Friday, February 6, 2026
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Polémica en EE.UU. por el plan de Trump para controlar las elecciones en las circunscripciones bisagra y hostiles

Las elecciones legislativas están ya en el horizonte político de EE.UU, y Donald Trump empieza a mover piezas para condicionar los comicios. Esta semana ha abierto el debate sobre la «toma de control» de los procesos electores en territorios que no le son favorables.

El presidente de EE.UU. llegó a hablar de «nacionalización» del proceso electoral, en un país con una tradición democrática muy diferente. EE.UU., la democracia más vieja y estable del mundo, que este año cumple el 250º aniversario de su independencia, tiene un sistema electoral basado en la gestión estatal y local de la cita con las urnas.

Fue un comentario de Trump de pasada, intempestivo, que ha provocado un debate profundo sobre la constitucionalidad de la propuesta y sobre las intenciones del presidente de intervenir el proceso electoral, en medio de acusaciones contra el presidente de llevar a EE.UU. a una deriva autoritaria.

Ocurrió en una entrevista de Trump en el podcast de Dan Bongino, un opinador influyente de la derecha estadounidense, al que el presidente fichó como segundo del FBI, pero que no ha durado mucho en su puesto. Trump hablaba de política migratoria y de sus esfuerzos para ejecutar una deportación masiva de inmigrantes indocumentados. «Si no los echamos, los republicanos no volverán a ganar otra elección», defendió. Es una posición habitual en el trumpismo: hay un fraude electoral disparado de inmigrantes indocumentados y los demócratas buscan facilitar que puedan votar (hay evidencias de ese fraude, pero su volumen es mínimo y no ha influido en resultados).

«Los republicanos deberían decir ‘queremos tomar el control’. Deberíamos tomar el control de las votaciones en, al menos, quince lugares. Los republicanos deberían nacionalizar las votaciones».

Según Trump, hay un fraude electoral disparado de inmigrantes indocumentados y los demócratas buscan facilitar que puedan votar

Era una declaración extraordinaria. La Constitución establece que «el momento, el lugar y la manera de llevar a cabo elecciones para senadores y representantes debe ser determinada por cada estado». También da al Congreso la competencia de «alterar esas regulaciones». Es decir, reparte entre los estados y el Congreso el poder para gestionar las elecciones. Pero lo hace de forma más explícita para las autoridades estatales y locales, y esa es la práctica que ha seguido EE.UU. en su vieja democracia: las elecciones -también a la presidencia- las regulan y manejan los estados, condados y otras jurisdicciones electorales locales. El Congreso ha intervenido en ocasiones para uniformar ciertos aspectos, pero la gran mayoría del proceso electoral está determinada por las autoridades estatales y locales. Y sin ningún papel papel para el poder ejecutivo, más allá de cooperación en asuntos como ciberseguidad.

Declaraciones peligrosas

Las declaraciones provocaron un escándalo y posiciones contrarias desde ambos partidos. Muchos las consideraban peligrosas, en especial, por tratarse de Trump. Es la misma persona que trató de dar la vuelta a su derrota electoral en 2020, que clamó un fraude electoral masivo no respaldado por los tribunales ni por las propias autoridades de su partido. El mismo que llamó al secretario de Estado de Georgia, un territorio muy disputado, para que «encontrara» los casi 11.000 votos que le faltaban para ganar en ese estado.

Trump intentó el marzo pasado imponer legislación electoral en todo el país a golpe de orden ejecutiva y le frenaron los juzgados.

La polémica ocurre también en un momento de debilidad política de Trump, lejos de su mejor momento en las encuestas y ante la preocupación creciente entre los republicanos sobre la posibilidad de perder sus mayorías en el Congreso en las elecciones del próximo noviembre. Si eso ocurre, a Trump le quedaría mucha menos capacidad de maniobra en sus dos últimos años en la Casa Blanca.

La polémica ocurre también en un momento de debilidad política de Trump, lejos de su mejor momento en las encuestas

La reacción de algunos pesos pesados republicanos fue rotunda. «Creo mucho en un poder descentralizado y repartido. Y es más difícil hackear cincuenta sistemas electorales que hackear uno», reaccionó John Thune, el líder de la mayoría republicana en el Senado. «Es un sistema que ha funcionado muy bien».

La Casa Blanca intenta rectificar

La Casa Blanca trató de dar marcha atrás a las declaraciones de Trump. Su portavoz, Karoline Leavitt, defendió que las palabras del presidente no tenían que ver con la «nacionalización» de las elecciones. Se referían a la ley SAVE, una propuesta electoral para imponer que los votantes se registren con su pasaporte o partida de nacimiento (los demócratas se oponen, defienden que dejaría fuera del sistema electoral a millones de estadounidenses, en especial, de minorías raciales).

Pero Trump desdijo a su portavoz poco después: «Los estados son agentes del Gobierno federal en las elecciones. No entiendo por qué el gobierno federal no organiza las elecciones», dijo el presidente, que doblaba su apuesta en su intención de que sea Washington quien controle las elecciones.

Es una visión que va contra la posición tradicional de los republicanos y conservadores en EE.UU., celosos de mantener el poder de los estados, contrarios a las ambiciones centralistas más propias de los demócratas.

El republicano Michael Adams, secretario de Estado de Kentucky, recuperaba estos días la cita del gran tótem -hasta para Trump- de su partido, Ronald Reagan. «El Gobierno federal no creó a los estados; los estados crearon al Gobierno federal».

Está por ver hasta dónde llegará Trump en esta ambición de control electoral. De lo que no hay duda es que ha disparado el nerviosismo sobre las condiciones en la que se celebrarán este año las elecciones. Esta misma semana, Steve Bannon, el que fue su estratega jefe en la Casa Blanca y todavía una figura influyente en el trumpismo, ha exigido que la policía migratoria, ICE, rodee los colegios electorales.

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