Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil
-
- Autor, Marina Rossi y Vitor Serrano
- TĂtulo del autor, Enviados de BBC News Brasil a Salvador
- X,
“AquĂ es donde empezarĂa la carrera de los tres faros: desde Humaitá, pasarĂa por el faro de Barra y llegarĂa al faro de ItapuĂŁ”, dijo Ayrton dos Santos Pinheiro, contemplando el mar en Salvador que se abrĂa ante su ventana.
Era un lunes de principios de junio, con cielos despejados en la capital del estado brasileño de BahĂa tras dĂas de fuertes lluvias, y Ayrton, de 90 años, se encontraba en una de las tres camas distribuidas en una habitaciĂłn amplia y bien iluminada del hospital Mont Serrat.
“Cuando me dijeron que vendrĂa a este hospital, no sabĂa que estaba aquĂ”, continuĂł, hablando de las instalaciones de Ponta de Humaitá, en lo alto del barrio de Monte Serrat, en la Cidade Baixa (Ciudad Baja).
Los recuerdos obligaron a Ayrton a hacer una pausa en su discurso. Respirando hondo, con la voz entrecortada, habló con detalle sobre sus años como corredor, su familia y el nacimiento de uno de sus hijos en ese barrio.
Nacido en Pojuca, un pequeño pueblo de la regiĂłn metropolitana de Salvador, llegĂł a la capital con unos 8 años con su familia y, hasta el dĂa de hoy, está encantado con la ciudad, de la que nunca se ha ido. “Es hermosa”, dijo.
AbriĂł una agencia de viajes, se casĂł y viviĂł su vida entre el deporte, el trabajo y la familia.
Ayrton se sorprendiĂł al descubrir, por fin, que el hospital se encontraba en una zona de la ciudad que le traĂa tantos buenos recuerdos. “Cuando lleguĂ© aquĂ, sentĂ nuevas fuerzas”, afirmĂł.
El hombre ocupó una de las 70 camas del Mont Serrat, que funciona en una mansión del siglo XIX, cerca de uno de los monumentos más conocidos de Salvador, la iglesia del Señor do Bonfim.
Fuente de la imagen, Getty Images
Anteriormente, fue el hospital de enfermedades infecciosas Couto Maia, pero desde finales de enero, se ubica allĂ el primer y, hasta la fecha, Ăşnico hospital general de cuidados paliativos del Sistema Ăšnico de Salud de Brasil (SUS).
En una iniciativa previa, el Instituto Nacional del Cáncer (INCA) creó una unidad exclusiva para sus pacientes con indicaciones de cuidados paliativos, también con apoyo del SUS.
Los cuidados paliativos se centran en mejorar la calidad de vida y los sĂntomas de los pacientes con enfermedades graves o incurables. Este enfoque, que tambiĂ©n se centra en el cuidado de los familiares, no acelera ni acorta la muerte del paciente, sino que busca reducir el sufrimiento fĂsico, psicolĂłgico y espiritual.
“AquĂ no nos centramos en la muerte. Nos centramos en cuidar mientras aĂşn hay vida”, explicĂł la doctora Karoline Apolonia, coordinadora del Centro de Cuidados Paliativos del Departamento de Salud de BahĂa.
“Preguntaron si mi padre querĂa afeitarse, a quĂ© equipo apoya, quĂ© le gusta comer, si le gusta la mĂşsica. AsĂ que nos relajamos, sabiendo que está bien cuidado”, relatĂł Ayrton Junior, hijo del corredor Ayrton.
Junior narró que su padre tiene cáncer de próstata y se sometió a radioterapia para tratar otro cáncer de piel en la nariz y la cabeza.
“CorriĂł varias maratones y tengo varios trofeos suyos en casa”, recordĂł.
Pero ahora la prioridad es el presente.
“Creemos que lo importante para mi padre es el bienestar presente, el momento presente. Un dĂa a la vez. Necesita estar bien, eso es lo que pensamos, eso es lo que piensa su familia”, dijo.
Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil
Un hospital sin UCI
Recorrer los cuatro pabellones del Mont Serrat es también una forma de darse cuenta de que no es un hospital tradicional.
No hay sala de reanimaciĂłn —ya que eso irĂa en contra de uno de los criterios de ingreso— ni Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Karoline, quien compara el ingreso en una UCI con correr una maratĂłn, afirmĂł que esto serĂa incompatible con la condiciĂłn de los pacientes ingresados.
“Si obligo a este paciente a correr una maratĂłn, solo le provocarĂ© sufrimiento”, explicĂł la doctora.
“AsĂ que, en lugar de eso, le sugerimos que se siente aquĂ a contemplar la puesta de sol. Aproveche para decir perdĂłn, gracias, te quiero y adiĂłs”, agregĂł.
