La declaración de Gianinna Maradona ante el tribunal que investiga las circunstancias de la muerte de su padre, Diego Armando Maradona, ha inyectado una nueva y sombría perspectiva en un proceso judicial ya de por sí complejo. Su testimonio, centrado en la acusación de una ‘manipulación médica’ sistemática y ‘absoluta’, subraya la profunda desconfianza de la familia en el equipo de profesionales de la salud que asistió al ídolo futbolístico en sus últimos días. Esta sesión crucial del juicio, que sienta en el banquillo a un neurocirujano, una psiquiatra, dos enfermeros, un psicólogo y dos coordinadores médicos, busca determinar si el fallecimiento de Maradona fue consecuencia de negligencia o abandono.
Este no es el primer intento de la justicia argentina por esclarecer la partida del ‘Diez’ el 25 de noviembre de 2020. Un proceso anterior fue anulado el año pasado, en un hecho insólito que reveló la filmación secreta del juicio por parte de una jueza con fines documentales, lo que generó un escándalo y postergó la búsqueda de la verdad. La actual reinstauración del juicio, que se prevé se extienda por al menos tres meses y con más de 120 testigos, refleja la determinación de la sociedad y la familia Maradona por obtener respuestas definitivas sobre las responsabilidades en su deceso, especialmente ante la conclusión de una junta médica que sugirió que la muerte podría haberse evitado.
El punto central del litigio actual se ha polarizado entre las acusaciones de Gianinna y las defensas de los profesionales, en particular las del neurocirujano Leopoldo Luque. Este último ha intentado deslindar su responsabilidad, señalando a la hija de Maradona por la supuesta omisión de buscar un médico clínico principal para liderar el tratamiento de su padre. Sin embargo, Gianinna refutó vehementemente esta imputación, aclarando que su compromiso fue el de ‘investigar’ opciones, no el de asumir una función que recaía estrictamente en el ámbito profesional y que ella, como familiar, no poseía la cualificación ni la capacidad para ello. Su testimonio apunta a una delegación de responsabilidades que los profesionales no habrían asumido, dejando al paciente en una situación de vulnerabilidad.
La narrativa de Gianinna sobre la ‘manipulación médica’ se intensificó al describir un incidente ocurrido en el cumpleaños de su padre, donde lo encontró visiblemente desorientado. Su intento de trasladarlo a un entorno clínico adecuado fue frustrado por la intervención del equipo médico y la policía, lo que, según su perspectiva, limitó su capacidad de acción y reforzó un ambiente de control indebido sobre la toma de decisiones. La decisión final de optar por una internación domiciliaria, contra su propia intuición que favorecía una clínica equipada, y la posterior constatación de la carencia de instrumental médico básico como un monitor o un desfibrilador en la residencia de Tigre, constituyen elementos cruciales en su alegato de negligencia y engaño.
La salud de Diego Maradona era notoriamente compleja. Había sido sometido a una cirugía craneal por un hematoma subdural pocas semanas antes de su muerte y padecía de múltiples dolencias crónicas que incluían enfermedad renal, cirrosis, insuficiencia respiratoria y cardíaca, además de un severo deterioro neurológico y sus conocidas adicciones. Este cuadro clínico multifactorial exigía un monitoreo constante y una atención especializada que, según la junta médica forense, fue deficiente. El dictamen de la junta, que calificó el accionar del equipo médico como ‘inadecuado, deficiente e imprudente’, refuerza la gravedad de las acusaciones y la posibilidad de que se hubiera incurrido en un ‘homicidio simple con dolo eventual’, una imputación que implica que los acusados, aunque no buscaran la muerte, la habrían representado como una posibilidad y no hicieron lo suficiente para evitarla.
El proceso en curso no solo busca establecer responsabilidades penales individuales, sino que también pone de manifiesto la necesidad de una revisión exhaustiva de los protocolos de atención médica a pacientes de alto riesgo y la ética profesional en situaciones donde la fama y el entorno familiar pueden complicar la objetividad clínica. Este caso trasciende la esfera personal de los Maradona, proyectando luz sobre la importancia de la autonomía del paciente y el derecho a una atención sanitaria integral y transparente, sin coacciones ni omisiones. La expectación ante las futuras audiencias y el veredicto final es palpable, no solo en Argentina, sino a nivel global, dada la trascendencia de la figura de Maradona y las implicaciones éticas y legales que este juicio plantea para el sector de la salud.
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