Saturday, August 15, 2026
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El hospital de las despedidas al que los pacientes van para morir con dignidad

Un anciano en una silla de ruedas mira al mar

Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil

Pie de foto, Pacientes como Ayrton dos Santos Pinheiro, de 90 años, asegura que cuando llegĂł al hospital sus “fuerzas se renovaron”.

    • Autor, Marina Rossi y Vitor Serrano
    • TĂ­tulo del autor, Enviados de BBC News Brasil a Salvador
    • X,

“AquĂ­ es donde empezarĂ­a la carrera de los tres faros: desde Humaitá, pasarĂ­a por el faro de Barra y llegarĂ­a al faro de ItapuĂŁ”, dijo Ayrton dos Santos Pinheiro, contemplando el mar en Salvador que se abrĂ­a ante su ventana.

Era un lunes de principios de junio, con cielos despejados en la capital del estado brasileño de Bahía tras días de fuertes lluvias, y Ayrton, de 90 años, se encontraba en una de las tres camas distribuidas en una habitación amplia y bien iluminada del hospital Mont Serrat.

“Cuando me dijeron que vendrĂ­a a este hospital, no sabĂ­a que estaba aquĂ­”, continuĂł, hablando de las instalaciones de Ponta de Humaitá, en lo alto del barrio de Monte Serrat, en la Cidade Baixa (Ciudad Baja).

Los recuerdos obligaron a Ayrton a hacer una pausa en su discurso. Respirando hondo, con la voz entrecortada, habló con detalle sobre sus años como corredor, su familia y el nacimiento de uno de sus hijos en ese barrio.

Nacido en Pojuca, un pequeño pueblo de la regiĂłn metropolitana de Salvador, llegĂł a la capital con unos 8 años con su familia y, hasta el dĂ­a de hoy, está encantado con la ciudad, de la que nunca se ha ido. “Es hermosa”, dijo.

AbriĂł una agencia de viajes, se casĂł y viviĂł su vida entre el deporte, el trabajo y la familia.

Ayrton se sorprendiĂł al descubrir, por fin, que el hospital se encontraba en una zona de la ciudad que le traĂ­a tantos buenos recuerdos. “Cuando lleguĂ© aquĂ­, sentĂ­ nuevas fuerzas”, afirmĂł.

El hombre ocupó una de las 70 camas del Mont Serrat, que funciona en una mansión del siglo XIX, cerca de uno de los monumentos más conocidos de Salvador, la iglesia del Señor do Bonfim.

Una enfermera sostiene la mano de un enfermo

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, El hospital Mont Serrat es el primero en Brasil en especializarse en cuidados paliativos para enfermos terminales.

Anteriormente, fue el hospital de enfermedades infecciosas Couto Maia, pero desde finales de enero, se ubica allĂ­ el primer y, hasta la fecha, Ăşnico hospital general de cuidados paliativos del Sistema Ăšnico de Salud de Brasil (SUS).

En una iniciativa previa, el Instituto Nacional del Cáncer (INCA) creó una unidad exclusiva para sus pacientes con indicaciones de cuidados paliativos, también con apoyo del SUS.

Los cuidados paliativos se centran en mejorar la calidad de vida y los síntomas de los pacientes con enfermedades graves o incurables. Este enfoque, que también se centra en el cuidado de los familiares, no acelera ni acorta la muerte del paciente, sino que busca reducir el sufrimiento físico, psicológico y espiritual.

“AquĂ­ no nos centramos en la muerte. Nos centramos en cuidar mientras aĂşn hay vida”, explicĂł la doctora Karoline Apolonia, coordinadora del Centro de Cuidados Paliativos del Departamento de Salud de BahĂ­a.

“Preguntaron si mi padre querĂ­a afeitarse, a quĂ© equipo apoya, quĂ© le gusta comer, si le gusta la mĂşsica. AsĂ­ que nos relajamos, sabiendo que está bien cuidado”, relatĂł Ayrton Junior, hijo del corredor Ayrton.

Junior narró que su padre tiene cáncer de próstata y se sometió a radioterapia para tratar otro cáncer de piel en la nariz y la cabeza.

“CorriĂł varias maratones y tengo varios trofeos suyos en casa”, recordĂł.

