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- Autor, Ana Faguy*
- TĂtulo del autor, BBC News
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Elizabeth Butler va de un supermercado a otro en su ciudad natal, Martinsburg, West Virginia, para asegurarse de que consigue el mejor precio en cada artĂculo de su lista de la compra.
Junto con 42 millones de estadounidenses, paga esos alimentos con subsidios federales. Ese dinero no cubre toda la factura de su familia de tres miembros.
“La comida no nos dura ni un mes”, dice. “Voy a todos estos sitios diferentes sĂłlo para asegurarme de que tenemos comida suficiente para todo el mes”.
Pero ese dinero podrĂa acabarse pronto, ya que el Congreso se prepara para votar lo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha acuñado como su “gran y hermosa ley”.
El programa de subsidios alimentarios que utiliza la señora Butler -llamado Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, comúnmente conocido como SNAP- es una de las muchas partidas en el bloque de recortes, mientras el Congreso trata de conciliar las demandas aparentemente contradictorias del presidente de bajar los impuestos y equilibrar el presupuesto.
El Senado debe votar su versión del proyecto de ley pronto. Si se aprueba, se someterá a votación en la Cámara de Representantes, momento en el que se enviará a Trump para que la firme.
El presidente ha presionado a las dos cámaras del Congreso, que controla el Partido Republicano, para que aprueben la ley antes del 4 de julio.
La polĂtica detrás del recorte del SNAP
SNAP ofrece a los hogares con bajos ingresos, incluidos los estadounidenses adultos mayores, las familias con niños y las personas discapacitadas, dinero cada mes para comprar alimentos.
En West Virginia, uno de los estados con mayor Ăndice de pobreza, el 16% de la poblaciĂłn depende de esta prestaciĂłn.
El estado es también un bastión republicano fiable y votó abrumadoramente a Trump en noviembre de 2024, cuando se presentó con la promesa de reducir el coste de la vida de los estadounidenses, incluido el precio de los comestibles.
“Cuando gane, bajarĂ© inmediatamente los precios, empezando el primer dĂa”, dijo en una rueda de prensa en agosto rodeado de alimentos envasados, leche, carnes y huevos.

