Desde Valle del Guamuéz, en el estratégico departamento de Putumayo, un grupo de exguerrilleros de los ‘Comandos de la Frontera’ ha lanzado un llamado urgente al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella. La petición central es clara: dar continuidad al proceso de paz iniciado bajo la administración saliente de Gustavo Petro. Este requerimiento pone de manifiesto el ‘Dilema de la Paz’ que enfrenta la nación, donde la voluntad de desmovilización de actores armados se choca con un cambio de timón político que augura una postura más dura frente a los diálogos.
El proceso actual, que involucra a 86 hombres y 13 mujeres de esta organización disidente de las antiguas FARC, comenzó su fase de concentración en una Zona de Ubicación Temporal (ZUT) el 18 de junio. Esta fecha, crucial, precede en solo tres días la elección del nuevo mandatario, lo que subraya la temporalidad y la vulnerabilidad de estos acuerdos preliminares. Los excombatientes han insistido en que su decisión de abandonar las armas es ‘irreversible’ y han expresado su firme voluntad de reintegrarse a la vida civil, solicitando a la vez garantías esenciales para la consolidación de su proceso en una región históricamente convulsa.
La política de ‘paz total’ impulsada por la administración de Gustavo Petro buscaba una aproximación integral para el cese de hostilidades y la negociación con diversos grupos armados ilegales. Este enfoque contrastó significativamente con modelos anteriores al abrir la puerta a diálogos simultáneos con organizaciones de diversa índole. La expectativa era reducir la violencia y fomentar un desarrollo territorial inclusivo, si bien no estuvo exenta de críticas respecto a su alcance y sus resultados tangibles en algunas zonas del país.
Sin embargo, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha manifestado una postura radicalmente opuesta. Durante su campaña y tras su elección, reiteró en múltiples ocasiones que su gobierno no continuaría con la política de ‘paz total’, argumentando que esta había contribuido al deterioro del orden público. Esta posición plantea serios interrogantes sobre el futuro de los acuerdos ya establecidos y la viabilidad de nuevos acercamientos, poniendo a prueba la resiliencia de los pocos avances logrados en territorios fronterizos como Putumayo y Nariño.
La situación de los ‘Comandos de la Frontera’ es emblemática de los desafíos inherentes a los procesos de desmovilización en Colombia. Estos grupos operan en zonas con economías ilícitas arraigadas, como el narcotráfico y la minería ilegal, lo que complica su desarme y reintegración. La falta de presencia estatal efectiva, sumada a la pobreza y la ausencia de oportunidades, crea un caldo de cultivo para la perpetuación del conflicto, haciendo que la transición a la legalidad sea un camino espinoso que requiere un compromiso estatal sostenido y multifacético.
Desde una perspectiva geopolítica, la estabilidad del sur de Colombia tiene implicaciones transnacionales significativas. La frontera con Ecuador y la proximidad a Venezuela convierten la región en un corredor estratégico para diversas actividades ilícitas. Una interrupción o el estancamiento de los procesos de paz podrían desestabilizar aún más esta zona, generando ondas de inseguridad que trascienden las fronteras nacionales y afectan la cooperación regional en materia de seguridad y desarrollo. La continuidad de los compromisos de paz, por tanto, no es solo un asunto interno, sino un factor crucial para la estabilidad hemisférica.
El llamado de los exguerrilleros resalta la imperiosa necesidad de que el Estado colombiano mantenga una visión de largo plazo para la consolidación de la paz. Más allá de las alternancias políticas y las visiones ideológicas, la reintegración de excombatientes y la pacificación de territorios son procesos complejos que demandan coherencia institucional y la provisión de garantías de seguridad y oportunidades económicas. La incertidumbre actual no solo afecta a los desmovilizados, sino que pone en riesgo la confianza en el Estado como garante de la palabra empeñada en la búsqueda de la resolución de conflictos históricos.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.






