Saturday, February 28, 2026
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Articulos Relaccionados

¿Qué son los amigos? La incómoda verdad sobre la amistad que aprendemos demasiado tarde

No hay intervención pública donde se hable de amistad, que no se preste a la crítica de corral y a la cátedra censora de los que, viéndose reflejados, insultan al espejo y no a la triste imagen que desde él los está observando y, por supuesto, espero que este artículo no sea menos.

“Nadie querría vivir sin amigos, aun teniendo todos los demás bienes” nos recuerda Aristóteles, y desde aquí podremos iniciar dos caminos, el de la romantización de la amistad y su poesía infinita: “el amigo es otro yo” o “La amistad es una sola alma en dos cuerpos”. ¡Hermoso! Pero también podemos abordar este asunto desde el análisis ético y sosegado, que bien te puede regalar los oídos a la par que te abofetea y te hace reflexionar mientras te sobas las mejillas rojas. ¿Tú cuál prefieres? ¡A mí me va más el Rock’n’Roll!

Puede parecer que la amistad perteneciera al terreno de los afectos, más que al del mundo de Sofía, pero también la estética parece ser propia de la frivolidad de lo superfluo y la metafísica una palabra propia de espiritistas y videntes, y no de sesudos catedráticos universitarios… cosas de la globalización de la ignorancia, supongo. 

La amistad no es solo compañía: es reconocimiento mutuo, lealtad elegida y un espacio donde podemos ser sin máscaras
La amistad no es solo compañía: es reconocimiento mutuo, lealtad elegida y un espacio donde podemos ser sin máscaras. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

La amistad es una cuestión muy seria, y no porque casi cualquiera pueda tener amigos deja de serlo, pues quién diría que la respiración es algo menor porque todos respiramos un montón de veces al día. ¿Acaso te lo parece? 

No, la amistad es un vínculo necesario del animal humano que empieza por lo anecdótico y transita las edades del hombre hasta trascendernos. Deja que te lo explique.

Nuestros padres, y el entorno familiar más cercano, serán los primeros en cuidarnos al nacer. Ellos nos alimentarán, nos limpiarán y hasta dejarán de dormir y, si fuera menester, se quitarán el alimento de la boca por dárnoslo a nosotros. De ellos aprenderemos muchas cosas en esos primeros años, como a recibir afectos y a devolverlos incondicionalmente. Ellos darán la bienvenida a nuestros primeros lloros y demandas y a nuestras primeras risas. Aprenderemos con ellos a andar, a decir nuestras primeras palabras y a no cagarnos y mearnos encima, que tampoco es poca cosa. Y con ellos también aprenderemos los primeros juegos y a reclamar nuestra necesidad de divertirnos más y ser más independientes. Entonces llegarán nuestros primeros amigos.

Aristóteles lo tenía claro, ni todas las amistades son iguales, ni es necesario que así sea, quizá todo lo contrario y quizá, también, todo al mismo tiempo, pero diferenciado.

Los primeros amigos en aparecer serán aquellos con los que nos divirtamos, en nuestro caso, con los que juguemos. La amistad por diversión no está basada en una socialización dura, más bien es una suerte propedéutica de la misma. Mediante el juego infantil, las risas, las prisas, los sofocos y, algún berrinche que otro, vamos encontrándole el sabor a este vasto mundo que juntos descubrimos.

Y como somos insaciables, del juego, de la amistad por diversión, a la par que maduramos vamos arrimándonos a aquellos con quienes nos une también el interés. Ir juntos al cole es una acción repetitiva y monótona, no me cabe duda, pero si puedo ir con amigos la cosa cambia, pudiendo ser una aventura, un juego naif o un aprendizaje constante. A todos nos interesa ir juntos, y como ese ejemplo, todos los que te quieras imaginar son el origen de la amistad por interés… que no es igual que alguien se quiera aprovechar de otro, no seas mal pensado.

Entre amigos por diversión y por interés vamos a pasar el mayor tiempo de nuestra infancia y juventud temprana. Y, si tenemos suerte o los astros se alinean a lo lejos, es posible que de esos amigos surja el tercer tipo de amistad, o eso nos dice Aristóteles.

La amistad verdadera, o virtuosa, es sin duda la más romantizada de los tres tipos de amistad descritas por el sabio macedónico y a la que cualquiera querría aspirar disfrutar. Basta con que releamos el nombre para ver la potencia de la categoría ¡amistad verdadera o virtuosa! Ahí es nada.

A lo largo de la historia, la amistad ha sido pensada como virtud, refugio y, a veces, como una de las formas más altas del amor. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

El cómo se llamen las cosas imprime carácter, es obvio, pero también condiciona y puede hacernos dudar de aquellos a los que llamamos “nuestros mejores amigos” estén en este rubro de galácticos de la amistad… ¿o no?

“Los amigos de verdad están para las buenas y para las malas”. “El amigo de verdad es el que se alegra de tus éxitos, cuídate del que no se alegre cuando te pasan cosas buenas” nos dirían los abuelos sobre los amigos, y sin tener ni idea de ética clásica quizá estuvieran más cerca de ella que nosotros mismos.

A veces la falta de experiencia, la vehemencia de la edad y la ansiedad por apurar cada segundo junto a los amigos nos puede nublar un juicio que, ¡bendita juventud!, gracias a meter la pata más que a acertar, vamos conformando a garrotazos y patadas. Pero los yayos tienen razón, más por viejos que por yayos. La amistad verdadera se aleja de la necesidad de la diversión o el interés por hacer cosas juntos, aunque jamás la niegue, y se calma y nutre en la simple presencia del otro, y esto la hace más sólida y duradera, porque no depende del disfrute ni la acción, sino de estar, de ser.

Por tanto, la reciprocidad, la admiración por los valores y la bondad del amigo, son la base de este tercer grado de amistad que, aunque no me entiendas del todo, viene a ser la tranquilidad espiritual o moral, de no tener que llevar siempre un escudo o una lanza por si el otro viene con mala intención. La alegría por los éxitos y la tristeza ante los problemas no son una cordialidad educada, es un ejercicio de empatía primordial, porque sus éxitos son los tuyos y te sabes reflejados en ellos y ante el dolor y el pesar cuatro hombros pueden más que dos. 

Alguna vez escribí que la amistad es como si a los problemas difíciles de afrontar y superar les salieran asas para poder agarrarlos con fuerza. No te alivian el peso, no solucionan el problema, pero ayudan, y de qué manera, a poder afrontarlos con firmeza y certeza de superación.

Si ahora ves un reflejo en tu experiencia que no casa con esto que te he contado, que podría ser así perfectamente, me dirás que quizá alguna vez alguien que considerabas tu amigo te traicionó, que te hicieron daño, que la amistad está sobrevalorada y depender de los demás nos hace débiles. Y te entiendo. Pero acaso dejas de comer porque el sabor concreto de algo no te guste, o simplemente pruebas con otro sabor y así con todos los que se presenten, hasta que, por experiencia, casi eres capaz de adelantarte a cómo sabrán las cosas antes de metértelas en la boca. ¿No es así?  

Y si te atreves a decirme que nunca has tenido amigos y que jamás los has necesitado y que te ha ido fantástico así, solo piensa esto: ¿Puede un ciego de nacimiento poner en duda el color del cielo que otros sí estamos viendo? 

Amigos de verdad son aquellos que pueden pasar varias horas sentados en un banco del parque, incluso sin hablarse y, al despedirse y volver cada cuál a sus casas saber, a ciencia cierta, que son mejores personas que antes. Pues son felices simplemente por haber estado juntos.

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