Para que un paciente reciba cuidados paliativos, debe ser derivado por una Unidad de Urgencias (UAU) y cumplir ciertos criterios, como tener un diagnĂłstico de una enfermedad grave y una esperanza de vida estimada de seis meses.
La familia y el paciente tambiĂ©n deben haber enfrentado lo que Karoline llama “conversaciones difĂciles”, es decir, discutir un pronĂłstico irreversible y saber que la UCI no estarĂa entre las opciones para mantenerlo con vida.
Otra peculiaridad de Mont Serrat es que la morgue está en el centro, entre los cuatro pabellones, y no en un ala aislada. Y, en el mismo espacio, dividido por una puerta corredera, se encuentra la Sala Saudade (nostalgia o añoranza).
En ese recinto es donde muchas familias se despiden y se abrazan tras el fallecimiento de un pariente, porque la premisa es que los familiares también reciban atención.
La sala cuenta con un sofá, un televisor, agua, café y una lámpara con luz indirecta.
En la pared de la entrada, está escrita una cita de Ana Claudia Quintana Arantes, una de las pioneras y más famosas profesionales de cuidados paliativos del paĂs: “Un minuto de silencio. Necesito oĂr cantar a mi corazĂłn”.
Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil
“Este hospital ha sido un sueño hecho realidad durante muchos años”, dijo Karoline, mĂ©dica pernambucana de 44 años y quien reside en Salvador desde hace 11 años.
El sueño comenzĂł en 2019, cuando se creĂł el Centro de Cuidados Paliativos de la SecretarĂa de Salud de BahĂa, que forma a mĂ©dicos especialistas en esta área en todo el estado.
El centro fue pionero: en mayo de 2024, el Ministerio de Salud lanzĂł la PolĂtica Nacional de Cuidados Paliativos. De igual manera, los cuidados paliativos son una asignatura obligatoria en las facultades de medicina de todo el paĂs desde 2023.
En BahĂa, el proyecto tomĂł forma tras un análisis de la red.
“Nos dimos cuenta de que entre el 20% y el 30% de los pacientes de toda la red pĂşblica de BahĂa tenĂan indicaciĂłn de traslado a una unidad especializada en cuidados paliativos”, dijo Karoline.
“No querĂamos que los pacientes llegaran aquĂ y murieran inmediatamente”, explicĂł Yanne Amorim, directora mĂ©dica del hospital, “ni que se convirtiera en un hospital para enfermedades crĂłnicas”.
Por eso, la esperanza de vida estimada de los pacientes que llegan al Mont Serrat es de seis meses. Algunos viven más y regresan a casa para seguir recibiendo cuidados de sus familias. Otros viven mucho menos, por lo que la estancia hospitalaria promedio es de ocho dĂas.
“El paciente recibe el alta sabiendo y entendiendo que sigue padeciendo su enfermedad”, explicĂł Yanne.
“Pero regresa a casa con la condiciĂłn de estar conectado con lo que a menudo es sagrado para Ă©l: su familia”, puntualizĂł.
Los pacientes dados de alta pueden continuar su tratamiento en casa, asistiendo ocasionalmente a la clĂnica ambulatoria del Mont Serrat, o terminan falleciendo rodeados de familiares y amigos.
BBC News Brasil visitĂł la instituciĂłn dos veces, una a principios de abril y otra exactamente dos meses despuĂ©s. Ninguno de los pacientes que estuvieron allĂ en la primera visita seguĂa en la segunda.
Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil
“Mi marido llegĂł muerto”
A principios de abril, la pareja de la jubilada Angela Maria Barbosa Teixeira, de 48 años, llevaba casi un mes hospitalizada.
Tras sufrir un robo y recibir varios golpes en la cabeza, Donizete Santana de Oliveira, de 33 años, descubriĂł que la inflamaciĂłn en su cráneo se debĂa a un cáncer. Angela contĂł la historia, pues su marido ya no podĂa hablar ni moverse.
A pesar de la cirugĂa y la quimioterapia, el tumor persistĂa. “DespuĂ©s de todos los intentos, nos terminaron recomendando cuidados paliativos”, dijo. “Estábamos tristes. ÂżQuiĂ©n se alegrarĂa con una noticia asĂ?”, prosiguiĂł.
En ese momento, Donizete estaba hospitalizado en otro hospital, tambiĂ©n pĂşblico. “AllĂ sufriĂł mucho, estaba muy mal, gritaba”, dijo conmovida. En una palabra, resumiĂł el estado en el que se encontraba Donizete al llegar a Mont Serrat: “Muerto”.
“Pero cuando llegamos aquĂ, nos trataron tan bien que empezĂł a mejorar”, dijo.
