La reciente intervención de Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, en la ‘crisis FIFA’ que rodea a Gianni Infantino, presidente del organismo rector del fútbol mundial, ha inyectado nueva dinámica en un debate ya polarizado. La defensa de Trump se produce tras el exitoso Mundial de 2026 coorganizado por Estados Unidos, Canadá y México, pero ensombrecido por controversias sobre la gestión comercial de los derechos, situando el liderazgo de Infantino bajo escrutinio sin precedentes.
Trump, a través de su plataforma Truth Social, calificó de ‘fantástico’ al dirigente suizo, advirtiendo que su reemplazo sería un ‘terrible error’ y que el torneo nunca volvería a ser tan rentable sin su liderazgo. Esta postura subraya una estrecha relación forjada durante la planificación y celebración del Mundial 2026, evento que el exmandatario considera un logro de su administración, consolidando una alianza estratégica con el líder de FIFA en un momento crítico.
El epicentro de la actual tormenta radica en la propuesta de la FIFA de crear ‘FIFA Forward Enterprise’ (FFE), un plan para vender el 20 por ciento de los derechos comerciales del Mundial a inversores privados, valorada en aproximadamente 4.200 millones de dólares. Este proyecto, concebido bajo el mandato de Infantino, desató indignación y preocupación entre confederaciones influyentes, marcando un punto de inflexión en la confianza hacia su liderazgo.
UEFA, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y la CONCACAF se posicionaron abiertamente en contra, acusando a la FIFA de actuar unilateralmente y sin la debida transparencia ni consulta a las federaciones miembro. La ausencia de diálogo inclusivo y la percepción de un proceso opaco han erosionado la credibilidad de Infantino, quien, aunque pidió disculpas, no ha logrado disipar las dudas sobre la gobernanza interna del organismo.
Este episodio remonta a etapas anteriores de la FIFA, marcadas por escándalos que minaron su reputación. La administración de Infantino se presentó como era de reforma tras el ‘FIFAGate’; sin embargo, la controversia sugiere que los desafíos estructurales y la rendición de cuentas persisten. La intervención externa de figuras políticas como Trump añade complejidad a las dinámicas de poder existentes, redefiniendo la esfera de influencia en el fútbol global.
La defensa de Trump no puede desligarse de los intereses geopolíticos. La exitosa coorganización del Mundial 2026, con Estados Unidos como sede principal, representa un logro significativo. Al respaldar a Infantino, Trump no solo elogia su gestión, sino que refuerza una narrativa de éxito ligada a su propia influencia y la proyección global de su nación, especialmente ante el Congreso de la FIFA en marzo de 2027, donde Infantino busca un nuevo mandato.
A pesar de las virulentas críticas de confederaciones clave, Infantino mantiene considerable apoyo en otras regiones, notablemente Suramérica y África. Este respaldo subraya las complejidades de la política interna de la FIFA, donde la distribución de poder y consenso se ven influenciadas por alianzas regionales y compromisos estratégicos, dificultando intentos de destitución. El desenlace de esta ‘crisis FIFA’ determinará no solo el liderazgo, sino la trayectoria del fútbol como industria global.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.





