La madrugada de este miércoles, 7 de enero, fuerzas de Estados Unidos ejecutaron dos abordajes casi simultáneos contra petroleros sancionados. Una de las operaciones tuvo lugar en el Atlántico Norte y la otra en aguas internacionales del Caribe.
El Mando Europeo de Estados Unidos … confirmó que al menos uno de los abordajes se realizó en virtud de una orden judicial federal de incautación. En el caso del buque identificado inicialmente como Bella 1, que posteriormente fue rebautizado como Marinera y reabanderado, la Guardia Costera llevaba más de dos semanas siguiéndolo tras un intento previo de interceptarlo en el Caribe cuando se dirigía a cargar crudo venezolano.
En esa huida, el barco cambió de identidad y enarboló bandera rusa como último recurso para evitar la captura. La interceptación final se produjo entre Escocia e Islandia, en aguas internacionales y en zonas próximas a jurisdicciones marítimas europeas, sin que la tripulación ofreciera resistencia, según un funcionario estadounidense informado del operativo.
In two predawn operations today, the Coast Guard conducted back-to-back meticulously coordinated boarding of two “ghost fleet” tanker ships— one in the North Atlantic Sea and one in international waters near the Caribbean. Both vessels —the Motor Tanker Bella I and the Motor… pic.twitter.com/EZlHEtcufX
— Secretary Kristi Noem (@Sec_Noem) January 7, 2026
El despliegue en torno al Marinera fue mayor de lo habitual para una operación contra un mercante. Además de la Guardia Costera, Estados Unidos movilizó medios militares para apoyar el abordaje, incluidos aviones de patrulla y plataformas de ataque, mientras varios aparatos despegaron de bases en el Reino Unido rumbo al área del objetivo.
Rusia, por su parte, había presentado una protesta diplomática solicitando que EE.UU. dejara de perseguir al buque y había despachado al menos una unidad naval para tratar de escoltarlo. Sin embargo, cuando se ejecutó el abordaje no había buques rusos en las inmediaciones, lo que evitó un posible pulso directo.
La flota fantasma
El Marinera no transportaba petróleo en el momento de la captura, pero Washington lo encuadra como parte de una flota fantasma y sostiene que su historial y su estatus justificaban la acción.
El segundo buque interceptado fue identificado por el Departamento de Seguridad Nacional como el Motor Tanker Sophia. EE.UU. lo describió como un petrolero «apátrida», sin bandera nacional válida, lo que refuerza la facultad de abordaje en alta mar.
Empresas especializadas en seguimiento de cargamentos señalaron que ese buque sí iba cargado, con un volumen estimado de entre 1,8 y 2 millones de barriles de crudo venezolano. Esas mismas fuentes sostienen que el petrolero ha operado durante años con prácticas de ocultación, incluida la suplantación de identidad con el nombre Varada Blessing, perteneciente a un buque ya retirado, y la manipulación del transpondedor para falsear su ubicación.
EE.UU. retirará algunas sanciones para permitir el transporte y la venta de crudo venezolano a mercados globales, pero bajo condiciones de estricta supervisión
Estados Unidos indicó que el Sophia fue interceptado en el Caribe y escoltado hacia territorio estadounidense para su «disposición final», con previsión de que agentes federales suban a bordo e interroguen a la tripulación.
Horas después de los abordajes, el Departamento de Energía publicó un documento con el nuevo marco para el petróleo venezolano. Según ese esquema, Estados Unidos retirará de forma «selectiva» algunas sanciones para permitir el transporte y la venta de crudo venezolano a mercados globales, pero bajo condiciones estrictas de supervisión.
Las ventas comenzarían de inmediato con un volumen inicial de entre 30 y 50 millones de barriles y continuarían sin un horizonte temporal definido. Los ingresos se depositarían en cuentas bajo control estadounidense en bancos internacionales y su distribución quedaría a discreción de la Administración, que sostiene que ese dinero se reinvertirá en la estabilización y la recuperación del país.
Según el presidente, los ingresos no quedarán en manos del antiguo régimen ni de estructuras no supervisadas, sino que serán gestionados directamente por Washington, en beneficio de venezolanos y estadounidenses. Trump sostuvo que la operación no tendrá coste para el contribuyente estadounidense y que el crudo se venderá a precio de mercado, sin descuentos.
La dimensión económica es, además, la palanca central que Marco Rubio describió ante el Congreso: Estados Unidos mantendría el control de cómo se dispersa el dinero y el acceso a mercado e inversiones quedaría condicionado a la evolución de la hoja de ruta.
La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, afirmó que la tripulación de los buques incautados podría ser trasladada a Estados Unidos para un eventual procesamiento si existe una orden judicial en vigor.
Esa advertencia añade un componente penal al dispositivo marítimo y anticipa entrevistas e investigaciones sobre tripulaciones y redes logísticas, más allá de la carga. En paralelo, la Casa Blanca defendió que uno de los barcos pertenecía a una «flota fantasma» vinculada al transporte de crudo sancionado y enmarcó la operación en la aplicación extraterritorial de sanciones.
Las incautaciones generaron reacciones inmediatas. Rusia, a través de su Ministerior de Transportes, reconoció el asalto del buque Marinera en alta mar y reclamó un trato «humano y digno» para sus nacionales si había tripulantes rusos.
«De acuerdo con las normas de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, la libertad de navegación se aplica en aguas de alta mar, y ningún Estado tiene derecho a utilizar la fuerza contra buques debidamente registrados en las jurisdicciones de otros Estados», señaló en un comunicado, informa desde Moscú Álex Bustos.
Estados Unidos no ha ratificado esa convención, aunque suele reconocer gran parte de sus disposiciones como derecho consuetudinario.
Apoyo del Reino Unido
En paralelo, el Ministerio de Defensa del Reino Unido confirmó que Londres aportó «apoyo habilitador» a la operación en el Atlántico Norte, con vigilancia aérea, un buque de apoyo y el uso de bases, y defendió que la actuación fue conforme al derecho internacional.
Desde Washington, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió la continuidad de este tipo de operaciones y señaló que la incautación de petroleros sancionados seguirá como herramienta central de presión. La Casa Blanca afirmó que EE.UU. está gestionando la situación venezolana «en estrecha correspondencia» con las autoridades interinas y que estas aceptaron liberar cargamentos de petróleo dentro del nuevo esquema, aunque el alcance exacto de esa aceptación y los términos jurídicos siguen sin aclararse públicamente.
En ese contexto, el viernes Donald Trump tiene previsto reunirse en Washington con los máximos directivos de grandes petroleras estadounidenses, entre ellas Chevron, ConocoPhillips y Exxon. Según fuentes conocedoras de la convocatoria, el presidente les pedirá compromisos de inversión por miles de millones de dólares para estabilizar y reactivar el sector energético venezolano bajo el nuevo esquema. El encuentro se produce mientras los demócratas tratan de boicotear la estrategia y exigen más control y audiencias públicas, aunque carecen de mayoría en el Capitolio para bloquearla formalmente.