“Todos, desde las señoras de la limpieza hasta los psicĂłlogos, nos recibieron con los brazos abiertos. Esto no ocurre en ningĂşn otro lugar, por eso digo que este es un pequeño paraĂso”, indicĂł, revelando en la práctica los contrastes dentro del propio SUS.
Todo el equipo del hospital, compuesto por 430 personas, recibe la misma formaciĂłn.
Guardias de seguridad, personal de limpieza, enfermeras y mĂ©dicos participan en dinámicas que abordan la empatĂa y preguntas como: ÂżcĂłmo le gustarĂa que lo trataran si llegara aquĂ? ÂżQuĂ© pedirĂa en este tiempo?
Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil
Estas preguntas se repiten a diario con los pacientes.
“Me preguntan quĂ© quiero, quĂ© es lo que más me gusta, quĂ© quiero comer. Estoy aquĂ como una señora rica. ÂżDĂłnde voy a encontrar eso?”, dijo entre risas Helita Maria da Silva, ama de casa de 86 años, una mujer llena de vida a la que BBC News Brasil encontrĂł, al igual que a Ayrton, en su segunda visita al hospital, a principios de junio.
Junto a su hijo, el asistente de producción João Raimundo da Silva Vitória, de 54 años, descansa en una cama mientras ve la televisión.
“Está aquĂ recibiendo un buen tratamiento, despuĂ©s de que decidimos no operarla debido a su avanzada edad”, dijo JoĂŁo, resumiendo con sus propias palabras los cuidados paliativos que recibiĂł su madre, quien padece cáncer de hĂgado.
“Me tratan como a un bebĂ©”, concluyĂł Helita, quien fue dada de alta dos dĂas despuĂ©s.
Angela, la pareja de Donizete, también agradeció la atención.
“Estoy feliz, porque cuando Dios se lo lleve, sĂ© que este hospital le ha propuesto un final feliz, un final sin dolor, sin gritos, sin llantos”, dijo.
Donizete falleciĂł a los 33 años, 20 dĂas despuĂ©s de la primera visita de BBC News Brasil al hospital, tras pasar dos meses bajo cuidados en el Mont Serrat.
Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil
Sin relaciĂłn con la eutanasia
El hospital, que sigue siendo el Ăşnico centro del SUS dedicado Ăntegramente a cuidados paliativos (existen algunas iniciativas entre hospitales privados), se inspirĂł en el ejemplo de tres sistemas modelo: el inglĂ©s, el canadiense y el argentino, explicĂł la doctora Karoline Apolonia.
El primer servicio dedicado a cuidados paliativos en el mundo se creĂł en Inglaterra. Ubicado en Londres, St. Christopher’s fue fundado en 1967 por Cicely Saunders, la pionera en cuidados paliativos.
Karoline enfatiza que los cuidados paliativos no tienen relaciĂłn con la eutanasia, una asociaciĂłn comĂşn pero errĂłnea. “Son dos conceptos diferentes”, aclarĂł.
SegĂşn ella, los cuidados paliativos abogan por la ortotanasia: tratamientos que controlan los sĂntomas para el proceso natural del final de la vida.
La eutanasia, en cambio, es la práctica de causar, sin dolor, mediante una inyección que detiene el corazón, la muerte de alguien que padece alguna enfermedad.
Aunque el debate sobre la eutanasia y la muerte asistida (cuando un mĂ©dico prescribe una sustancia letal para que el paciente pueda suicidarse) está avanzando en algunos paĂses, como Canadá y algunos estados de EE.UU., en Brasil ambas modalidades están prohibidas por ley.
Karoline explica, sin embargo, que existen recursos, dentro de la ortotanasia, para reducir el sufrimiento del paciente sin acelerar el proceso de muerte. La sedación paliativa, según la doctora, es un analgésico sedante capaz de disminuir la consciencia.
“AsĂ, el propio cuerpo entra en un estado de finitud”, aseverĂł.
“Y esto no es eutanasia activa, que es cuando un profesional de la salud, movido por la compasiĂłn, realiza un acto cuyo objetivo final es provocar la muerte de la persona”, apuntĂł.
“Siempre podemos reducir el sufrimiento controlando los sĂntomas y ofreciendo sedaciĂłn paliativa, que es algo legal”, rematĂł.
Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil
“Tenemos que organizarnos para cuidar de nuestros ancianos”
El tĂ©cnico de telecomunicaciones Marcos Roberto Alencar da Silva, de 48 años, estuvo en Mont Serrat a principios de junio para acompañar a su madre, Marina Alencar, de 79 años, quien sufrĂa demencia tras ser diagnosticada con alzhĂ©imer.
“SĂ© que está en la fase final, pero está cĂłmoda”, dijo dos dĂas antes de su fallecimiento.
