El nombre de Nana Kwaku Bonsam, detrás del cual se esconde Stephen Osei Mensah, ha resonado con fuerza en el ámbito futbolístico global, particularmente en lo que respecta al ‘fútbol africano’. Originario de la región de Ashanti en Ghana, Osei Mensah, nacido en 1973, adoptó el sendero del sacerdocio tradicional tras un evento traumático en su adolescencia: una explosión de gas que lo dejó con graves quemaduras. Este viraje de la fe cristiana a las prácticas ancestrales marcó el inicio de su figura pública. El apelativo ‘Nana’, un título honorífico de profundo respeto en Ghana, se complementa con ‘Bonsam’, que significa ‘diablo’ o ‘demonio’, reflejando la enigmática naturaleza de sus actividades rituales.
La notoriedad de Bonsam trascendió fronteras durante la Copa Mundial de Brasil 2014, cuando se atribuyó una ‘lesión espiritual’ al delantero portugués Cristiano Ronaldo antes del encuentro entre Ghana y Portugal. No obstante, los registros médicos oficiales desmintieron tal afirmación, diagnosticando al jugador con tendinitis rotuliana, lo que no impidió que Ronaldo participara en el partido y marcara un gol, demostrando la primacía de la preparación física sobre las alegaciones místicas. Más recientemente, en la actual edición del Mundial 2026, el sacerdote dirigió sus supuestas ‘maldiciones’ hacia Harry Kane, el atacante de la selección de Inglaterra, para luego anunciar su levantamiento tras un empate a cero goles donde el británico falló una clara oportunidad. Estos episodios han alimentado un debate sobre la influencia real de tales prácticas en un deporte regido por la habilidad, la estrategia y el rendimiento atlético.
El fenómeno de la superstición en el deporte no es exclusivo de Ghana, pero en el contexto del ‘fútbol africano’, las creencias espirituales a menudo se entrelazan de manera más visible con los eventos deportivos. Esta relación refleja una parte intrínseca de la identidad cultural y social en muchas naciones del continente, donde los sacerdotes tradicionales y curanderos ocupan un lugar significativo en la vida cotidiana de las comunidades. Lejos de ser meros espectáculos, estas intervenciones son percibidas por algunos como elementos legítimos para influir en el destino, aportando un matiz cultural único a la narrativa del fútbol internacional.
Durante la fase de grupos del presente torneo, la presencia de Nana Kwaku Bonsam y las manifestaciones de fervor popular han sido palpables. En el partido donde Ghana obtuvo una victoria por la mínima ante Panamá, circularon imágenes en redes sociales de un aficionado esparciendo una sustancia en polvo en las gradas poco antes de la anotación decisiva. Asimismo, en el encuentro contra Croacia, que resultó en una derrota para la escuadra ghanesa, las cámaras de transmisión captaron al propio curandero en el estadio durante la revisión del VAR que validó un gol para su equipo, consolidando su imagen como un activo participante y no solo un observador remoto.
El próximo 3 de julio, la selección de Colombia se medirá a Ghana en los octavos de final del Mundial 2026, en un partido que, más allá de lo deportivo, adquiere una dimensión cultural adicional. Colombia llega a esta instancia como líder invicto de su grupo, demostrando un sólido desempeño táctico y físico. Ghana, por su parte, avanzó como uno de los mejores terceros, confiando en su capacidad atlética y, para algunos de sus seguidores, en el apoyo espiritual. El interés internacional se centra no solo en el enfrentamiento de talentos como James Rodríguez, sino también en cómo esta narrativa de las ‘maldiciones’ y las ‘bendiciones’ continuará desarrollándose en el escenario global.
Es fundamental, desde una perspectiva periodística, analizar estos eventos con objetividad, reconociendo el peso cultural de las creencias sin atribuirles causalidad directa en el rendimiento deportivo. Si bien las supersticiones pueden influir en la psicología de los aficionados y, en menor medida, de los propios atletas, el desenlace de los partidos de fútbol se determina, en última instancia, por factores tangibles: la preparación física, la estrategia de juego, la habilidad individual y colectiva, y el factor suerte inherente a cualquier competición. La presencia de figuras como Bonsam subraya la riqueza y diversidad cultural que el Mundial congrega, invitando a una reflexión más profunda sobre la intersección entre fe, cultura y deporte.
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