Meses después de que el presidente hiciera esa promesa, los precios de los comestibles de compra habitual, como el zumo de naranja, los huevos y el tocino, son más altos que en la misma época del año pasado.
Es un hecho que no ha pasado desapercibido para Butler: “El presidente aĂşn no ha cambiado los precios de los alimentos y prometiĂł a la gente que lo harĂa”.
Trump ha argumentado, sin dar una explicaciĂłn de cĂłmo, que los recortes de gastos en el proyecto de presupuesto de 1.000 páginas ayudarán a bajar los precios de los alimentos: “El recorte va a dar a todo el mundo mucha más comida, porque los precios están bajando mucho, los comestibles están bajando”, dijo Trump cuando se le preguntĂł especĂficamente sobre los recortes al SNAP.
“La ‘gran y hermosa’ ley fortalecerá en Ăşltima instancia SNAP a travĂ©s de medidas de reparto de costos y requisitos de trabajo de sentido comĂşn”, dijo un funcionario de la Casa Blanca a la BBC.
Los republicanos llevan mucho tiempo divididos sobre cĂłmo financiar programas de bienestar social como SNAP y Medicaid. Mientras que muchos piensan que el gobierno debe dar prioridad a equilibrar el presupuesto, otros, especialmente en las regiones empobrecidas, apoyan los programas que ayudan directamente a sus electores.
En su versión actual, los republicanos del Senado proponen recortes por un valor de US$211.000 millones, y los Estados serán en parte responsables de compensar la diferencia.
En teorĂa, aprobar el proyecto de ley deberĂa ser una tarea polĂtica fácil, ya que los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso y la Casa Blanca.
Pero como el proyecto de ley incluye recortes en programas como SNAP y Medicaid, que son populares entre los estadounidenses de a pie, vender el proyecto a todas las facciones del Partido Republicano no ha sido tarea fácil.
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“Si no tenemos cuidado, la gente va a salir lastimada”
En las últimas semanas se han filtrado informes sobre la frustración y los disensos privados sobre los potenciales recortes a Medicaid y SNAP, develando la lucha interna que se está librando al interior del Partido Republicano.
El senador por West Virginia, Jim Justice, dijo al medio Politico en junio que ha advertido a sus camaradas republicanos que recortar el SNAP podrĂa costarle al partido su mayorĂa en el Congreso cuando los electores vuelvan a las urnas en 2026.
“Si no tenemos cuidado, la gente va a salir lastimada, la gente se va a disgustar. Va a ser el tema nĂşmero 1 en los noticieros centrales por todas partes”, dijo Justice.
“Y entonces, bien podrĂamos despertar a una situaciĂłn en este paĂs en la que la mayorĂa se convierta rápidamente en minorĂa”.
Una encuesta reciente de la agencia Associated Press y NORC Center for Public Affairs Research, reveló que el 45% de los estadounidenses piensan que los programas de asistencia alimentaria como el SNAP están subfinanciados, mientras que sólo el 30% piensa que los niveles de financiamiento son los adecuados. Cerca de un cuarto de los encuestados consideraron que los programas están sobrefinanciados.
Esta no es la primera vez que el partido se enfrentado a los recortes al SNAP, dijo Tracy Roof, profesor de la Universidad de Richmond que actualmente está escribiendo un libro sobre la historia polĂtica del SNAP.
Bajo la administraciĂłn de Biden, el Congreso permitiĂł que se eliminaran progresivamente las prestaciones ampliadas que se habĂan puesto en marcha durante Covid, a pesar de que tanto republicanos como demĂłcratas advirtieron de que los estadounidenses podrĂan pasar hambre.
“Una de las caracterĂsticas del SNAP es que cuenta con apoyo bipartidista, más que cualquier otro programa contra la pobreza”, declarĂł la profesora Roof a la BBC.
Pero esta vez es diferente.
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“Una cosa que distingue este periodo de los anteriores esfuerzos por recortar programas de ayuda social ha sido la disposiciĂłn de los legisladores republicanos para votar a favor de cosas respecto de las que aparentemente, de manera extraoficial, tienen muchas preocupaciones”, dice. “Antes siempre habĂa republicanos moderados, sobre todo en el Senado, pero en ambas Cámaras, que resistĂan hacer concesiones”.
Ella atribuye esa sumisión a dos cosas: el miedo a molestar a Trump y el poco temor a la reacción negativa del público por parte de los representantes que ocupan escaños en el Congreso en los que pueden ser reelegidos con facilidad
La BBC se puso en contacto con el congresista Riley Moore, que representa a Martinsburg, West Virginia, sobre los impactos de los recortes para sus electores, pero no respondiĂł.
Moore votĂł a favor del proyecto inicial de la Cámara, que incluĂa los recortes al SNAP.
El senador de Missouri Josh Hawley, que habĂa sido uno de los más crĂticos con los recortes, se ha suavizado desde entonces: Hawley declarĂł al medio de comunicaciĂłn NOTUS que “siempre ha apoyado” la mayorĂa de los recortes de Medicaid y que “estarĂa bien” con la mayor parte de lo que contiene el proyecto de ley.
“Lo Ăşnico que nos ha mantenido con vida a mĂ y a mi familia”
Padre de dos, Jordan, quien ha pedido que su apellido no sea usado en este artĂculo, ha sobrevivido los Ăşltimos tres años por los beneficios del SNAP.
Él y su esposa obtienen cerca de US$700 mensuales para alimentar a su familia de cuatro, pero aun asà pasan apuros.
El joven de 26 años dice que su esposa ha tenido dificultades para encontrar un trabajo y al mismo tiempo cuidar de los dos hijos que tienen, por lo que si los cambios al programa SNAP impactan a su familia ya está preparado para actuar y conseguir un segundo trabajo.

“Me asegurarĂ© de hacer lo que sea necesario para alimentar a mi familia”, dice.
Él y otros ciudadanos de West Virginia están siguiendo de cerca lo que ocurre con la ley en el Congreso.
Cameron Whetzel, de 25 años, creciĂł en una familia que dependĂa del SNAP. Pero cuando Ă©l y su mujer intentaron solicitar el beneficio, se enterĂł de que ganar 15 dĂłlares la hora era demasiado para poder optar a Ă©l, dijo.
“No está bien que tenga que duplicar mi salario para poder comprar alimentos”, dijo Whetzel, y añadiĂł: “Llevamos cuatro meses sin comprar huevos porque son demasiado caros”.
Está frustrado, dice, porque las autoridades en Washington no entienden los impactos de los recortes que están respaldando en el Congreso.
“Hacer un recorte federal que luego recaiga en el Estado, que ya está en apuros, es como dar una patada a un caballo en el suelo”, afirma Whetzel. “Tanto si se cree en un gobierno pequeño como si se cree en un gobierno grande, el gobierno tiene que proveer a alguien, de alguna manera”.
*Con informaciĂłn adicional de Bernd Debusmann Jr

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