¿Qué ocurre cuando alguien dice que no se siente del todo humano? En los últimos años, el fenómeno therian ha empezado a aparecer en redes sociales, foros y vídeos virales como una nueva forma de identidad que desconcierta a muchos y fascina a otros. Para algunos es una manera de nombrar algo íntimo, para otros una rareza de internet, y para la psicología, un terreno todavía poco explorado.
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante una tendencia cultural nacida en la era digital, una metáfora emocional profunda o algo que recuerda, de lejos, a viejos conceptos psiquiátricos como la licantropía clínica? El debate está servido, y no es precisamente tranquilo.
Qué significa ser therian (Y por qué no es lo que muchos creen)
Un therian es una persona que afirma experimentar una identidad interna relacionada con un animal. No se trata, en la mayoría de casos, de alguien que crea haberse transformado físicamente, sino de una sensación subjetiva: “soy humano por fuera, pero por dentro me siento lobo, gato, ciervo…”.
Dentro de estas comunidades se habla de experiencias como los mental shifts, cambios momentáneos en la forma de percibirse, o incluso sensaciones corporales imaginadas, como si existieran orejas o cola. Suena extraño, sí, pero quienes lo viven lo describen como algo personal, no como un espectáculo.
Aquí conviene hacer una aclaración importante: therian no es lo mismo que furry. El mundo furry está más ligado a la estética, los disfraces o la cultura pop. El therianismo, en cambio, se presenta como identidad íntima, a veces espiritual, a veces psicológica, a veces difícil de explicar incluso para quien la siente.

De los hombres lobo medievales a Discord
Aunque la palabra “therian” es moderna y nace en internet en los años noventa, la idea de lo humano mezclado con lo animal es tan antigua como la imaginación.
Durante siglos hemos contado historias de hombres lobo (incluso mujeres lobo), chamanes que adoptan forma animal, tótems protectores, dioses híbridos, guerreros jaguar. Lo animal siempre ha sido una metáfora poderosa para hablar de lo que somos y de lo que tememos ser.
La diferencia es que antes estos relatos vivían en el mito. Ahora viven en foros.
Internet no inventa la experiencia desde cero, pero hace algo decisivo: permite que personas dispersas encuentren un nombre, un grupo y un lenguaje común. Y cuando algo tiene comunidad, deja de ser una rareza individual para convertirse en identidad compartida.
Licantropía clínica: cuando el lobo era un síntoma
Aquí aparece un concepto inquietante: la psiquiatría lleva siglos registrando casos de personas que creen literalmente haberse convertido en animales. Esto se conoce como licantropía clínica.
El psiquiatra Jan Dirk Blom publicó en 2014 una revisión sistemática de los casos descritos en la literatura médica, titulada When doctors cry wolf. Su conclusión es clara: la licantropía clínica es extremadamente rara y suele aparecer asociada a trastornos psicóticos o episodios graves.
Cuando algo tiene comunidad, deja de ser una rareza individual para convertirse en identidad compartida.
Pero aquí está la clave: eso no es lo mismo que el fenómeno therian actual.
La licantropía clínica implica un delirio literal (“me he transformado”). El therianismo suele ser una vivencia simbólica (“me siento así”). Confundir ambos fenómenos sería como confundir la depresión con la tristeza o un sueño con la realidad.

Entonces… ¿qué está pasando en realidad?
Para entenderlo, quizá haya que mirar menos a la psiquiatría y más a la psicología de la identidad.
Los seres humanos no solo somos cuerpos, somos relatos. El psicólogo Dan P. McAdams ha defendido que construimos nuestra identidad como una historia coherente sobre quiénes somos. Y a veces esa historia necesita símbolos.
Para algunas personas, lo animal funciona como un espejo emocional: fuerza, independencia, instinto, pertenencia, libertad. Decir “me siento lobo” puede ser una forma intensa de decir “no encajo del todo”, “me siento diferente”, “hay algo salvaje en mí”.
Los seres humanos no solo somos cuerpos, somos relatos.
La pregunta no es si alguien “es realmente” un animal, sino qué está expresando con esa imagen.
Adolescencia, pertenencia y el animal interior
No es casual que muchos testimonios therian aparezcan en adolescentes y jóvenes. Esa es la etapa donde la identidad se busca con más intensidad.