Pero ahora la prioridad es el presente.

“Creemos que lo importante para mi padre es el bienestar presente, el momento presente. Un dĂ­a a la vez. Necesita estar bien, eso es lo que pensamos, eso es lo que piensa su familia”, dijo.

Un anciano en una silla de ruedasd junto a una doctora apunta con su mano al infinito

Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil

Pie de foto, Ayrton Pinheiro fue un de los primeros pacientes en ser atendido en el hospital cuando se inaugurĂł en enero.

Un hospital sin UCI

Recorrer los cuatro pabellones del Mont Serrat es también una forma de darse cuenta de que no es un hospital tradicional.

No hay sala de reanimación —ya que eso iría en contra de uno de los criterios de ingreso— ni Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Karoline, quien compara el ingreso en una UCI con correr una maratĂłn, afirmĂł que esto serĂ­a incompatible con la condiciĂłn de los pacientes ingresados.

“Si obligo a este paciente a correr una maratĂłn, solo le provocarĂ© sufrimiento”, explicĂł la doctora.

“AsĂ­ que, en lugar de eso, le sugerimos que se siente aquĂ­ a contemplar la puesta de sol. Aproveche para decir perdĂłn, gracias, te quiero y adiĂłs”, agregĂł.

Para que un paciente reciba cuidados paliativos, debe ser derivado por una Unidad de Urgencias (UAU) y cumplir ciertos criterios, como tener un diagnĂłstico de una enfermedad grave y una esperanza de vida estimada de seis meses.

La familia y el paciente tambiĂ©n deben haber enfrentado lo que Karoline llama “conversaciones difĂ­ciles”, es decir, discutir un pronĂłstico irreversible y saber que la UCI no estarĂ­a entre las opciones para mantenerlo con vida.

Otra peculiaridad de Mont Serrat es que la morgue está en el centro, entre los cuatro pabellones, y no en un ala aislada. Y, en el mismo espacio, dividido por una puerta corredera, se encuentra la Sala Saudade (nostalgia o añoranza).

En ese recinto es donde muchas familias se despiden y se abrazan tras el fallecimiento de un pariente, porque la premisa es que los familiares también reciban atención.

La sala cuenta con un sofá, un televisor, agua, café y una lámpara con luz indirecta.

En la pared de la entrada, está escrita una cita de Ana Claudia Quintana Arantes, una de las pioneras y más famosas profesionales de cuidados paliativos del paĂ­s: “Un minuto de silencio. Necesito oĂ­r cantar a mi corazĂłn”.

Fachada del antiguo hospital

Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil

Pie de foto, Mont Serrat se encuentra donde antes estaba el hospital infectolĂłgico Couto Maia de Salvador.

“Este hospital ha sido un sueño hecho realidad durante muchos años”, dijo Karoline, mĂ©dica pernambucana de 44 años y quien reside en Salvador desde hace 11 años.

El sueño comenzó en 2019, cuando se creó el Centro de Cuidados Paliativos de la Secretaría de Salud de Bahía, que forma a médicos especialistas en esta área en todo el estado.

El centro fue pionero: en mayo de 2024, el Ministerio de Salud lanzĂł la PolĂ­tica Nacional de Cuidados Paliativos. De igual manera, los cuidados paliativos son una asignatura obligatoria en las facultades de medicina de todo el paĂ­s desde 2023.

En Bahía, el proyecto tomó forma tras un análisis de la red.

“Nos dimos cuenta de que entre el 20% y el 30% de los pacientes de toda la red pĂşblica de BahĂ­a tenĂ­an indicaciĂłn de traslado a una unidad especializada en cuidados paliativos”, dijo Karoline.

“No querĂ­amos que los pacientes llegaran aquĂ­ y murieran inmediatamente”, explicĂł Yanne Amorim, directora mĂ©dica del hospital, “ni que se convirtiera en un hospital para enfermedades crĂłnicas”.

Por eso, la esperanza de vida estimada de los pacientes que llegan al Mont Serrat es de seis meses. Algunos viven más y regresan a casa para seguir recibiendo cuidados de sus familias. Otros viven mucho menos, por lo que la estancia hospitalaria promedio es de ocho días.

