En un movimiento significativo para la geopolítica regional, Estados Unidos y Paraguay han formalizado un Acuerdo 123 para la cooperación en materia de energía nuclear civil. Este pacto, rubricado en Washington por el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el canciller paraguayo Rubén Ramírez, marca un punto de inflexión en la relación bilateral y subraya el interés de Washington en fortalecer sus lazos estratégicos en Sudamérica. La firma de este memorando es una clara señal de la intensificación de la influencia estadounidense, en un contexto donde la diversificación energética y la seguridad son prioridades crecientes para naciones emergentes como Paraguay.
El denominado ‘Acuerdo 123’ se enmarca en la sección 123 de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos, promulgada en 1954. Esta legislación autoriza el suministro de tecnología nuclear con fines pacíficos, ya sea para uso energético o científico, bajo la estricta condición de que los países receptores cumplan rigurosamente con los estándares y salvaguardas del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Además, Estados Unidos se reserva el derecho de supervisar el material y la tecnología transferida, garantizando que su aplicación sea exclusivamente civil y no desvíe hacia fines militares, un pilar fundamental en la estrategia de no proliferación global. Este tipo de acuerdo ha sido previamente establecido con más de veinticinco naciones, incluyendo importantes economías latinoamericanas como Argentina, México y Brasil, sentando un precedente de colaboración regulada y mutuamente beneficiosa.
La formalización de este acuerdo no es un hecho aislado, sino que se integra en una estrategia más amplia de acercamiento entre Washington y Asunción, que ha experimentado una notable aceleración en los últimos dieciocho meses. Bajo la administración del presidente Donald Trump y el gobierno conservador paraguayo, en el poder desde 2023, la relación bilateral ha profundizado en múltiples niveles. Esta sintonía política se alinea con una percibida ‘oleada derechista’ en América Latina, propiciando un entorno propicio para la convergencia de intereses estratégicos y una mayor coordinación en temas de seguridad y desarrollo económico, extendiendo la colaboración más allá de las agendas tradicionales.
Más allá de la asistencia tecnológica, esta cooperación nuclear civil abre nuevas perspectivas para Paraguay en su matriz energética. Aunque el país posee una robusta infraestructura hidroeléctrica, con las represas de Itaipú y Yacyretá como pilares, la incursión en la energía nuclear podría ofrecer una vía para la diversificación y la resiliencia energética a largo plazo. La energía nuclear, reconocida por su baja huella de carbono y su capacidad de generación constante, podría complementar las fuentes renovables existentes y apoyar el crecimiento económico sostenido, reduciendo la dependencia de una única fuente y mitigando los riesgos asociados a la variabilidad climática y la fluctuación de los mercados energéticos globales.
La dimensión de este acuerdo trasciende lo meramente tecnológico, abarcando una agenda bilateral y regional mucho más amplia. Las conversaciones entre las delegaciones de ambos países también abordaron la profundización de la cooperación en seguridad, con un enfoque en la lucha contra la delincuencia transnacional y el terrorismo, amenazas que impactan directamente la estabilidad de la región. De manera simultánea, se destacó la importancia de la unidad y coordinación regional para impulsar una vía de solución en Venezuela y la solicitud conjunta de una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre la situación en Nicaragua. Estos elementos revelan una postura común frente a desafíos complejos en el hemisferio.
El deseo expresado por el secretario Rubio de construir una relación ‘permanente’, no sujeta a los vaivenes de los cambios gubernamentales, subraya la visión de largo plazo de Estados Unidos en su relación con Paraguay. Este compromiso busca cimentar una alianza estratégica que proporcione estabilidad y predictibilidad en un entorno global volátil. Para Paraguay, la capacidad de acceder a tecnología nuclear civil bajo supervisión internacional no solo impulsa su desarrollo energético y científico, sino que también refuerza su posición como actor responsable en la arena internacional, alineado con principios de no proliferación y cooperación pacífica. La implicación de Estados Unidos en proyectos de esta magnitud demuestra una apuesta por la seguridad energética y el desarrollo sostenible en la región.
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