Monday, March 30, 2026
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Columna: Un reencuentro con ‘El Más Buscado’: El Bandido

Eran de esas noches calurosas de verano en Lomarca. Mi padre nos había llevado a mi hermano y a mí a ver la lucha libre en el legendario Olimpico Laguna en Gómez Palacio, Durango.

Viajamos desde San Pedro de las Colonias, atravesando toda la Comarca Lagunera: tres ciudades, dos estados.

Mi papá estacionó el viejo Dodge rojo que teníamos entre La Ocampo y La Mina. Eran principios de los 2000, en México, y aunque la economía pintaba mejor para algunos, a nosotros apenas nos alcanzaba para un carro que funcionara, y no para un modelo nuevo con todas las comodidades.

Mi papá solucionaba todo de forma manual: bajaba el seguro, como diciendo “así mero”. Mi mamá lo llamaba el mueble, como si de un sofá viejo o una vitrina se tratase. Pero para nosotros, ese Dodge rojo era lo que nos llevaba y nos traía.

Cuando llegamos, mi viejo se puso generoso y nos dio a mi hermano y a mí 20 pesos.

“Suertudotes”, dijo al momento en que nos hacía una finta con el billete del Benemérito de las Américas.

Mi hermano, mayor que yo, no quiso invitarme con dinero porque quería comprar una máscara de Doctor Wagner, ya que, preocupado por su identidad, estaba decidido a llevarla a la escuela. Así de grande era la influencia de la lucha libre en nuestra casa.

Al entrar al pabellón, todo se convierte en algarabía.

Recuerdo que Octavio Paz dedicó, en “El Laberinto de la Soledad”, un nutrido análisis a la “chingada” debido a su profundo significado. Sin embargo, puedo apostar a que hasta él se sorprendería al registrar, en un mismo espacio, tantos matices de esa palabra.

Esta arena hecha anfiteatro ha albergado a las más grandes figuras del pancracio mexicano, como Blue Panther, Último Guerrero, la familia Andrade y, por supuesto, el legado Wagner, (todos ellos laguneros).

Cuenta una anécdota de que, en la siguiente camada de luchadores laguneros, se encontraba el que ahora se rumora que es el mejor del mundo. Quien pisó la cárcel al inicio de su carrera, pero no para cumplir sentencia, sino para hacer su debut como luchador bajo el nombre de Magnífico II junto a su primo, Magnífico.

Fue el tercer domingo de junio en el Cereso II de Gómez Palacio. Era el Día del Padre. Los reos se aglomeraron para conseguir un asiento en las gradas. Eran liberados, simbólicamente hablando, gracias a la lucha libre.

El Robin Hood enmascarado, sin darse cuenta, años más tarde, se convertiría en uno de los mejores luchadores del mundo, pisando los más grandes escenarios, luego de iniciar su carrera en una prisión.

Por primera vez, el 2 de junio de 2016, luchó bajo el nombre de Bandido. Siendo el Olímpico una de las primeras arenas en las que debutó. Sí, en aquel ring en el que entre cada lucha mi hermano y yo nos subíamos a luchar.

Pueden dudar pero, estoy segura que algunos de los niños que jugaban dentro del ring a ser luchadores, logran, en efecto, convertirse en uno del cual, ahora, desconocemos su identidad.

Aún recuerdo esa escena en cámara lenta, cientos de personas en ese recinto, riendo, gritando, comiendo y bebiendo cerveza. Las personas parecían provenir de un lugar destinado a la prosperidad y no a un lugar desértico, inhabitado. Nos permitía olvidar las penas por un momento; era catártico.

Este escenario, sede de varios combates épicos, estaba próximo a inscribir el nombre de una nueva leyenda, un bandido indómito, hijo de la tierra estéril.

La Laguna es uno de los lugares con más luchas per cápita del mundo, siendo la Ciudad de México y Tokio, Japón, quienes encabezan la lista—con una diferencia aproximada de 14 millones de personas.

La diferencia es abismal y, aun así, todos los jueves, sin falta, ahí estábamos. Podía faltar la comida en casa, pero nunca nuestra presencia. Supongo que mi mamacita no había cocinado ese día porque mi papá constantemente gritaba: – ¡Apúrenle! ¡No traigo lonche!

La disciplina de los costalazos se encuentra, y no es casualidad, intrínsecamente conectada tanto a la cultura como a la idiosincrasia de los mexicanos. Y La Comarca es, sin duda, uno de los lugares con más tradición y linaje luchístico. Es importante no pasar por alto que cuando alguien crece dentro de la cultura de la lucha como referencia lúdica, muy probablemente se convierta en luchador.

Años después, por casualidad, me encuentro en el Globe Theater de Los Ángeles, California. Una cartelera rasgada pendía de la pared con el anuncio de la función estelar: The Most Wanted – El más buscado: Bandido.

Ambos hemos crecido y provenimos del mismo lugar. El pequeño que otrora jugaba a ser luchador se ha convertido en una de las figuras más prominentes del pancracio mexicano.

Entre vítores, el público aclamaba su nombre oculto bajo una máscara que le hacía honor al luchador ícono japonés, Hayabusa.

Un niño convertido en un ídolo. El primer mexicano en ganar el título de Pro Wrestling Guerrilla (PWG ) Battle Of Los Angeles, uno de los campeonatos más reconocidos del circuito independiente en Estados Unidos.

El oriundo de la colonia “la Moderna” de Torreón,Coahuila. Ahora quedaba inmortalizado en los DVDs que solo podrías encontrar en los eventos de PWG y, que ahora lucha en los escenarios más grandes del mundo como campeón de Ring Of Honor (ROH) y fue, hasta hace poco, campeón de parejas de All Elite Wrestling (AEW).

Mi sangre mexicana se sorprendió al no ver niños jugando en el ring en los Estados Unidos.

Pero me equivocaba: si había un niño en el cuadrilátero, era porque ya había crecido y se había convertido en un luchador.

Muchos podrán cuestionar la autenticidad de esta historia; sin embargo, (cierto o no), tiene un significado más simbólico que literal.

No por nada es “el más buscado”, pero yo lo había encontrado Sin embargo, nunca sabré su verdadera identidad.

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