“El paciente recibe el alta sabiendo y entendiendo que sigue padeciendo su enfermedad”, explicĂł Yanne.

“Pero regresa a casa con la condiciĂłn de estar conectado con lo que a menudo es sagrado para Ă©l: su familia”, puntualizĂł.

Los pacientes dados de alta pueden continuar su tratamiento en casa, asistiendo ocasionalmente a la clĂ­nica ambulatoria del Mont Serrat, o terminan falleciendo rodeados de familiares y amigos.

BBC News Brasil visitó la institución dos veces, una a principios de abril y otra exactamente dos meses después. Ninguno de los pacientes que estuvieron allí en la primera visita seguía en la segunda.

Angela cuidando a su marido, Donizete.

Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil

Pie de foto, “Mi marido llegĂł muerto”, dijo Angela sobre el estado de salud de su pareja.

“Mi marido llegĂł muerto”

A principios de abril, la pareja de la jubilada Angela Maria Barbosa Teixeira, de 48 años, llevaba casi un mes hospitalizada.

Tras sufrir un robo y recibir varios golpes en la cabeza, Donizete Santana de Oliveira, de 33 años, descubrió que la inflamación en su cráneo se debía a un cáncer. Angela contó la historia, pues su marido ya no podía hablar ni moverse.

A pesar de la cirugĂ­a y la quimioterapia, el tumor persistĂ­a. “DespuĂ©s de todos los intentos, nos terminaron recomendando cuidados paliativos”, dijo. “Estábamos tristes. ÂżQuiĂ©n se alegrarĂ­a con una noticia asĂ­?”, prosiguiĂł.

En ese momento, Donizete estaba hospitalizado en otro hospital, tambiĂ©n pĂşblico. “AllĂ­ sufriĂł mucho, estaba muy mal, gritaba”, dijo conmovida. En una palabra, resumiĂł el estado en el que se encontraba Donizete al llegar a Mont Serrat: “Muerto”.

“Pero cuando llegamos aquĂ­, nos trataron tan bien que empezĂł a mejorar”, dijo.

“Todos, desde las señoras de la limpieza hasta los psicĂłlogos, nos recibieron con los brazos abiertos. Esto no ocurre en ningĂşn otro lugar, por eso digo que este es un pequeño paraĂ­so”, indicĂł, revelando en la práctica los contrastes dentro del propio SUS.

Todo el equipo del hospital, compuesto por 430 personas, recibe la misma formaciĂłn.

Guardias de seguridad, personal de limpieza, enfermeras y médicos participan en dinámicas que abordan la empatía y preguntas como: ¿cómo le gustaría que lo trataran si llegara aquí? ¿Qué pediría en este tiempo?

Una anciana en una acostada en una cama hospitalaria junto a su hijo.

Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil

Pie de foto, Helita asegurĂł que en el hospital Mont Serrat la tratan como a “una bebĂ©”.

Estas preguntas se repiten a diario con los pacientes.

“Me preguntan quĂ© quiero, quĂ© es lo que más me gusta, quĂ© quiero comer. Estoy aquĂ­ como una señora rica. ÂżDĂłnde voy a encontrar eso?”, dijo entre risas Helita Maria da Silva, ama de casa de 86 años, una mujer llena de vida a la que BBC News Brasil encontrĂł, al igual que a Ayrton, en su segunda visita al hospital, a principios de junio.

Junto a su hijo, el asistente de producción João Raimundo da Silva Vitória, de 54 años, descansa en una cama mientras ve la televisión.

“Está aquĂ­ recibiendo un buen tratamiento, despuĂ©s de que decidimos no operarla debido a su avanzada edad”, dijo JoĂŁo, resumiendo con sus propias palabras los cuidados paliativos que recibiĂł su madre, quien padece cáncer de hĂ­gado.

“Me tratan como a un bebĂ©”, concluyĂł Helita, quien fue dada de alta dos dĂ­as despuĂ©s.

Angela, la pareja de Donizete, también agradeció la atención.

“Estoy feliz, porque cuando Dios se lo lleve, sĂ© que este hospital le ha propuesto un final feliz, un final sin dolor, sin gritos, sin llantos”, dijo.

Donizete falleció a los 33 años, 20 días después de la primera visita de BBC News Brasil al hospital, tras pasar dos meses bajo cuidados en el Mont Serrat.

