Con profundo pesar, la comunidad internacional de rescate y la sociedad civil lamentan el fallecimiento de Quino, un excepcional ‘perro rescatista’ de la unidad valenciana IAE. Su deceso, tras dos meses de una enigmática enfermedad, se vincula directamente a su reciente y extenuante misión en el catastrófico terremoto que azotó Venezuela en junio de 2026. La trágica partida de Quino, a la temprana edad de cinco años, no solo marca la pérdida de un héroe canino, sino que también subraya los desafíos y riesgos intrínsecos a las operaciones humanitarias de alto impacto.
La trayectoria de Quino, desde su rescate como cachorro por Pancho Gerber de la ONG IAE, hasta convertirse en figura clave en misiones de búsqueda, ejemplifica la dedicación del entrenamiento. Su habilidad para detectar supervivientes bajo escombros, distinguiendo el olor humano vivo de otros, lo convertía en un activo indispensable, cuyo valor se mide en vidas salvadas donde la tecnología no puede replicar su agudeza sensorial.
A lo largo de su servicio, Quino participó en misiones internacionales de gran calado, incluyendo los devastadores terremotos de Turquía en 2023, así como despliegues en Brasil, Marruecos y emergencias en la Comunidad Valenciana. Estas intervenciones resaltan el papel estratégico y a menudo subestimado de las unidades caninas en la respuesta global a desastres naturales, cuya frecuencia y magnitud crecientes exigen una coordinación humanitaria robusta y la movilización de recursos especializados.
Su última misión, en La Guaira, Venezuela, tras el sismo del 24 de junio de 2026, lo expuso a condiciones extremas de trabajo. El contraste entre su regreso como un héroe condecorado y el repentino inicio de hemorragias nasales 48 horas después, plantea interrogantes sobre los factores ambientales o patógenos latentes a los que los animales de rescate están expuestos en zonas de desastre, exigiendo mayor investigación en su salud ocupacional.
La búsqueda de un diagnóstico para Quino se convirtió en una compleja odisea médica en Valencia, involucrando a múltiples especialistas y exhaustivas pruebas clínicas. A pesar de los esfuerzos, el origen primario de su dolencia permaneció sin identificar por semanas. Este caso pone de manifiesto las dificultades diagnósticas de patologías complejas o emergentes en animales de servicio, subrayando la necesidad de protocolos sanitarios especializados post-misión y el desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas.
Aunque se le diagnosticó leishmaniosis en fases avanzadas, la severidad del cuadro clínico de Quino, que culminó en un fallo multiorgánico irreversible, llevó a los expertos a considerar que esta enfermedad por sí sola no explicaba la totalidad de su rápido deterioro. Su partida finaliza una trayectoria dedicada, pero también abre un debate crucial sobre la vulnerabilidad y la protección de los perros de rescate, cuya vida útil y bienestar pueden verse comprometidos por los sacrificios inherentes a su noble labor, un legado que demanda nuestra continua atención.
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