El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) ha emitido una severa advertencia sobre la creciente probabilidad de que México retorne a una senda de ‘estancamiento prepandemia’. Este pronóstico alarmante, formulado desde Washington, subraya la ausencia de reformas políticas sustantivas capaces de catalizar la inversión, un motor crucial para el desarrollo económico. La débil formación de capital se proyecta como un factor determinante, restando al menos medio punto porcentual al crecimiento potencial de la nación y generando repercusiones directas sobre la dinámica fiscal y la política monetaria. La situación actual demanda una evaluación profunda de los elementos estructurales y de gobernanza que configuran el panorama económico del país.
El análisis especializado del IIF, titulado ‘Mexico: Rising Stagnation Risks amid USMCA Uncertainty’, detalla cómo las preocupaciones en torno a la gobernanza y la postura intervencionista del gobierno en sectores estratégicos, particularmente el energético, continúan erosionando la confianza del sector empresarial. Esta percepción de inestabilidad política y regulatoria es un inhibidor significativo de la inversión, a pesar de la aparente resistencia del sector comercial. Es fundamental comprender que, si bien el comercio exterior se mantiene robusto, la incertidumbre persistente sobre el futuro del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) está llevando a las empresas a posponer decisiones de inversión a largo plazo, exacerbando el riesgo de un ‘estancamiento prepandemia’.
A pesar de la inquietud en el ámbito de la inversión, la integración comercial de América del Norte sigue siendo notablemente sólida, lo que ha permitido al sector externo mexicano exhibir una resiliencia considerable. Las exportaciones manufactureras no automotrices hacia Estados Unidos, impulsadas por la demanda de maquinaria, electrónica y equipo informático vinculado a la Inteligencia Artificial, han sido un pilar fundamental para sostener las cuentas externas del país. La estricta observancia de las reglas de origen del T-MEC también ha contribuido a mantener bajos los aranceles efectivos aplicados por Estados Unidos, lo que demuestra la vitalidad de las cadenas de suministro binacionales en ciertos sectores.
Sin embargo, el escenario es marcadamente distinto para la inversión. Además de las limitaciones internas inherentes, la incertidumbre sobre la evolución del acuerdo comercial, incluyendo la insistencia de Estados Unidos en incorporar requisitos explícitos de mayor contenido estadounidense, ha frenado la Inversión Extranjera Directa. Los expertos anticipan que las futuras negociaciones podrían derivar en umbrales de contenido regional más elevados, restricciones más estrictas al uso de insumos procedentes de China y una supervisión intensificada de las cadenas de suministro. Pese a estas posibles modificaciones, no se espera una relocalización sustancial de la producción manufacturera ni una corrección significativa de los desequilibrios comerciales, lo que sugiere que las trabas a la inversión tienen raíces más profundas.
El IIF enfatiza que los desafíos internos de México son un factor preponderante que impide al país capitalizar plenamente las oportunidades generadas por el fenómeno del ‘nearshoring’. La inquietud sobre la gobernanza, la inestabilidad en la política económica, los crecientes niveles de inseguridad, las deficiencias persistentes en la infraestructura y una política intervencionista en áreas clave como la energía, configuran un entramado complejo que disuade la entrada de capital. Las modificaciones institucionales y regulatorias han mermado la confianza empresarial, y a pesar de iniciativas gubernamentales como el Plan México y los programas de infraestructura, persisten interrogantes sobre su ejecución, mecanismos de financiación y el espacio real para la participación del sector privado.
Las proyecciones del IIF son cautelosas, anticipando un crecimiento de 0.9% para México en 2026 y de 1.1% en 2027, cifras que se sitúan por debajo tanto del promedio del mercado como del desempeño histórico de la economía mexicana en las últimas dos décadas, y también por debajo de las expectativas para América Latina en su conjunto. La Inversión Extranjera Directa se espera que se mantenga moderada, equivalente a un 2% a 2.5% del PIB, un nivel considerado modesto en comparación con otros países de la región. Esto subraya la imperiosa necesidad de que México implemente mejoras políticas significativas que generen un ambiente más propicio para la inversión, especialmente en el sector energético, a fin de revertir la tendencia actual de bajo crecimiento. La inacción podría consolidar un futuro de prosperidad limitada, distante de su potencial.
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