La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán entra en su cuarta semana, la escalada no cesa, el estrecho de Ormuz permanece cerrado para los «no amigos» de Teherán y el precio del gas y petróleo no deja de subir. Frente a las … declaraciones contradictorias de Donald Trump sobre el posible final de las operaciones, las autoridades israelíes mantienen un discurso firme y el ministro de Defensa, Israel Katz, adelantó que los ataques conjuntos «se intensificarán significativamente» en la próxima semana. La primera muestra llegó con un ataque estadounidense contra la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz.
Los iraníes no dan un paso atrás y lanzaron dos misiles a la base aérea británico-estadounidense de Diego García en el Índico, a unos 4.000 kilómetros de distancia, lo que demostró que sus misiles tienen mayor radio de acción de lo esperado y podrían incluso golpear en Europa occidental. Fue un ataque fallido, según las autoridades británicas. La agencia iraní Mehr confirmó el intento de ataque y defendió que atacar la base fue un «paso significativo… que demuestra que el alcance de los misiles de Irán va más allá de lo que el enemigo imaginaba anteriormente».
Pasan los días y cada vez cuesta más saber cuál es la meta final de la guerra. Después de alcanzar más de 8.000 objetivos, Estados Unidos pareció recordar que uno de los principales asuntos aún por resolver es el programa nuclear, así como las reservas de uranio enriquecido en poder del enemigo, y golpeó en la planta de Natanz, situada cerca de la ciudad santa de Qom, al sur de Teherán. Los medios estatales informaron de que no hubo «fuga de material radiactivo» ni peligro para los residentes cercanos y la Agencia Internacional de Energía Atómica insistió en que, en principio, no hay riesgo radiológico para la población civil alrededor de la instalación.
Si Estados Unidos se desvinculó del ataque al mayor yacimiento de gas iraní de la semana pasada, que provocó la respuesta de la Guardia Revolucionaria en forma de ataques a las principales plantas energéticas del Golfo, esta vez Israel fue quien dijo que no tuvieron nada que ver con la operación en Natanz. Los estadounidenses, que ya bombardearon el lugar en la guerra de junio, utilizaron bombas antibúnker contra la instalación.
El problema para Trump es que, como ocurre con el objetivo de derrocar al régimen, el programa nuclear tampoco se puede desmantelar desde el aire porque los iraníes conservan una cantidad importante de uranio enriquecido a altos niveles. Las únicas opciones para hacerse con ese material pasan por un acuerdo con Teherán o una operación terrestre.
Las dudas de Trump
En un margen corto de tiempo, el presidente de Estados Unidos dijo que no quiere «un alto el fuego» con Irán. «Ya saben, no se hace un alto el fuego cuando literalmente estás aniquilando al otro lado», apuntó Trump a los periodistas que le acompañan. Poco después, informó de que «estamos muy cerca de alcanzar nuestros objetivos mientras consideramos reducir gradualmente nuestros grandes esfuerzos militares en Oriente Próximo». Todo ello con miles de hombres y barcos de refuerzo en camino y una petición de dólares astronómica al congreso para «matar a los malos», según las palabras del secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Un alto funcionario iraní citado por la agencia Isna señaló que «Teherán no confía en las declaraciones de Trump; no se ha producido ningún cambio tangible en el nivel de actividad militar de Estados Unidos en la región (…) hemos llegado a la conclusión de que ahora debemos darle a Trump una lección sencilla». El presidente, Masoud Pezeshkian, fue más diplomático y en una conversación que mantuvo con el primer ministro indio, Narendra Modi, defendió que es necesario un «cese inmediato» de lo que describió como agresión estadounidense-israelí.
Apertura de Ormuz
Irán ha convertido al estrecho de Ormuz en su principal arma para presionar a Estados Unidos. Los iraníes insisten en el que paso solo está cerrado para sus enemigos y por eso ha permitido en estas semanas el tránsito seguro de petroleros de China, India, Pakistán, Malasia o Irak. La estrategia de Teherán pasa por lograr acuerdos bilaterales y Abbas Araghchi, ministro de Exteriores, declaró a la agencia japonesa Kyodo News que está dispuesto a ayudar a los barcos japoneses a atravesar el estrecho. Japón importa más del 90 por ciento de su petróleo a través de esta vía.
La presión en los mercados es tal que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos se vio obligado el viernes a relajar las sanciones sobre el petróleo iraní. Esta decisión llegó al mismo tiempo que el almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de Estados Unidos, apuntaba que el ejército había alcanzado una instalación subterránea en la costa iraní utilizada para almacenar misiles de crucero destinados a amenazar la navegación por el estrecho. La Guardia Revolucionaria aseguró que los objetivos alcanzados fueron buques privados y de pasajeros y advirtió que «si esta agresión cobarde se repite, se tomará una acción severa y de represalia».
Nadie ha respondido hasta ahora a la petición de ayuda militar de Trump para reabrir Ormuz, pero un grupo de países emitió una declaración conjunta de condena a Irán por el «cierre de facto» del estrecho y pidió ·el cese inmediato de amenazas, colocación de minas y ataques con drones y misiles. Entre los firmantes figuran Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Reino Unido, Francia y Alemania.




