Las imágenes llegadas de Irán de cientos de cuerpos en bolsas de plástico y familias rotas en busca de sus seres queridos tuvieron un impacto directo en Donald Trump y su círculo más próximo de asesores. Veinticuatro horas después de abrir la puerta a … una posible reunión con el régimen iraní para retomar las negociaciones nucleares, suspendidas desde el ataque sorpresa de Israel de junio, el presidente la canceló.
«Patriotas de Irán, ¡seguid protestando, tomad vuestras instituciones!», animó Trump con un mensaje desde su red social. «Guardad los nombres de los asesinos y los agresores. Pagarán un alto precio», añadió el presidente de EE.UU. antes de prometer que «la ayuda está en camino».
Trump no dio ningún detalle sobre qué formato tiene o tendrá esa ayuda que «está en camino». El multimillonario neoyorquino ha elevado el tono en los últimos días contra el Gobierno de Teherán y ha amagado con el uso del Ejército para aplacar la represión. La Casa Blanca ha detallado que Trump ha sido informado de «opciones militares» a su disposición, aunque, de momento, no ha tomado decisión al respecto. El presidente también aseguró este martes que había «cancelado todos los encuentros con las autoridades iraníes hasta que pare esta matanza sin sentido de protestantes».
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El mensaje de Trump llegó a las calles de Irán en el segundo día de luto nacional decretado por las autoridades. El régimen trata de dar una imagen de normalidad y quiere pasar página lo antes posible, pero los muertos se cuentan por miles y no será sencillo que lo consiga, menos si interviene militarmente Estados Unidos.
Acusados de «terroristas»
Una fuente oficial citada por la agencia Reuters elevó a 2.000 el número de muertos -ONG lo situán en 6.000- e indicó que «todos son considerados mártires porque son víctimas del terrorismo». El régimen considera las protestas una forma de «terrorismo urbano» impulsado desde el exterior para provocar la intervención de Trump.
A la espera de conocer el contenido de esa «ayuda», el senador Lindsey Graham adelantó en X que «no habrá tropas sobre el terreno», pero la operación desatará «un infierno contra el régimen que ha pisoteado todas las líneas rojas con una oleada masiva de ataques militares, cibernéticos y psicológicos».
La respuesta iraní a las amenazas de Washington llegó de boca del general Amir Hatami, alto mando de las Fuerzas Armadas, quien aseguró que el conflicto de junio con Israel fue «una experiencia única y especial», porque ningún otro Estado se ha enfrentado a Israel, un «régimen equipado con tecnología y apoyo occidentales», de la forma en la que lo hizo Irán, según declaraciones recogidas por la agencia Tasnim. En opinión de Hatami, «los preparativos realizados en los últimos seis meses tras la guerra impuesta de 12 días son plenamente adecuados» para hacer frente a las amenazas que llegan desde el exterior.
El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, se dirigió directamente al presidente estadounidense para decirle que Teherán le enseñará «una lección inolvidable» si lanza nuevos ataques. Palabras fuertes de dirigentes y mandos militares de un país que, aunque conserva un número importante de misiles, está muy lejos de la capacidad militar del enemigo y se ha quedado sin apoyos clave en la región como Hizbolá o Bashar al Assad. El régimen islámico se ha quedado solo en su pulso con Estados Unidos e Israel.

Las protestas en todo Irán estallaron
el 28 de diciembre. El número de
manifestaciones publicadas
en las redes sociales alcanzaron
un pico de 177 el 8 de enero,
antes de un apagón de
Internet en todo el país.
Nivel de confianza del reporte
Fuente: Reuters, Instituto para el Estudio de la Guerra
y AEI’s Critical Threats Project / ABC

Las protestas en todo Irán estallaron el 28 de diciembre.
El número de manifestaciones publicadas en las redes sociales alcanzaron
un pico de 177 el 8 de enero, antes de un apagón de Internet en todo el país.
Nivel de confianza del reporte
Fuente: Reuters, Instituto para el Estudio de la Guerra
y AEI’s Critical Threats Project / ABC
Toque de queda en Teherán
Después de varios días de pesadilla, Teherán recuperó una aparente normalidad, los comercios reabrieron sus puertas y el tráfico volvió a colapsar algunas de las arterias principales. Los colegios y universidades permanecen cerrados y se levantó parcialmente el corte de comunicaciones, aunque el servicio de internet sigue cortado. Después de más de cuatro días incomunicados, los iraníes pudieron llamar al extranjero, pero era imposible realizar llamadas a la república islámica. El servicio de telefonía ha funcionado a nivel doméstico y también lo ha hecho la red de intranet, la versión interna y controlada de internet dentro del país diseñada por el Gobierno para separar el tráfico nacional del global.
Fuentes consultadas en Teherán relataron que de jueves a domingo la capital vivió bajo una especie de toque de queda oficioso, con todas las tiendas y cafeterías cerradas a partir de las cuatro de la tarde y un enorme despliegue policial y paramilitar en plazas y cruces. Enorme. Durante las noches se vivieron auténticas batallas campales en las que los antidisturbios y agentes de seguridad emplearon fuego real. Los servicios municipales trabajaban sin perder un minuto para intentar borrar las marcas de lo sucedido y tener las calles lo más presentable posible a primera hora de la mañana. Lo que no podían era reparar los daños sufridos por bancos, mezquitas y comisarías, algunos de los objetivos de la ira de unos manifestantes etiquetados de «terroristas» por las autoridades.
Los servicios municipales trabajaban sin perder un minuto para intentar borrar las marcas de lo sucedido
Sin duda, el gran daño irreparable son las víctimas mortales. Los iraníes vuelven a pagar con sangre su levantamiento contra un sistema blindado por la Guardia Revolucionaria y sus juventudes, los temidos basijíes. Se repiten las escenas de dolor entre las familias de los días de ‘Revolución verde’, en 2009, y el levantamiento de 2022 por la muerte de Mahsa Amini.