Los adolescentes necesitan pertenecer, pero también diferenciarse. Necesitan etiquetas, pero también escapar de ellas. Y en internet encuentran algo que antes era imposible: comunidades enteras dedicadas a formas alternativas de ser.
Hablamos de una época y una etapa en la que muchos sienten soledad, ansiedad social o desconexión, la idea de una “manada” puede ser más que una metáfora bonita.
Internet convierte experiencias íntimas en identidades compartidas.
¿Y si ocurre en casa? Qué hacer (Y qué no) según la psicología
Después de entender el fenómeno desde la historia, la identidad y la cultura digital, hay una pregunta inevitable: ¿qué ocurre cuando no lo leemos en internet, sino que lo escuchamos en nuestra propia casa?
Lo primero que conviene subrayar es algo que la literatura psicológica respalda con bastante claridad: explorar identidades en la adolescencia es normal. Cambiar de estética, probar etiquetas, buscar comunidades afines… forma parte del proceso de construcción del yo. Que un joven diga que se siente lobo, zorro o ciervo no equivale automáticamente a un trastorno mental.
La diferencia clave está en cómo se vive esa identidad. Si se trata de una vivencia simbólica —una forma de expresar rasgos personales, sensibilidad o necesidad de pertenencia—, estamos ante un fenómeno cultural e identitario. Si, en cambio, aparece una creencia literal de transformación, pérdida de contacto con la realidad o deterioro funcional grave, entonces el escenario cambia y sí conviene consultar con un profesional.
Desde la psicología del desarrollo, el consejo es menos dramático de lo que cabría esperar: escuchar antes de reaccionar. Preguntar qué significa para esa persona sentirse así suele ofrecer más información que prohibir o ridiculizar. Muchas veces, detrás de la etiqueta, hay cuestiones más universales: sentirse diferente, no encajar, buscar una “manada”.
También es importante no convertir la identidad en el único eje de la relación. Mantener rutinas, límites razonables y diálogo abierto suele ser más eficaz que entrar en una batalla simbólica. La mayoría de las identidades exploradas en la adolescencia evolucionan con el tiempo. Lo que permanece no suele ser la etiqueta, sino la experiencia emocional que la sostuvo.
En definitiva, la ciencia no habla de alarma generalizada, sino de contexto, matices y observación serena. Identidad no es sinónimo de patología. Y, como casi todo en la adolescencia, el fenómeno therian dice tanto de la etapa vital como del símbolo elegido para atravesarla.
Padres y madres preocupados (En clave de humor)
Y claro, cuando un fenómeno así entra en casa, el debate deja de ser académico y se vuelve doméstico. Una realidad. Porque una cosa es sentirse lobo por dentro… y otra es que los adultos empiecen a imaginar las consecuencias prácticas. Las redes sociales están llenándose de comentarios de adultos que no terminan de comprender el fenómeno. La idea no es ridiculizar nada ni a nadie, solo es un estado de desconcierto ante las incoherencias que pueden desencadenar estas nuevas tendencias. Algunos ejemplos:
- Los lobos no necesitan WiFi, necesitan bosque, así que te cambio la contraseña
- Si eres un gato, te quito el móvil, que los gatos quieren punteros láser
- Los zorros no se preocupan por el algoritmo de Instagram.
- Los lobos no hacen vídeos de Tik Tok
- Si eres un animal salvaje, el aire acondicionado es un lujo muy humano.
- Los osos no piden comida a domicilio, ahí tienes la basura en el patio para que rebusques en ella
- Si eres lobo interior, supongo que también renuncias a la contraseña de Netflix.
El humor aquí no va contra nadie: va contra nuestra necesidad humana de encajar lo extraño en lo cotidiano.
Una identidad que divide internet (Y nos obliga a pensar)
Ha quedado claro, el fenómeno therian genera reacciones extremas. Para algunos es una forma legítima de identidad simbólica. Para otros es una moda absurda. Para otros, un síntoma cultural de una época donde el yo se fragmenta en mil versiones.
Lo cierto es que no hay una única explicación.
Therian puede ser espiritualidad, metáfora, estética, búsqueda de comunidad o una mezcla de todo. Y quizá lo más interesante no sea decidir si es “real” o “ridículo”, sino entender qué nos dice sobre nosotros. Porque al final, el ser humano siempre ha buscado símbolos para explicarse.
Antes eran dioses. Ahora, a veces, son lobos.




