El desarrollo tecnológico abarca todas las áreas imaginables, y la investigación se ha beneficiado enormemente de todos los avances que se han producido en los últimos años, al poder usar nuevas herramientas que contribuyen a facilitar, agilizar y mejorar el trabajo de los investigadores.
Un claro ejemplo de ello es la llegada del radar de penetración en el suelo (GPR), una técnica geofísica que utiliza pulsos de radar para obtener imágenes del subsuelo. Con él, los arqueólogos han logrado descubrir restos del pasado que eran totalmente desconocidos e imposibles de encontrar si no fuera por esta tecnología.
Y el GPR lo ha vuelto a hacer, esta vez en las grandes pirámides de Giza (Egipto) según han explicado investigadores dirigidos por Motoyuki Sato, de la Universidad de Tohoku (Japón). Usando dicho sistema con un método conocido como tomografía de resistividad eléctrica (ERT), que utiliza la resistencia eléctrica para cartografiar estructuras subterráneas, descubrieron una “anomalía” cerca de las pirámides.
Según el artículo de investigación del equipo la estructura con forma de ‘L’ gigante se encuentra a unos dos metros de la superficie, mide diez metros de largo y fue rellenada tras su construcción. Los investigadores señalaron que es probable que la estructura no sea natural, ya que su forma es demasiado afilada.
“Puede que fuera la entrada a una estructura más profunda”, escribieron Sato y sus colegas en el artículo. Esa estructura más profunda se parece sospechosamente a una tumba.





