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La Escalada en el Cuerno de África: Eritrea se Involucra en el Conflicto Etíope

Los temores de una escalada regional se han materializado con la incursión directa del ejército eritreo en el actual conflicto etíope. Testigos y monitores de conflictos, como ACLED, han confirmado el avance de columnas militares de Asmara a través del paso de Zalambessa, penetrando en la región de Tigray hasta Adigrat. Esta acción, negada por Eritrea pero denunciada por el Gobierno de Etiopía, representa un giro crucial, marcando la intervención abierta de un actor externo en una dinámica interna que ya ha cobrado miles de vidas y desplazado a millones.

Este desarrollo no surge de la nada; es la culminación de tensiones latentes y una profunda historia de rivalidad entre ambas naciones. Etiopía y Eritrea libraron una devastadora guerra de fronteras entre 1998 y 2000, y sus relaciones han sido intrínsecamente complejas desde la independencia eritrea en 1993, que dejó a Etiopía sin acceso directo al Mar Rojo. A pesar de un acuerdo de paz en 2018 que intentó normalizar la situación, las fricciones territoriales y las agendas geopolíticas nunca se resolvieron por completo, sentando las bases para esta nueva fase de confrontación.

La presencia eritrea en Tigray tampoco es inédita. Durante la guerra civil etíope entre 2020 y 2022, tropas eritreas combatieron junto al ejército federal etíope contra el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF). Sin embargo, a pesar del acuerdo de paz de Pretoria, Eritrea nunca retiró completamente sus fuerzas de las zonas fronterizas, ignorando las peticiones de Addis Abeba. Lo que ahora cambia es la naturaleza de su participación: ya no se trata de una ocupación residual, sino de una intervención activa y combativa, lo cual reconfigura drásticamente el escenario bélico y las alianzas.

Las motivaciones detrás de esta intervención son multifacéticas y profundamente arraigadas en intereses estratégicos. Eritrea, un país militarizado con una prolongada ‘economía de guerra’, busca establecer una zona de seguridad en Tigray que impida la expansión del conflicto a su territorio. Paradójicamente, al apoyar a grupos contrarios al gobierno etíope, Eritrea se alía con quienes fueron sus enemigos en el conflicto anterior, evidenciando una pragmática realpolitik donde la prioridad es contener a un vecino percibido como amenaza. Esta doctrina de mantener profundidad estratégica fuera de sus fronteras es un pilar de la política exterior eritrea.

Para Etiopía, esta incursión eritrea ofrece una justificación para avanzar en su propia agenda de seguridad y aspiraciones geopolíticas. El primer ministro Abiy Ahmed ha calificado el acceso al Mar Rojo como una cuestión ‘existencial’ para Etiopía, un país de más de 130 millones de habitantes que depende casi exclusivamente del puerto de Yibuti para su comercio exterior. La posibilidad de recuperar el puerto de Assab, perdido con la independencia eritrea, ha sido una constante en la retórica de Addis Abeba. La presencia militar eritrea en suelo etíope podría ser vista como el pretexto necesario para una acción militar que logre este objetivo largamente anhelado.

La situación en el Cuerno de África trasciende el mero conflicto bilateral. La región es un crisol de intereses globales y alianzas complejas. Qatar y Emiratos Árabes Unidos han brindado apoyo al gobierno de Abiy, mientras que Eritrea ha consolidado lazos con Egipto y Sudán, países con disputas hídricas con Etiopía debido a la Gran Presa del Renacimiento (GERD) en el Nilo Azul. La reciente declaración de El Alamein, firmada por Egipto, Eritrea, Somalia y Sudán, subraya una coalición regional que busca limitar la influencia etíope y asegurar el control de los estados ribereños sobre el Mar Rojo, una ruta marítima vital para el comercio global.

Aunque no se ha declarado formalmente la guerra, el bombardeo etíope de posiciones eritreas en Adigrat y la ruptura de relaciones diplomáticas confirman la realidad de un conflicto abierto. Las consecuencias humanitarias para la ya castigada población de Tigray y las regiones circundantes serán devastadoras, con un aumento del riesgo de desplazamiento masivo y hambruna. La implicación de más actores y la militarización de las agendas nacionales auguran un escenario de mayor inestabilidad que podría tener repercusiones mucho más allá de las fronteras inmediatas de Etiopía y Eritrea.

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Belkis Batista
Belkis Batista
Analista de seguridad y estratega con una formación sólida en Contabilidad y una Maestría en Seguridad Gubernamental y Estrategia Geopolítica. La Licda. Batista aporta una visión analítica única sobre los eventos globales, combinando el rigor financiero con el análisis profundo de las estructuras de poder y la seguridad internacional. Su columna en El Diario Urbano es el referente para entender la actualidad política y social desde una perspectiva técnica y estratégica.

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