Solo 40 kilómetros separan la ciudad de Jasab de la costa iraní. Entre medias, el estrecho de Ormuz, el lugar donde se juega esta nueva —o antigua— guerra entre los tres enemigos íntimos: Israel y Estados Unidos contra Irán. Estamos en Jasab, la capital de … la región de Musandam, en Omán, un lugar espectacular a la vez que singular. Para llegar hasta aquí desde Dubái, hay que conducir hacia el norte cruzando varios emiratos pequeños.
El viaje dura unas dos horas en condiciones normales. Un día como hoy, festivo en Emiratos por el final de Ramadán, la carretera estaría a rebosar a primera hora de la mañana y los turistas llenarían los coches de alquiler y los autobuses que organizan excursiones a este paradisíaco lugar. Aquí lo más buscado son los delfines y las aguas cristalinas para practicar deportes acuáticos como el snorkel. Además, la escarpada península de acantilados de piedra caliza ha convertido este lugar en un espectáculo geográfico. Los acantilados de color rojizo recuerdan a los fiordos noruegos y se les conoce con el nombre árabe de ‘khors’. Sin embargo, nada es normal en esta zona desde hace casi un mes: la frontera está vacía de turistas, pero llena de policías y militares.
La península de Musandam es un exclave, una sección de Omán separada del resto del país por Emiratos Árabes Unidos y bañada por las aguas del estrecho de Ormuz. Esto la sitúa en un lugar privilegiado para la geopolítica. Mientras Irán controla la orilla norte del Estrecho, Omán lo hace de forma discreta por el flanco sur, lo que convierte a este territorio en un activo estratégico para el control marítimo, con la instalación de radares y puntos de vigilancia escondidos entre los escarpados acantilados.
A orillas de Jasab, las aguas donde confluyen el golfo Pérsico y el de Omán se ven transparentes y tranquilas. Varios pakistaníes, trabajadores habituales de la península, disfrutan de un baño en su día de descanso. Junto a los bañistas, las embarcaciones esperan poder volver a salir a faenar. En los pequeños puertos que forman esta costa, decenas de dhow (barcos de vela de origen árabe) y pequeñas barcas aguardan indicaciones gubernamentales para continuar con sus labores. De momento, y hasta finales de marzo, tendrán que quedarse en puerto. La situación en estas aguas es más que tensa. Se trata de las puertas de lo que algunos analistas internacionales vaticinan como la tercera guerra mundial. Quién sabe.
Lugar estratégico histórico
El estrecho de Ormuz ha sido durante siglos un paso esencial para el comercio, un lugar de comunicación entre los golfos Pérsico y de Omán. Por aquí comenzó el transporte de especias y seda en la Ruta de la Seda, y hoy es un canal por el que transita casi el 20% del petróleo y el gas del mundo. También mueve productos químicos utilizados para la industria farmacéutica y materias primas como fertilizantes. Por eso, que Irán haya decidido bloquear este paso ha puesto en jaque a la economía mundial. Según empresas de monitoreo, el tránsito de barcos por este Estrecho ha disminuido de más de 150 buques diarios a casi cero.
Desde hace una semana, el Ejército iraní ha estado atacando a petroleros y buques mercantes. Teherán buscaba con ello —y así lo declaró después— impedir el paso por el Estrecho de cargamentos de petróleo con destino a Estados Unidos y a países aliados. Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo de Irán, describió la capacidad de bloquear el Estrecho como una herramienta de presión que «definitivamente debe seguir utilizándose». Sin duda, los ataques contra buques mercantes han supuesto todo un éxito para la república islámica, incluso mientras sufre golpes importantes contra sus capacidades militares.
Pero lo que parece haber sido un éxito rotundo es el estrangulamiento de la economía global mediante el bloqueo del paso de buques y petroleros, y la consecuente subida del precio del petróleo. Los precios se han disparado, casi duplicándose desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
De momento, Irán solo ha permitido que algunos países aliados —entre ellos China, India, Pakistán, Malasia e Irak— atraviesen el estrecho de forma segura. Desde el viernes, el Gobierno iraní está debatiendo nuevas normas para el tránsito, incluyendo la imposición de una tasa, es decir, pagar por pasar, según medios de la república. En las páginas web de monitoreo de barcos se puede ver claramente cómo esa zona del estrecho está vacía de buques y cómo estos se acumulan en las costas iraníes y a ambos lados de Ormuz. Según la Organización Marítima Internacional, aproximadamente 2.000 barcos y 20.000 marineros se encuentran atrapados en la zona.
Según la Organización Marítima Internacional, aproximadamente 2.000 barcos y 20.000 marineros se encuentran atrapados en la zona
Conviviendo con la guerra
Aquí, en la península de Musandam, las consecuencias de la guerra se notan en la vida cotidiana. La capital, Jasab, tiene cerca de 20.000 habitantes y la mayoría se dedica a la pesca o al turismo. Ahora, ninguna de las dos actividades es posible. «La situación es tranquila porque no hay ataques como en Emiratos, aunque los primeros días escuchamos misiles y drones, pero no podemos salir al mar», dice Hoor, una joven de 18 años. Es la única de la familia que chapurrea el inglés. Su padre tiene una pequeña barca con la que sale a pescar, más para consumo propio que para vender.
