al que quiera sacar de su escaño.
Hubo otras amenazas pĂşblicas. «Recordad que os tienen que volver a elegir», clamĂł Trump en su red social. La ley saliĂł adelante en el Senado el martes. Faltaba la Cámara de Representantes, donde se tendrĂa que tramitar a contrarreloj y con un texto que, en principio, provocarĂa la oposiciĂłn de muchos republicanos.
Trump se puso manos a la obra. TodavĂa no habĂa amanecido el miĂ©rcoles y ya habĂa descolgado el telĂ©fono. SegĂşn ‘Politico’, estuvo desde antes de las cinco de la mañana del miĂ©rcoles haciendo llamadas a su equipo y a decenas de diputados. Halagando, presionando, amenazando. La campaña de ese dĂa durĂł veinte horas, trufada con mensaje de apoyo a la ley en redes sociales, con promesas del futuro de prosperidad que traerá a EE.UU. Y subiendo el tono, ya en la madrugada del jueves, cuando se sospechaba que todavĂa quedaban irreductibles. «¿A quĂ© esperan los republicanos? ÂżQuĂ© es lo que tratan de demostrar? MAGA no está contenta y os está costando votos», amenazĂł en referencia a su base de votantes, con el nombre ‘Make America Great Again’ (‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’).
Pero no solo fueron llamadas telefónicas. Ese miércoles, decenas de diputados republicanos desfilaron por la Casa Blanca, donde Trump sedujo a algunos que en algún momento parecieron irreductibles frente al aumento del déficit.
«No regalĂ©is una victoria a los demĂłcratas, no entrĂ©is en su juego», les decĂa, segĂşn ‘The New York Times’. Trump querĂa a toda costa la aprobaciĂłn de la ley en sus tĂ©rminos. Para poder celebrarla como hizo este jueves por la noche en Iowa -en el arranque de las celebraciones del 250 aniversario de la fundaciĂłn del paĂs, que se cumple el año que viene- y el viernes en la Casa Blanca el 4 de julio, uniendo alrededor de su persona la historia del paĂs y el futuro prometedor que le espera con esta ley.
Algunos se fueron de allĂ con regalos. A Chip Roy, uno de esos ‘halcones’ fiscales, le dio ‘souvenirs’ de la Casa Blanca para su hijo. A Tim Burchett le firmĂł una tarjeta con su nombre. «Me dijo que le gusta cuando me ve en televisiĂłn, lo que es bastante guay», celebrĂł el diputado en redes sociales
Es algo habitual en las tácticas de seducción de Trump: regala halagos, manda notas escritas, reparte invitaciones a Mar-a-Lago, su mansión y club privado en la costa de Florida, o a peleas de UFC, donde el público siempre es partidario. Todas ellas tienen un gran impacto. Sobre todo, por la principal norma que rige al actual Partido Republicano: «No enfades a Trump».