Retrato de la doctora Karoline Apolonia

Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil

Pie de foto, “Este fue un hospital muy deseado”, asegurĂł la doctora Karoline Apolonia.

Sin relaciĂłn con la eutanasia

El hospital, que sigue siendo el único centro del SUS dedicado íntegramente a cuidados paliativos (existen algunas iniciativas entre hospitales privados), se inspiró en el ejemplo de tres sistemas modelo: el inglés, el canadiense y el argentino, explicó la doctora Karoline Apolonia.

El primer servicio dedicado a cuidados paliativos en el mundo se creĂł en Inglaterra. Ubicado en Londres, St. Christopher’s fue fundado en 1967 por Cicely Saunders, la pionera en cuidados paliativos.

Karoline enfatiza que los cuidados paliativos no tienen relaciĂłn con la eutanasia, una asociaciĂłn comĂşn pero errĂłnea. “Son dos conceptos diferentes”, aclarĂł.

SegĂşn ella, los cuidados paliativos abogan por la ortotanasia: tratamientos que controlan los sĂ­ntomas para el proceso natural del final de la vida.

La eutanasia, en cambio, es la práctica de causar, sin dolor, mediante una inyección que detiene el corazón, la muerte de alguien que padece alguna enfermedad.

Aunque el debate sobre la eutanasia y la muerte asistida (cuando un médico prescribe una sustancia letal para que el paciente pueda suicidarse) está avanzando en algunos países, como Canadá y algunos estados de EE.UU., en Brasil ambas modalidades están prohibidas por ley.

Karoline explica, sin embargo, que existen recursos, dentro de la ortotanasia, para reducir el sufrimiento del paciente sin acelerar el proceso de muerte. La sedación paliativa, según la doctora, es un analgésico sedante capaz de disminuir la consciencia.

“AsĂ­, el propio cuerpo entra en un estado de finitud”, aseverĂł.

“Y esto no es eutanasia activa, que es cuando un profesional de la salud, movido por la compasiĂłn, realiza un acto cuyo objetivo final es provocar la muerte de la persona”, apuntĂł.

“Siempre podemos reducir el sufrimiento controlando los sĂ­ntomas y ofreciendo sedaciĂłn paliativa, que es algo legal”, rematĂł.

Marcos Roberto Alencar da Silva con su madre, Marina, en el hospital.

Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil

Pie de foto, “SĂ© que está en la fase final, pero con comodidad y buena calidad”, dijo sobre su anciana madre Marcos Roberto.

“Tenemos que organizarnos para cuidar de nuestros ancianos”

El técnico de telecomunicaciones Marcos Roberto Alencar da Silva, de 48 años, estuvo en Mont Serrat a principios de junio para acompañar a su madre, Marina Alencar, de 79 años, quien sufría demencia tras ser diagnosticada con alzhéimer.

“SĂ© que está en la fase final, pero está cĂłmoda”, dijo dos dĂ­as antes de su fallecimiento.

Para él, Mont Serrat es un lugar que le brindó los cuidados finales que él y su familia no podrían costear en una institución privada.

“Pensaba: ‘ÂżSe abrirá alguna vez una puerta aquĂ­ en Salvador?’, no solo para mi madre, sino para otras familias que tambiĂ©n la necesitan. Y entonces esa puerta se abriĂł”, dijo.

La misma puerta se abrió para la jubilada Antonia Carvalho de Ribeiro, de 60 años, quien acompañaba a su esposo, Everaldo Ferreira, de 74 años, quien sufría las secuelas de un derrame cerebral.

“Cuando hablas de un hospital de cuidados paliativos, te asustas un poco”, dijo.

“Pero cuando llegas y encuentras algo asĂ­, donde todos te tratan con cariño, con respeto, con un buen dĂ­a, es algo que es muy importante”, agregĂł.

La mujer dijo que solo tenĂ­a un deseo. “Que pueda llevármelo a casa y que podamos terminar nuestros dĂ­as juntos en casa”, comentĂł entre lágrimas.

Everaldo murió tres días después de la segunda visita de BBC News Brasil al hospital.