También lo notan los comerciantes. En lancha rápida, la orilla omaní está a noventa minutos y muchos iraníes viajaban hasta aquí para hacer compras en el mercado. «Tenemos buena relación con ellos, pero ahora todo se ha cortado y la gente sí que está algo enfadada con Irán. Nos atacan y no sabemos cuándo van a parar», cuenta Haiman, un egipcio que lleva más de 15 años viviendo aquí. Este médico, que está a punto de jubilarse, toma un café en una de las terrazas que dan al Estrecho. Acaba de salir de la mezquita en el último día de Ramadán. «Hacía días que no me tomaba un café así», dice. En el horizonte solo se ven unos pocos barcos, difíciles de identificar, y más allá, territorio iraní. «Omán siempre ha sido cercano al pueblo de Irán y ha habido buenas relaciones», añade.
Arriba, explosion por un ataque irani en la estación petrolifera de Fujairah; debajo, Omán, peninsula de Musandam, Khasab Jasab. .
(M. Nieto)
Durante años, el sultanato ha realizado esfuerzos por mantener buenas relaciones con Teherán, y por ello la península permanece relativamente tranquila. Podría ser ese el motivo por el que Irán ‘solo’ ha atacado este territorio de manera leve, con drones contra los puertos de Duqm y Salalah, lejos de aquí. Además, ha mantenido siempre una posición de neutralidad diplomática entre Irán y Occidente. Las últimas conversaciones antes del inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero, entre Estados Unidos e Irán, tuvieron al sultanato como mediador.
El enfoque omaní, conocido coloquialmente como «amigo de todos, enemigo de nadie», le ha permitido mediar con Irán y, en el pasado, protegerse de amenazas que sí han sufrido sus vecinos.
Es el caso de Emiratos Árabes Unidos que ha sufrido casi tantos ataques con misiles y drones iraníes como Israel en las primeras veinticuatro horas de la guerra, a pesar de haber prometido que no permitirían que su espacio aéreo se utilizara para atacar a Irán. Abu Dabi y Teherán mantenían un acuerdo tácito para evitar la confrontación directa, basado en parte en los importantes intereses financieros de Irán en Dubái. No está claro por qué Irán atacó a Emiratos con tanta agresividad, pero Teherán podría considerar que los Emiratos pueden presionar a Washington para que detenga la campaña bélica.
«Irán ha buscado en esta ofensiva presionar a los países del Golfo para que Washington detuviera esta guerra, pero Estados Unidos ha demostrado que es más aliado de Israel que de estos países», comenta la experta en la zona Leyla Hamad, investigadora asociada del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. «Irán está respondiendo como un espejo: si Estados Unidos ataca instalaciones energéticas, el régimen de los ayatolás hace lo mismo».
«Irán ha buscado en esta ofensiva presionar a los países del Golfo para que Washington detuviera esta guerra, pero Estados Unidos ha demostrado que es más aliado de Israel que de estos países»
Ataques a infraestructuras críticas
En el punto de mira iraní está Fujairah, considerada una de las infraestructuras más estratégicas de la economía global y objetivo claro en el conflicto regional. Este puerto emiratí, en la costa del golfo de Omán, se ha convertido en una alternativa para sortear el bloqueo de Ormuz y en el plan B de Emiratos para mantener las rutas de exportación. No existe ninguna forma de evitar el estrecho de Ormuz por mar.
El golfo está prácticamente cerrado, lo que significa que los buques cisterna de la mayoría de los productores regionales deben atravesarlo. Fujairah cambia esta situación, ya que los Emiratos pueden transportar crudo por tierra a través del oleoducto Habshan-Fujairah, permitiendo que las exportaciones lleguen a los mercados globales sin necesidad de pasar por el Estrecho. Por eso, Irán ha estado atacando con drones esta zona petrolera.
El humo negro, que forma una especie de hongo sobre la zona industrial, es visible varios kilómetros antes de llegar a esta ciudad costera, a unos 100 kilómetros de Dubái. El polvo y el olor a quemado se perciben enseguida, y muy pocos se acercan a este lugar. Solo los camiones que hacen fila para recoger la carga que luego transportarán por tierra.
Explosión por un ataque irani en la estación petrolifera de Fujairah en el oceano Indico.
(M. Nieto)
Por lo demás, la ciudad está vacía. El calor intenso, el Ramadán y la falta de actividad han convertido este lugar en un desierto de urbanizaciones frente al mar.
Anwar, propietario de varios barcos, sufre las consecuencias: «Esta es una de las principales temporadas para el turismo, antes de que llegue el calor extremo. Tengo mis seis barcos parados y a mis 18 trabajadores sin nada que hacer». Su empresa se dedica a llevar a turistas —sobre todo rusos y británicos— a pescar por las costas del golfo de Omán, donde abundan especies como atunes y barracudas. Ahora todo está atracado y paralizado.
Pero lo que más le preocupa es cuánto durará la guerra. «De momento no vamos a poder operar hasta mayo, y eso son muchos meses. Estamos tranquilos respecto a los ataques porque el Gobierno lo está gestionando bien, pero ojalá termine pronto».
De momento, no parece haber ninguna señal de desescalada.



