En el dinámico y volátil ecosistema de las criptomonedas, las recientes declaraciones de Logan Jastremski, cofundador de Frictionless Capital, han generado un intenso debate. El 20 de mayo, Jastremski afirmó que Ethereum se encuentra ‘mayormente muerto’ y, lo que es más provocador, que las redes de segunda capa, conocidas como ‘Capas 2’, han sido un ‘experimento fallido’. Estas aseveraciones, provenientes de una figura con influencia en el sector, desafían el optimismo sobre la infraestructura de Ethereum y demandan un escrutinio profundo sobre su viabilidad.
La fundamentación técnica de Jastremski postula que la función principal de las ‘Capas 2’ se limita a la compresión de datos. Argumenta que cada transacción es una cantidad de bytes, y las L2 simplemente optimizan este proceso al reducir su tamaño. Sin embargo, esta visión simplifica la complejidad del diseño de escalabilidad, que busca más que una mera eficiencia en el tamaño de los paquetes de información, lo que pone en entredicho la premisa subyacente de estas soluciones.
Jastremski extendió su crítica al valorar que la propuesta de las L2 carecía de sentido intrínseco. Según su análisis, una cadena de alto rendimiento podría ejecutar la compresión de datos de manera superior y a mayor escala. Además, el inversionista sostuvo que la adopción temprana de Ethereum no se debió a una superioridad de diseño, sino a incentivos económicos, tildando al activo como el ‘más sobrevalorado del mundo’ y prediciendo su lento declive.
No obstante, la perspectiva de Jastremski ha encontrado una refutación significativa. Vadim, un investigador y desarrollador del ecosistema, argumenta que el inversionista confunde el ‘efecto’ con el ‘propósito’ de las L2. Vadim enfatiza que las ‘Capas 2’ están diseñadas para heredar la seguridad de liquidación de la red principal de Ethereum, y que la compresión es una consecuencia secundaria del modelo económico de disponibilidad de datos, no su razón de ser fundamental.
Los datos on-chain ofrecen un contrapunto. Recientes mejoras en la capa base de Ethereum, facilitadas por actualizaciones como Pectra y Fusaka, han permitido a la red principal alcanzar récords históricos en transacciones y mantener tarifas mínimas. Abril de 2026 registró el mayor número de transacciones mensuales de Ethereum, superando los 73 millones, demostrando la resiliencia y capacidad de expansión de la red madre.
Sin embargo, la trayectoria de las L2 más destacadas, como Base y Arbitrum, muestra un panorama distinto. Ambas redes han experimentado una caída sostenida en sus métricas de actividad. Base, tras un pico de casi 453 millones de transacciones en noviembre de 2025, registró una reducción del 48% para abril de 2026. Arbitrum siguió un patrón similar, con una disminución de más del 75% desde su máximo histórico de 123 millones de transacciones en febrero de 2026, lo que sugiere una migración de usuarios o disminución de su operatividad.
Este declive en la actividad de las ‘Capas 2’ podría interpretarse no como un fracaso intrínseco, sino como un indicador de la creciente eficiencia y capacidad de la propia capa base de Ethereum. La reducción de tarifas y las mejoras de rendimiento en la L1 podrían estar disminuyendo el incentivo para operar en redes secundarias, sugiriendo un ‘desplazamiento’ de la actividad hacia la red principal en lugar de una obsolescencia de las L2. El concepto de ‘experimento fallido’ requiere, por tanto, un análisis más matizado de este complejo equilibrio de fuerzas.
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