Una mujer junto a su esposo quiene está en una cama de hospital

Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil

Pie de foto, Antonia esperaba que su marido pudiera volver a casa para vivir sus Ăşltimos dĂ­as junto con ella.

“Una de las preocupaciones de nuestro gerente era que, si el hospital abrĂ­a, tendrĂ­amos una ocupaciĂłn máxima. Y hoy podemos decir que vivimos cerca de la ocupaciĂłn máxima todos los dĂ­as”, aseverĂł Karoline.

La doctora argumentó que la experiencia con Mont Serrat demuestra que la demanda de este tipo de servicio seguirá aumentando.

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), entre 2000 y 2023, la proporción de personas mayores (de 60 años o más) en la población brasileña casi se duplicó, pasando del 8,7% al 15,6%. Y las propias proyecciones del IBGE indican que, para 2070, casi el 40% de los brasileños serán personas mayores. Por esta razón, para la doctora, nuevos centros como el Mont Serrat deberían abrirse.

“Si no nos organizamos como el gran sistema que somos, no podremos atender a estas personas que envejecen”, advirtiĂł.

Un grupo de pacientes en la terraza del hospital que mira al mar

Fuente de la imagen, Vitor Serrano/BBC News Brasil

Pie de foto, El hospital mira hacia el mar, lo cual permite a los pacientes y sus familiares relajarse y reflexionar.

“El mar es nuestro mayor altar”

Mont Serrat, con su mansión de 1853 y cuatro pabellones más recientes, se ubica en un terreno inclinado que conduce a un muelle con vistas al mar.

Al caer la tarde, siempre se siente el movimiento de camillas allĂ­, donde el sol se pone sobre el agua, un lugar de contemplaciĂłn para los pacientes y sus familias.

Cuando se reuniĂł con el reportero, Ayrton Pinheiro, el paciente al que le gustaba correr, celebraba la existencia del lugar.

“Más tarde, me sentarán en la silla de ruedas y verĂ© la puesta de sol”, dijo, respirando hondo y añadiendo: “Es maravilloso”.

Ahora, Ayrton ya no disfruta de la vista, pero con razĂłn. RegresĂł a casa para continuar el tratamiento paliativo con su familia.

“Hay un acompañante que vino aquĂ­ con un paciente que nunca habĂ­a visto el mar en su vida”, comentĂł la doctora Karoline Apolonia.

La médico explicó que el muelle se construyó en lugar de una capilla, ya que, aunque el hospital actualmente es mantenido por las Obras Sociales Irmã Dulce (Hermana Dulce), una organización filantrópica católica laica que patrocina instituciones educativas y hospitales en Bahía.

“No tiene ninguna relaciĂłn con la religiĂłn. AquĂ­, el mar es nuestro altar más grande”, dijo.

Bárbara y su madre, María, en la terraza del hospital

Fuente de la imagen, Matheus Leite/BBC News Brasil

Pie de foto, Bárbara dos Santos y su madre María pasaron varias horas en la terraza antes del fallecimiento de esta última.

Fue allí mismo, en la terraza frente al mar, donde María de Carvalho pidió un deseo de cumpleaños. Sin pastel ni bocadillos. Solo quería agua.

“Hoy cumple 78 años”, dijo entre lágrimas su hija, la manicurista Bárbara dos Santos Mota, de 46 años. Tras el derrame cerebral, Maria perdiĂł la visiĂłn y quedĂł paralizada del lado izquierdo.

“Mi deseo, en este cumpleaños, es que se mejore”, dijo su hija.

Sentada en una silla de ruedas, con dificultad para comunicarse, la mujer estaba rodeada de médicos y enfermeras que la ayudaron a tomar un sorbo de agua.

Me alegro de estar aquĂ­ con ella hoy.

Quince días después, Bárbara se despidió de su madre.

Raya gris

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Ramon Batista
Ramon Batistahttps://eldiariourbano.com
Especialista en mercados financieros con más de 5 años de experiencia operativa en Forex, Bolsa de Valores y Stock Market. Ramón combina su formación técnica con el análisis cuantitativo, destacándose en la programación de indicadores financieros personalizados para la toma de decisiones. Su enfoque en El Diario Urbano se centra en la eficiencia del mercado, el análisis técnico y las oportunidades de inversión en la economía global contemporánea.

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