La Región de las Américas ha dado un paso fundamental en la consolidación de sus mecanismos de seguridad sanitaria global con la reciente ejecución del Ejercicio Polaris II. Esta simulación internacional, coordinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), congregó a naciones como Brasil, Colombia, El Salvador, Paraguay y Surinam para evaluar y robustecer la capacidad de sus sistemas nacionales frente a una pandemia de evolución veloz. Este evento subraya la imperiosa necesidad de una ‘Preparación ante Pandemias’ coordinada y ágil, un pilar esencial en la agenda de salud pública global post-COVID-19.
El Ejercicio Polaris II se enmarca dentro del Cuerpo de Emergencias Sanitarias Globales (GHEC), una iniciativa lanzada por la OMS en 2023. Su visión es forjar un personal de emergencias sanitarias altamente coordinado, interoperable y preparado para contener futuras amenazas, operando tanto a nivel nacional como transfronterizo. Históricamente, la región de las Américas ha cultivado una notable experiencia en la gestión de crisis sanitarias, como lo enfatizó el Doctor Ciro Ugarte, Director del Departamento de Emergencias en Salud de la OPS/OMS, al recordar los ’50 años de trayectoria’ del programa de emergencias regional, cimentado en la colaboración activa de sus estados miembros.
La simulación escenificó un escenario crítico: la aparición y diseminación acelerada de un nuevo patógeno, sometiendo a los equipos nacionales a una presión operativa considerable. Los participantes navegaron por el ciclo completo de respuesta, desde la detección inicial y la activación de los Centros de Operaciones de Emergencias (COE) hasta la identificación de déficits de personal, la movilización de refuerzos y la coordinación multinacional. Este enfoque integral es crucial, especialmente cuando se considera la complejidad de las cadenas de suministro globales y la velocidad de los viajes internacionales, factores que pueden amplificar una emergencia sanitaria en cuestión de horas o días.
A lo largo de las jornadas, se pusieron a prueba dos marcos fundamentales: el del GHEC y el Marco Nacional de Alerta y Respuesta ante Emergencias Sanitarias de la OMS. Las voces desde los territorios revelaron aprendizajes significativos. Colombia, por ejemplo, destacó la resiliencia de su modelo descentralizado, donde las autoridades subnacionales asumen responsabilidades directas, configurando una buena práctica para la región. Brasil, por su parte, resaltó sus avances en la organización normativa de la gestión de emergencias y la fortaleza estratégica de su red federal y estadual de laboratorios de salud pública, elementos vitales para una retaguardia robusta.
No obstante, el ejercicio también puso de manifiesto brechas críticas. Rosana Aguirre, de Paraguay, subrayó la urgencia de ‘fortalecer los mecanismos de alerta temprana’ para informar a la ciudadanía antes de que las emergencias escalen, además de estandarizar la vigilancia comunitaria bajo el enfoque de Una Sola Salud. Esta perspectiva reconoce la interconexión entre la salud humana, animal y ambiental. Asimismo, se identificó la necesidad de centros de reserva con mecanismos ágiles para la adquisición y distribución de insumos, y sistemas de información interoperables que garanticen un intercambio de datos eficiente para la toma de decisiones basada en evidencia.
La experiencia de Paraguay fue ejemplar en cuanto a la articulación interinstitucional, integrando al Ministerio de Salud, la Cruz Roja Paraguaya y equipos técnicos de la OPS/OMS, incluyendo la iniciativa PROTECT. Este programa, financiado por el Fondo Pandémico, está diseñado para fortalecer la vigilancia y los sistemas de laboratorio en zonas fronterizas de siete países, demostrando cómo las inversiones focalizadas pueden solidificar los pilares de la seguridad sanitaria regional y sentar precedentes para una colaboración más extensa.
El Ejercicio Polaris II representa una etapa vital en el programa plurianual de simulaciones de la OMS, cuyos resultados serán meticulosamente analizados en un informe post-acción. Este documento condensará conclusiones clave, buenas prácticas y recomendaciones específicas para cada país y la región en su conjunto. La OPS ha reafirmado su compromiso inquebrantable de acompañar a los países en la implementación efectiva de estas lecciones aprendidas, impulsando la interoperabilidad regional y un fortalecimiento sostenido de las capacidades de preparación y respuesta en las Américas, asegurando un futuro más resiliente ante los desafíos sanitarios globales.
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