La noche de Caracas, esa que había permanecido tranquila durante semanas por las restricciones aéreas, se desgarró a las 2.06 de la madrugada. El rugido de motores a reacción, un sonido casi olvidado en la capital venezolana, precedió a la primera explosión. … Luego vinieron otras, más lejanas, confirmando lo que nadie quería creer: misiles estadounidenses estaban encontrando sus blancos en la oscuridad. En las instalaciones navales del puerto de La Guaira, un habitante con el que tuvimos comunicación nos dijo: «Están acabando con la escuela naval, esto está horrible». Su voz temblaba. Luego se cortó la línea.
En los edificios de Fuerte Tiuna, el principal complejo militar del país, donde existe una zona residencial para civiles, el pánico se apoderó de los residentes. Decenas de familias descendieron por las escaleras, algunos a pie, otros en vehículos repletos, huyendo del miedo. Lo contaban después a través de las redes sociales, en mensajes que llegaban fragmentados, interrumpidos por cortes de electricidad.
La incertidumbre dominó la madrugada. El humo se elevaba en columnas densas desde múltiples sectores. Testigos reportaban sobrevuelos de aeronaves, explosiones en las cercanías del aeropuerto de La Carlota. El suministro eléctrico se cortó en sectores. Las avenidas de Caracas, usualmente con el movimiento de noctámbulos en algunos bares, quedaron casi vacías. Solo el sonido de los helicópteros y las explosiones.
Mientras puntos especificos de la capital se desmoronaba bajo los impactos. En Washington la noticia llegaba con la misma contundencia que las bombas. Donald Trump, desde su cuenta de Truth Social, anunciaba la operación con la seguridad de quien ha ganado una batalla decisiva. «Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien, junto con su esposa, ha sido capturado y trasladado fuera del país». Calificó la operación de «brillante».
En una breve llamada con ‘The New York Times’ durante la madrugada, Trump reiteró el adjetivo: «Muy buena planificación y muchas tropas excelentes y gente estupenda». Su tono era el de un hombre que acababa de ganar una apuesta que había hecho hacía meses.
Operación relámpago
La Fuerza Delta, la unidad de élite estadounidense que había cazado a Abu Bakr al Bagdadi en Siria, había decapitado al Gobierno venezolano en una operación relámpago. Maduro, quien ha gobernado Venezuela durante más de una década, quien había sobrevivido a intentos de golpe de Estado, quien había consolidado un poder que parecía inquebrantable, había sido capturado como un criminal común y sacado del país en un helicóptero. No había batalla. No había resistencia. Solo la noche y los misiles.
En Caracas, el vacío de poder generó un caos controlado. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, con la voz temblando, exige una «prueba de vida inmediata» de Maduro y de Cilia Flores. No sabía dónde estaban. El Gobierno que ella representaba desconoce el paradero de su propio presidente. Condenó la «forma brutal y salvaje» del ataque, afirmó que había cobrado vidas de militares y civiles inocentes, pero sus palabras sonaban huecas en una ciudad que acababa de ser bombardeada.
Vehículos bombardeados en la base aérea de La Carlota
Luego, en un giro que revelaba la verdadera naturaleza del régimen, aseguró que Maduro había impartido instrucciones precisas a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. «Están activados todos los planes. Estamos en una perfecta fusión militar, popular y policial para todos los planes de defensa integral de la nación», dijo, como si el presidente capturado pudiera estar dando órdenes desde el aire. La ironía era tan cruda que casi resultaba cómica.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, también apareció en un vídeo denunciando el ataque como «ruin y cobarde». «Nos han atacado, pero no nos doblegarán», prometió, mientras ordenaba el despliegue de todas las fuerzas armadas. Pero su voz, que debería haber sido la de un militar invencible, sonaba como la de un hombre que acababa de perder la guerra en una sola noche. Sus palabras llegaban demasiado tarde. Los helicópteros ya se habían ido.
«Estamos desplegados. Confíen en nosotros para atravesar esta situación», pedía al pueblo Diosdado Cabello
Diosdado Cabello, el número dos del chavismo, el hombre que durante años ha sido la cara visible más radical, salió a las calles de Caracas enfundado en un chaleco antibalas, rodeado de policías. «Estamos desplegados. Confíen en nosotros para atravesar esta situación», pedía al pueblo que, sorprendido, veía lo que nadie esperaba. Luego, en un acto de desesperación que reveló el verdadero estado de ánimo del régimen, llamó abiertamente a los colectivos chavistas a movilizarse. «Alerta, alerta, los motorizados alerta», gritaba, como si algo, en ese momento, pudiera detener nada.
Nicolás Maduro habría dejado instrucciones antes de desaparecer. Declaró un «estado de conmoción exterior» en todo el territorio nacional. Ordenó «lucha armada inmediata»». Movilizó el «Comando para la Defensa Integral de la Nación». Pero estas palabras, estas órdenes, parecen tardías cuando unidades militares estadounidenses ingresaron al territorio sin que nadie prácticamente lo notara. Sin que nadie pudiera detenerlas. Sin que nadie supiera cómo.
«Mi mayor miedo es lo que pueda ocurrir en los próximos días. En Venezuela existen muchas armas en las calles», afirma un testigo a ABC
En las calles de Caracas, la gente permanece en sus casas, esperando. Un testigo le dijo a ABC: «Mi mayor miedo es lo que pueda ocurrir en los próximos días. En Venezuela existen muchas armas en las calles». Lo dijo mientras hacía unas compras nerviosas, a primeras horas de la mañana, comprando comida como si no supiera cuándo volvería a salir.
En el centro de la ciudad, donde se localizan la mayoría de las instituciones públicas, el suministro eléctrico continúa, pero las avenidas permanecen con poca movilidad. Escasa circulación de vehículos. Algunas personas fuera de sus casas, en las aceras,
Dirigentes del Gobierno, a través del canal del estado y las redes del Partido Socialista Unido de Venezuela, están convocando al pueblo chavista a salir a las calles a protestar por lo que califican de «ataque criminal». Pero aún no se ve una presencia contundente. El miedo es más fuerte que la lealtad.
Ahora, mientras el sol sale sobre la capital venezolana, la pregunta que salta en el aire es qué sucederá a continuación. Con Maduro capturado, con el chavismo descabezado, con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana recibiendo órdenes de un presidente que está siendo transportado en un avión estadounidense, todo apunta a que la nación suramericana, se asoma a un abismo de incertidumbre. Un futuro tan oscuro como la noche que acababa de vivir.





