El endurecimiento de los ataques energéticos ha abierto una nueva fase en la guerra de Irán, que eleva la sacudida a la economía global y complica la campaña conjunta de Estados Unidos e Israel contra la república islámica. Los graves ataques a infraestructuras petrolíferas y … gasísticas en la región han mostrado diferencias —al menos, de puertas afuera— entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu y evidencian que los intereses del presidente de EE.UU. y el primer ministro israelí no son idénticos en esta guerra.
El ataque a objetivos energéticos e infraestructuras civiles ha ocurrido desde el principio del conflicto, que está a punto de cumplir tres semanas. Pero se ha agravado en los últimos días con el bombardeo israelí el miércoles de Pars Sur, un yacimiento gasístico marino compartido por Irán y Qatar. Dicho ataque fue respondido después con ataques iraníes a instalaciones de los aliados estadounidenses en la región. Teherán bombardeó refinerías y plantas energéticas, en Arabia, Saudí, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos e Israel.
Qatar fue uno de los países más dañados, ya que los misiles de Irán impactaron en la planta de Ras Laffan. Situada a 80 kilómetros al noreste de Doha, se trata de la mayor instalación de producción de gas natural licuado del mundo, responsable de cerca del 20 por ciento del suministro global y clave para equilibrar la demanda en Asia y Europa. El consejero delegado de QatarEnergy afirmó que el ataque dañó alrededor del 17 por ciento de su capacidad de producción y que llevará «entre 3 y 5 años reparar los daños», lo que supondrá pérdidas millonarias y pone en riesgo el abastecimiento.
Los intercambios han vuelto a hundir los mercados y a disparar los precios energéticos, con el barril de Brent llegando a los 110 dólares y con un alza del gas estadounidense por encima del 4%. Los ataques solo agitan todavía más la sacudida económica del bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasa un 20% del petróleo y del gas mundial.
Todo esto es un asunto de gran sensibilidad política para Trump, que llegó al poder con un mensaje de no meterse en guerras y mejorar la economía de los votantes. Aun así, tiene ahora a su país en un conflicto a gran escala, de duración incierta y que se nota en el bolsillo de los estadounidenses: este jueves, el precio del galón (3,78 litros) de gasolina se acercaba a los cuatro dólares (3,45 euros), después de haber estado a mediados de enero por debajo de tres dólares (2,58 euros).
El presidente de EE.UU. ha tratado de desmarcarse del ataque de Israel. «Le dije que no lo hiciera», declaró Trump este jueves en referencia a Netanyahu y este tipo de ataques. «Somos independientes, pero nos llevamos muy bien. Está todo coordinado, pero de vez en cuando él hace algo y a mí no me gusta. No vamos a hacer eso más».
«Está todo coordinado, pero de vez en cuando Netanyahu hace algo y a mí no me gusta. No vamos a hacer eso más»
Donald Trump
Presidente de EE.UU.
En la víspera, tras ese ataque a Pars Sur, el multimillonario neoyorquino defendió que «EE.UU. no sabía nada de este ataque» y aseguró que Israel no atacaría más ese campo gasístico. Al mismo tiempo, amenazó a Irán con destruir la instalación completa si seguía con sus represalias a Qatar y otros. Pero Israel ha filtrado que Trump sí era conocedor de ese plan, que estaba coordinado con Washington.
Es un episodio similar, aunque con mayores repercusiones, al que ocurrió hace unos días, cuando Israel bombardeó depósitos de combustible iraníes cerca de Teherán. Entonces, el Pentágono se distanció también de los ataques y dijo que EE.UU. no participó en ellos.
El distanciamiento de Trump frente a ataques que impactan de forma directa en los precios energéticos se produce entre acusaciones de figuras del trumpismo de que Israel ha arrastrado a EE.UU. a la guerra. Lo han defendido opinadores influyentes como Tucker Carlson o Megyn Kelly y ha sido la justificación para la dimisión esta semana de Joe Kent, el hasta ahora director del Centro Nacional de Antiterrorismo.
«Objetivos diferentes»
Kent dependía de la directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, quien este jueves reconoció en una comparecencia en el Congreso que los objetivos de EE.UU. e Irán en la guerra «son diferentes». Gabbard explicó que los israelíes están más centrados en «desmantelar el liderazgo iraní» y EE.UU. en debilitar la capacidad militar de la república islámica. No respondió cuando un diputado demócrata le preguntó por las motivaciones de Israel de atacar a instalaciones energéticas que Trump dice que deben de estar fuera de bombardeos.
La presión de los precios energéticos está forzando a Trump a dar pasos incómodos. Como otros países, ha tenido que liberar reservas estratégicas de petróleo. Ha levantado sanciones al crudo de Rusia, lo que debilita su capacidad de contener la guerra en Ucrania. Y, de forma paradójica, su secretario del Tesoro, Scott Bessent, sorprendió al anunciar que el siguiente paso podría ser suavizar las restricciones sobre el petróleo iraní que ya está en el mar, según declaró en la cadena Fox Business.
Rearme de los países del Golfo con 16.000 millones de dólares
EE.UU. ha aprobado una venta de armas por valor de 16.000 millones de dólares a tres aliados en Oriente Próximo a los que ha salpicado la guerra emprendida de manera conjunta con Israel contra Irán: Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin, Qatar y Omán. La venta de armas la ha aprobado el Pentágono gracias a la declaración de una emergencia por parte del Departamento de Estado para no requerir una aprobación por parte del Congreso, al igual que ocurrió hace unos días con una operación similar a favor de Israel. Buena parte de la venta de armas tiene que ver con capacidades de defensa frente a posibles ataques de Irán, como interceptores de drones y sistemas de detección de ataques. La operación se aprueba en un momento en el que Irán amenaza infraestructuras civiles y militares de países que acogen bases militares de EE.UU.
Netanyahu compareció en rueda de prensa este jueves y negó las acusaciones de que Israel haya arrastrado a EE.UU. a la guerra. «¿Alguien piensa de verdad que se le puede decir al presidente Trump lo que tiene que hacer?», respondió. También descartó cualquier falta de entendimiento con Washington. «No ha habido nunca dos líderes más coordinados», defendió. «EE.UU. es el líder e Israel es el aliado modelo. Hablo con Trump con regularidad y nuestros ejércitos están muy coordinados. Pero al final es él quien toma sus propias decisiones».