Para Ă©l, Mont Serrat es un lugar que le brindĂł los cuidados finales que Ă©l y su familia no podrĂan costear en una instituciĂłn privada.
“Pensaba: ‘ÂżSe abrirá alguna vez una puerta aquĂ en Salvador?’, no solo para mi madre, sino para otras familias que tambiĂ©n la necesitan. Y entonces esa puerta se abriĂł”, dijo.
La misma puerta se abriĂł para la jubilada Antonia Carvalho de Ribeiro, de 60 años, quien acompañaba a su esposo, Everaldo Ferreira, de 74 años, quien sufrĂa las secuelas de un derrame cerebral.
“Cuando hablas de un hospital de cuidados paliativos, te asustas un poco”, dijo.
“Pero cuando llegas y encuentras algo asĂ, donde todos te tratan con cariño, con respeto, con un buen dĂa, es algo que es muy importante”, agregĂł.
La mujer dijo que solo tenĂa un deseo. “Que pueda llevármelo a casa y que podamos terminar nuestros dĂas juntos en casa”, comentĂł entre lágrimas.
Everaldo muriĂł tres dĂas despuĂ©s de la segunda visita de BBC News Brasil al hospital.
Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil
“Una de las preocupaciones de nuestro gerente era que, si el hospital abrĂa, tendrĂamos una ocupaciĂłn máxima. Y hoy podemos decir que vivimos cerca de la ocupaciĂłn máxima todos los dĂas”, aseverĂł Karoline.
La doctora argumentó que la experiencia con Mont Serrat demuestra que la demanda de este tipo de servicio seguirá aumentando.
SegĂşn el Instituto Brasileño de GeografĂa y EstadĂstica (IBGE), entre 2000 y 2023, la proporciĂłn de personas mayores (de 60 años o más) en la poblaciĂłn brasileña casi se duplicĂł, pasando del 8,7% al 15,6%. Y las propias proyecciones del IBGE indican que, para 2070, casi el 40% de los brasileños serán personas mayores. Por esta razĂłn, para la doctora, nuevos centros como el Mont Serrat deberĂan abrirse.
“Si no nos organizamos como el gran sistema que somos, no podremos atender a estas personas que envejecen”, advirtiĂł.
Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil
“El mar es nuestro mayor altar”
Mont Serrat, con su mansión de 1853 y cuatro pabellones más recientes, se ubica en un terreno inclinado que conduce a un muelle con vistas al mar.
Al caer la tarde, siempre se siente el movimiento de camillas allĂ, donde el sol se pone sobre el agua, un lugar de contemplaciĂłn para los pacientes y sus familias.
Cuando se reuniĂł con el reportero, Ayrton Pinheiro, el paciente al que le gustaba correr, celebraba la existencia del lugar.
“Más tarde, me sentarán en la silla de ruedas y verĂ© la puesta de sol”, dijo, respirando hondo y añadiendo: “Es maravilloso”.
Ahora, Ayrton ya no disfruta de la vista, pero con razĂłn. RegresĂł a casa para continuar el tratamiento paliativo con su familia.
“Hay un acompañante que vino aquĂ con un paciente que nunca habĂa visto el mar en su vida”, comentĂł la doctora Karoline Apolonia.
La mĂ©dico explicĂł que el muelle se construyĂł en lugar de una capilla, ya que, aunque el hospital actualmente es mantenido por las Obras Sociales IrmĂŁ Dulce (Hermana Dulce), una organizaciĂłn filantrĂłpica catĂłlica laica que patrocina instituciones educativas y hospitales en BahĂa.
“No tiene ninguna relaciĂłn con la religiĂłn. AquĂ, el mar es nuestro altar más grande”, dijo.
Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil
Fue allĂ mismo, en la terraza frente al mar, donde MarĂa de Carvalho pidiĂł un deseo de cumpleaños. Sin pastel ni bocadillos. Solo querĂa agua.
“Hoy cumple 78 años”, dijo entre lágrimas su hija, la manicurista Bárbara dos Santos Mota, de 46 años. Tras el derrame cerebral, Maria perdiĂł la visiĂłn y quedĂł paralizada del lado izquierdo.
“Mi deseo, en este cumpleaños, es que se mejore”, dijo su hija.
Sentada en una silla de ruedas, con dificultad para comunicarse, la mujer estaba rodeada de médicos y enfermeras que la ayudaron a tomar un sorbo de agua.
Me alegro de estar aquĂ con ella hoy.
Quince dĂas despuĂ©s, Bárbara se despidiĂł de su madre.

SuscrĂbete aquĂ a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selecciĂłn de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la Ăşltima versiĂłn y actĂvalas.






