La verdad en política emerge como un pilar fundamental de la democracia, sin embargo, su erosión se ha convertido en una característica preocupante del panorama global contemporáneo. Líderes como Donald Trump y Vladimir Putin han demostrado una habilidad inquietante para manipular narrativas, empleando la desinformación y las medias verdades como herramientas estratégicas de gobernanza, un fenómeno que la inteligencia artificial promete agravar.
En este contexto de complejidad internacional, Chile, nación de influencia global limitada, enfrenta un escrutinio sin precedentes sobre la veracidad de su liderazgo. Si bien las inconsistencias políticas en países de menor envergadura suelen tener un impacto local, la administración del presidente José Antonio Kast ha introducido una dinámica novedosa, poniendo a prueba los límites de la confianza y transparencia pública de una manera no vista desde 1990.
Un ejemplo paradigmático es la reinterpretación presidencial de una promesa de campaña clave. La propuesta de expulsar a 300.000 inmigrantes irregulares ‘desde el primer día’, reiterada en múltiples ocasiones, fue posteriormente calificada por el presidente como una ‘metáfora’. Una encuesta reciente demostró que el 76% de los ciudadanos percibió la declaración como una ‘promesa concreta y real’, subrayando la tensión entre la retórica electoral y la percepción ciudadana de los compromisos.
La aparente improvisación y la falta de coherencia en áreas vitales se extienden a la gestión ministerial. Mientras la ministra vocera, Mara Sedini, mantiene un perfil bajo y criticado, la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, admitió públicamente la ausencia de un plan formal y estructurado para abordar la seguridad. Esta situación contrasta con el rigor detrás de la ‘megarreforma económica’, sugiriendo una priorización desigual de las promesas y una desconexión ejecutiva.
Frente a este panorama, el rol del periodismo investigativo en Chile ha demostrado ser fundamental. Contra las sospechas iniciales de parcialidad, incluso los grandes consorcios mediáticos han ejercido una función fiscalizadora crítica, destacando incongruencias y exigiendo rendición de cuentas. Esta vigilancia mediática, complementada por medios genuinamente independientes, es vital para la salud democrática, actuando como contrapeso y manteniendo la presión para que la información pública se ajuste a los hechos.
La historia reciente de Chile no es ajena a la desinformación, particularmente durante el proceso constituyente de 2022, donde las ‘noticias falsas’ proliferaron. Sin embargo, el fenómeno actual difiere cualitativamente: no se trata de noticias falsas externas, sino de una redefinición deliberada de las promesas por parte del propio jefe de Estado. Esta particularidad introduce un nuevo nivel de desafío a la integridad del discurso político, al distorsionar directamente el significado de los compromisos adquiridos.
La capacidad de los líderes para reinterpretar sus propias declaraciones de campaña, transformando promesas en ‘metáforas’, socava el pacto implícito entre el gobierno y los ciudadanos. Esta práctica, cuando emana de la máxima autoridad, no solo confunde al electorado sino que debilita la confianza en las instituciones democráticas y en el proceso político en su conjunto, poniendo en riesgo la estabilidad y legitimidad.Si le ha parecido interesante este análisis, le invitamos a compartirlo y a dejar su opinión en los comentarios.





